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  • Hago con ello lo que quiero…

    Sigo a través del Twitter de Manuel Angel García un Twitt que me parece muy interesante. Manuel Angel plantea lo extraño de que, al contrario de lo que ocurriera con los primeros tiempos de la Red, en que los usuarios establecieron un Etiqueta por la cual se marcaban unas normas mínimas de comportamiento (las mayúsculas debían estar excluidas salvo cuando quisiéramos gritar y el uso de emiticonos era recomendable, pero sin excederse con ellos…). Ciertamente la Red ha cambiado. Los Hoygan se convierten en comunes, las mayúsculas imperan, los debates en los comentarios adquieren niveles sonrojantes por lo insultante de sus términos…

    Twitter sirve para lanzar al mundo microposts de no más de 140 caracteres. Inicialmente para poco más. A partir de ahí se convierte en lo que quieras que sea, desde la breve anotación publicada de forma instantánea del momento, hasta una poderosa herramienta de relación con tus clientes, pasando por un continuo chat abierto/cerrado según sea el número de followers que tienes.

    ¿Se ha perdido la esencia de Twitter? Tal vez nunca estuvo claro cual era. O mejor aun, el hecho de que cientos de usuarios lo conviertan en un sistema de chat sin pudor, muestra de nuevo que la web social crece, ya que son los usuarios los que usan el sistema de acuerdo a sus necesidades. Seguro que Twitter no fue creado para generar eternas conversaciones entre followers. Y no dudo de que puedan ser molestas. La solución es escapar de esos usuarios que sólo charlan, o no, o hacer con ellos cualquier cosa. A fin de cuentas ellos han decidido ya usarlo para lo que les da la gana. Y eso, per se, no es malo…

    MySpace surgió para relacionarte con amigos y hoy es la plataforma preferida por músicos de todos los estilos para dar a conocer sus creaciones, abandonando incluso la idea de mantener una web. Facebook surgió para unir antiguos compañeros universitarios y actualmente millones de usuarios pasan horas y horas jugando con un sin fin de aplicaciones que poco tienen que ver con el objetivo inicial. Incluso los programas basados en P2P no se crearon para hacerle la puñeta a los creadores de música o cine, sino simplemente para compartir ficheros de una forma fácil y rápida.

    La web social será o no cierta. Pero la realidad es que los usuarios acaban utilizándola como les apetece… y, tal vez, eso sea lo que la hace tan atractiva…

  • Cuando queremos, podemos!

    Una de las ventajas de dedicarse a la formación es la cantidad de cosas que uno aprende. Si, parece un lugar común decir que el profe aprende tanto o más que los alumnos, pero es absolutamente cierto. Aprendo de la frescura de mis alumnos de la Facultad, de su inocencia mezclada con las ganas de hacer cosas diferentes. Aprendo de los alumnos de posgrado, con sus ansias de comerse el mundo y la agresividad lógica de los primeros años. Y aprendo y mucho de mis alumnos en cursos de Formación Continua. Profesionales de campos variados que me muestran perspectivas diferentes, formas de hacer distintas y, en muchas ocasiones, me descubren que en las empresas españolas se pueden hacer las cosas realmente bien, rompiendo moldes y convirtiéndose en punta de lanza.

    En estas semanas a raíz de un curso on line orientado al sector turístico he tenido la oportunidad de hablar (más bien escribir) largo y tendido sobre la Web Social. El turístico es de esos sectores que podrían ver abrirse todas las puertas posibles, con las nuevas formas de trabajar en Internet. Pero es demasiado conservador en mchos aspectos. Cientos de hoteles en España siguen sin tener una mísera página web. O en todo caso viven de la información suministrada por los nuevos intermediarios turísticos, esa que muestra el precio, la ubicación, alguna característica general y poco más. Muy poco para lo que hoy los usuarios demandamos. Queremos ser seducidos. Queremos que nos hablen de tu. Queremos sentir de cerca los Jacuzzis, spas e incluso los menús prometidos. Y queremos soñar, si es necesario, con poder estar allí.

    No conozco Menorca, pero desde hace unos días tengo muy claro que el día que me acerque a esa isla prometida me gustaría hacerlo en alguno de los Hoteles Artiem. Y todo gracias a una web que parece haber sido creada en mis sueños de diseñador de sites. Limpia, clara, de fácil navegación, atractiva y, sobre todo, social. Con la información de los dos hoteles, Capri y Audax en primer término (se trata del negocio, por supuesto), pero con mucho más. «Fresh People», demostrando que el término no debe ser propiedad exclusiva de una entidad financiera.; con ofertas actualizadas, con información de Menorca y, sobre todo, con una Comunidad detrás.

    Nube de etiquetas, 30 blogs, comentarios… sólo por eso ya merece mi atención. Posibilidades de crear grupos de usuarios. Canal propio en Youtube. Enlace a Delicious, comunidad en StumbleUpon…

    Incorporación de la hostelería a la web social. Cada vez más ejemplos de ello. Y en un momento tan complejo para este sector en particular, ejemplos así nos demuestran una vez más que tan sólo con querer la diferenciación y trabajar por ella, es posible lograrlo…

  • Internet: Pedofilia, hackers y malos, muchos malos

    Hace 10 años trabajaba en un banco. Todos los días daba la murga a mis jefes para poner en funcionamiento un sitio web ya que veía como nuestra competencia nos iba a adelantar sin ningún tipo de duda. Me pasaba la vida peleándome con el entorno que me rodeaba, enseñándoles que lo que aparecía en la pantalla suponía una revolución para la empresa, para la comunicación, para las personas. En aquellos días me miraban como un marciano. Continuamente tenía que enfrentarme a comentarios que oídos hoy serían risibles: «Internet, eso sólo sirve para perder el tiempo, el negocio de verdad jamás estará ahí…»

    Además de aquellas posiciones tan preclaras, mi pelea permanente era luchar contra el miedo. Miedo a lo desconocido. Terror ante un entorno que aparecía y que era difícil de medir salvo con la mente abierta, mirando al futuro. Eran días en los que la burbuja se inflaba. Cada vez más. Y en los que los noticiarios simplemente mostraban que un puñado de tipos extraños, sin corbata y descamisados ganaban dinero de forma poco clara. Se hablaba de virus. Se hablaba de pornografía. Y «sex» era la palabra más buscada en el líder Yahoo!

    Una década después tenemos una generación que ha crecido enganchada al ratón. Y aun así la penetración de lo digital en nuestro país no nos pone precisamente en cabeza de los países más avanzados. La burbuja explotó y hasta Terra, aquel engendro que cual anuncio de higiene femenina prometía servir para todo, acabó por quedar relegada a un no se sabe muy bien qué.

    Todas las empresas crearon sus webs. La gente perdió el miedo a comprar por Internet. Todo el mundo obtuvo sus claves para operar on line con sus entidades financieras. La administración permitió que los contribuyentes entregaran la declaración de la renta a través de Internet. Aparecieron universidades que sólo ofrecían sus estudios mediante e-learning y no por ello perdían calidad. Los investigadores de todos los campos pudieron acceder por fin a millones de documentos en sus casas, con pocos clics.

    Empezamos a evolucionar al doscero. Ese amalgama de ideas que pueden resumirse en la creación permanente. En la que ya no te llamabas Vanessa si eras Mariano cuando entrabas en un chat. En el que las fotos hechas con el mail subían de forma casi instantánea al nuevo mundo digital.

    Muchas cosas cambiaron, incluso en los telediarios. Hasta fue posible suscribirse a sus fuentes de noticias. Saber qué pasa en el mundo entero de forma inmediata. Enterarse de los lances de una corrida de toros o un partido de fútbol mediante un Twitter o crear campañas virales contra los problemas de nuestros días.

    Pero otras muchas no han dejado de hacerlo. Tendremos ministra de Innovación y planes, muchos planes que no se sabe muy bien si avanzan o se enquistan. Pero poner cualquier Telediario y oír acerca de Internet es volver 10 años atrás. Redes de pedófilos que caen, millones de piratas descargándose el trabajo ajeno, robos de contraseñas, suplantaciones, el infierno y todos sus jugadores ocultos en el ciberespacio.

    Tal vez esos mensajes sean los que venden. No es noticia el perro que muerde al hombre, sino el caso contrario. Pero cuando millones de españoles siguen pensando que «eso de la internés» es una entretenta perniciosa y maligna, la responsabilidad de los medios de comunicación se hace palpable. Medios de comunicación que se muestran muy ufanos y orgullosos de mantener la llama de la «auténtica» comunicación, el espíritu del verdadero periodismo, la Agenda Setting de la verdad. No les vendría mal una reflexión profunda. Hay malos, muchos, escondidos en Internet. Pero también en el callejón de atrás de casa, en el piso de abajo, en la calle de al lado. Una reflexión que mucho me temo que no van a hacer…


  • Todos estamos contigo

    Julio Alonso, uno de los referentes de la blogosfera española está ante el juez, por un «delito» que no existe, que no ha cometido, que hace que la libertad de expresión, tan cacareada en nuestro país, se encuentre en peligro.

    Pase lo que pase, Julio, ¡¡¡estamos contigo!!!!