Año: 2010

  • Los paradigmas

    Hacía mucho que no publicaba una presentación de esas que te hacen reflexionar. Y esta de Jordi Jubani me ha parecido impresionante por su sencillez y la claridad de las ideas que en ella se muestra.

    Esta presentación utilizaba un reproductor Flash que ya no es compatible. Ver presentación en SlideShare

    En la educación o en la empresa. En nuestra vida y en nuestros comportamientos. Sin duda, tenemos que ser capaces de romper con lo establecido.

  • Y los trolls llegaron… a Twitter

    Ya he hablado alguna vez del Trollismo 2.0, esas actitudes terroristas llevadas a cabo en la mayoría de las ocasiones por parte de niñatos aburridos, que han encontrado en la Web Social una forma de canalizar el pensamiento único que escapa de su única neurona. La Web se va poblando cada vez más de comentarios agresivos, xenófobos e insultantes planteados por grupúsculos de usuarios que, al calor de la supuesta libertad de decir (y hacer) lo que les apetezca, vierten por doquier.

    Foros, periódicos digitales, blogs, redes sociales y ahora también Twitter, la red que hasta hace poco parecía librarse de estos vándalos. Cuando analizamos la demografía de Twitter y los perfiles de sus usuarios encontramos que, al menos en España, es especialmente usada por profesionales que han encontrado un espacio de colaboración y conversación rápido, ágil y que cubre los más variados intereses. Así, nos servimos de Twitter profesores, consultores, expertos en Social Media y también profesionales de cualquier sector, atraídos por las enormes posibilidades relacionales que ofrece una herramienta que pasó del «qué estás haciendo» al uso personalizado por parte de cada usuario.

    Twitter falla muchas veces. Cualquier usuario lo sabe. La famosa «ballena» aparece en demasiadas ocasiones. Y buena parte de los mensajes allí publicados son absolutamente vacuos o inconsistentes. Y tal vez en eso radica su gracia. En acceder a un Time Line en el que las personas a las que siguen están desgranando poco a poco fragmentos de su existencia. Y hasta ahora esas reglas servían, para la diversión, para la conversación, para el aprendizaje y para la denuncia.

    Pero he aquí que los trolls han decidido colonizar el último espacio que les quedaba. Los últimos hechos sucedidos en relación a Marcelino Madrigal así lo atestiguan. Tras encontrarse de nuevo con su cuenta cerrada, es fácil observar que ese cierre ha sido inducido por avisos de «spam» a Twitter por parte de un grupo de adolescentes descerebrados cuya única misión en la vida parece ser poder obtener su pequeño momento de gloria. La gloria del niñato matón y macarra. El aplauso palmero del baboso que sueña con ser grande y observa que simplemente es una cucaracha bailando al son de las ratas.

    No enlazaré a esos elementos. No lo haré por no darles más publicidad de la necesaria. Sigo creyendo en la máxima «Don´t feed the troll«. Pero aun así creo que hemos de tomar medidas. Todos. Twitter y los usuarios que lo han hecho crecer como espacio de libertad, más allá de convertirse en un nuevo espacio colonizado por estos primates aporreadores de teclas. O lo hacemos o en poco tiempo no será Marcelino Madrigal el que haya desaparecido de la red, ni la lucha contra la pornografía infantil silenciada, sino que mañana te tocará a ti.

    ¿Nos callamos y seguimos soportando?…

  • We shall never surrender

    Marcelino Madrigal es nuestra conciencia viva contra la pornografía infantil que existe en Internet.

    Marcelino lucha contra las grandes multinacionales con toda su fuerza y no se deja arredrar.

    Marcelino ha sido baneado de Microsoft Live y hasta en dos ocasiones por Twitter, por mostrar al mundo las miserias con las que ni los políticos son capaces de luchar y de poner freno.

    Marcelino no es un líder ni un gurú.

    Marcelino simplemente grita al mundo lo que el mundo piensa y no se atreve a decir o no dedican el tiempo a luchar.

    Marcelino soy yo.

    Marcelino eres tu.

    Marcelino somos todos.

    Porque todos hemos de parar este sin sentido. O lo logramos o no habrá esperanza para la red.

    Vamos a ir hasta el final.
    Vamos a luchar en Francia,
    Vamos a luchar en los mares y océanos,
    Vamos a luchar con CRECIENTE confianza y CRECIENTE fuerza en el aire.
    Vamos a defender nuestra isla sea cual sea el coste que pueda ser.
    Vamos a luchar en las playas, vamos a luchar en los campos de aterrizaje,
    Vamos a luchar en los campos y en las calles.
    Vamos a luchar en las colinas,
    Nosotros nunca nos rendiremos.

  • ¿Crisis? Hagamos una obra…

    En diciembre de 2009 se acababa una parte de las obras del entorno del Manzanares, ese río que tenemos en Madrid y que puede desaguarse cual lavabo quitando un tapón. Tras años de excavadoras, ruidos y suciedad, la zona del Paseo de la Virgen del Puerto ofrecía la cara amable de su renovación. No hacía falta indagar mucho para saber que las últimas semanas se habían agilizado unas obras que mostraban permanentemente la realidad del mito de Penélope: el agujero que se cerraba un día, se volvía a abrir dos días más tarde. Había dinero a espuertas. El Plan E, utilizado masivamente por ayuntamientos de toda España, y especialmente por el de Madrid, permitía jugar ese ciclo sin fin.

    Acabado el dinero del Plan Agujereador, se acabaron las obras. Los vecinos se congratularon por la marcha de las máquinas y el final de molestias permanentes. El Ayuntamiento de Madrid, de paso, pudo ponerse la medalla del reformador urbano. A costa de romper también nuestros bolsillos y lograr la mayor deuda de las ciudades españolas, se nos prometió que habíamos llegado al fin.

    Olvidábamos que el verano es el momento en el que los ayuntamientos aprovechan para hacer de nuevo agujeros en las calles. Siempre he pensado que más del 80 % de esos agujeros no son necesarios, sino que es una forma de poder ofrecer a las contratas de obras un momento de trabajo. De gastar un dinero público para pagar algún tipo de favores arcanos. O simplemente de tirar un dinero a la basura «porque si».

    Junio de 2010. 6 meses tan solo después de terminar las obras de Virgen del Puerto, las que destrozaron aceras durante largos meses, las que mantuvieron las calles con un aspecto de queso de gruyere permanente, comienza de nuevo la pesadilla. Nuevamente los martillos pilones y las excavadoras toman posición en la Rivera del Manzanares. De nuevo rompen las piedras. Exactamente en el mismo sitio donde hace 180 días se daba por terminado uno de los proyectos faraónicos del alcalde que nos ha tocado sufrir. Exactamente la misma acera y el mismo tramo. Ni un metro más allá.

    Nuevamente toca pagar, económica y personalmente, por supuesto. Con dinero público, y con mala leche privada, por descontado. El dinero se conseguirá a base de apretar de nuevo a los ciudadanos con tasas e impuestos absurdos. La mala leche nos la tragaremos a base de la píldora mágica que nos hace pensar que Madrid y sus gobernantes son así, el ruido, la suciedad y la ineptitud mezcladas a partes iguales.

    Pero ¿por qué quejarnos? ¿Crisis? ¿Problemas de gasto público? ¿Deuda? Todo es salvable si vives en Madrid, tienes una empresa constructora y buenos amigos en el consistorio. Así pues, ya sabes lo que has de hacer…

  • I Love California!

    All the leaves are brown
    and the sky is grey
    I’ve been for a walk
    on a winter’s day

    I’d be safe and warm
    if I was in L.A
    California Dreamin’
    on such a winter’s day

    stopped into a church
    I passed along the way
    well, I got down on my knees
    and I pretend to pray

    you know the preacher likes the cold
    he knows I’m gonna stay
    California Dreamin’
    on such a winter’s day

    all the leaves are brown
    and the sky is grey
    I’ve been for a walk
    on a winter’s day

    if I didn’t tell her
    I could leave today
    California Dreamin’
    on such a winter’s day

  • Ya.com ¿ladrones o idiotas?

    Fui cliente de Ya.com durante años. No me fue mal. Del todo. En un tiempo en el que tener ADSL era casi un lujo, al menos contaba con una conexión aceptable. La mantuve durante bastantes años, hasta que finalmente cambié de domicilio y la di de baja. O al menos eso creía. Publico aquí el mail que acabo de mandar a su departamento de facturación:

    Estimados Señores,

    Les escribo este mail tras una conversación con su departamento de facturación vía llamada al 902 052 192, iniciada a las 18:39 del día 7 de junio de 2010.

    Mi nombre es Fernando Checa García, con DNI:xxxxx. Fui cliente suyo durante bastantes años, hasta que en enero de 2009 tramité telefónicamente la baja debido a que dejaba de vivir en el domicilio en el que tenía contratado el servicio.

    En su momento tuve una larga conversación con una señorita que me pasó un cuestionario de satisfacción para saber por qué me daba de baja y finalmente entendí que todo quedaba arreglado, puesto que de hecho se me facturó una cantidad extra en concepto de cancelación.

    Mi sorpresa fue que al mes siguiente me encontré con una nueva factura de Ya.com. Tras volver a llamar a su teléfono 902 tuve que discutir durante larguísimos minutos para conseguir sacar en claro que, pese a poder dar de alta telefónicamente su servicio de ADSL , debía enviar un fax con mis datos y los motivos de baja, en el que se incluyera una fotocopia de mi DNI. Sin estar de acuerdo con esa política absurda, así lo hice, no obstante.

    En el mes de marzo de 2009 di orden al banco de que se dejase de pagar un servicio que ya no se estaba disfrutando, puesto que ya no vivía en el domicilio y había cumplido con los requerimientos de su empresa. De hecho, a finales del mes de marzo comprobé que el servicio de ADSL había dejado de prestarse, por lo que entendí que el asunto había quedado zanjado.

    En el mes de mayo de 2009 recibí una nueva llamada de Ya.com reclamándome una factura del mes de marzo de 2009. Le expliqué a la señorita que me llamó que era imposible puesto que había dado de baja el servicio. Y ella me contestó que podría ser que estuviera en tramitación. En cualquier caso volví a hablar con el banco para explicarles que ya no vivía en esa casa y que tras cursar la baja no pagasen más facturas en el caso de que llegara alguna.

    Finalmente, hace unos minutos, una señorita de una empresa llamada IGS (algo parecido) se ha puesto en contacto conmigo para decirme que debo una factura de 31 € de, ¡enero de 2010! Que iban a iniciar un proceso monitorio contra mi y que tengo que darles mi número de baja o en 7 días nos veremos en los tribunales. Tras llamar a su servicio de facturación, un caballero me ha dicho que debo tres facturas, noviembre, diciembre y enero de 2010, y posteriormente, una compañera suya me ha dicho que no, que debo realmente cuatro facturas. ¿Por qué no ocho?. Llevo sin pagar su servicio desde marzo de 2009, osea que podrían ser incluso 15…

    Como Uds. pueden comprender no entiendo nada, puesto que desde el mes de marzo de 2009 la baja está tramitada. Ahora resulta que según Uds. me han estado cobrando un servicio que no he recibido, por un lado, y han dejado de cobrar un servicio que, no solo no he recibido, sino que en ningún caso debería haber pagado ya que la baja se tramitó de acuerdo a todas sus instrucciones.

    Como operadora que son, pueden comprobar que el tráfico de esa ADSL es inexistente. Tiene que ser así puesto que esa casa que yo habité durante años está cerrada y me consta que, ni la han vendido ni alquilado.

    En fin, tras este largo correo espero que puedan Uds. comprender que esta situación es algo más que intolerable, es completamente surrealista. Así pues, por favor, les rogaría que revisen mi expediente, indaguen lo que deban indagar, solucionen sus problemas administrativo-financieros y, finalmente, me digan cual es el «número de baja», si es que existe, o se lo hagan llegar Uds. a esa empresa que me ha llamado esta misma tarde.

    Atentamente

    ¿Servirá este correo de algo? Lo dudo. Pero tal vez si llegas hasta aquí pensando en contratar una ADSL con Ya.com lo tengas un poco más claro: Vete a cualquier otra operadora. Puede que sean más ladrones, o tal vez más imbéciles, pero juntar ambas «cualidades»…

  • Educamos o Enredamos II

    En esta segunda parte del post dedicado a la Mesa Redonda que compartimos el miércoles en el CRIF Las Acacias me gustaría hacer referencia al otro tema polémico que surgió también de las palabras de Agustín Cuenca, la privacidad, o más bien la desaparición de la misma. Agustín lanzó un mensaje bastante rotundo cuando dijo que debemos olvidarnos de la privacidad puesto que con la generalización de la Web Social esta camina hacia su desaparición. Algo que puede gustarnos o no, pero que simplemente es así.

    Palabras duras y que considero merecen muchas matizaciones, al igual que el complejo tema de los contenidos (que está siendo desarrollado en estas interesantes conversaciones que aconsejo leer detenidamente). Ciertamente el famoso chiste de los perros conversadores en los principios de la Web ha sido superado. Hoy nos situamos frente a Internet con nuestro nombre y apellidos, incorporamos nuestras fotos, nuestros pensamientos, los hacemos públicos, en muchas ocasiones de forma inconsciente y permanecen en ella por tiempo indefinido. El concepto de lo público y lo privado parece haber quedado tan difuminado que puede entenderse que lo privado ya no tiene sentido.

    No obstante, no estoy de acuerdo con que debamos aceptar esa falta de privacidad como una situación que simplemente ha de ser asumida como algo imparable. Obviamente la telaraña mundial se ha convertido en el nuevo ágora, y como tal muchas conversaciones pasan a ser del dominio público, al igual que lo eran hasta hace unos años nuestros comportamientos en el espacio off line. Pero esa situación no debe cegarnos ni llevarnos a obviar que ha de ser el usuario el que exija (y consiga) los niveles de privacidad que él exija. Indudablemente cuando realizamos una acción en el mundo off line de forma abierta y pública somos observados y juzgados por la misma. En la Red ocurre igual, la pregunta que hemos de hacernos es si somos conscientes de ello.

    Es en el desconocimiento de las reglas de la Red donde radica el problema. Y en las características de la información publicada en Internet, especialmente su durabilidad en el tiempo, y acceso a la misma no sólo por particulares, sino cada vez por un mayor número de empresas.

    Pongamos un símil un tanto burdo pero posiblemente válido. Imaginemos una de tantas fiestas de disfraces en las que un hombre se viste de mujer. Algo absolutamente asumido por nuestra sociedad (al margen de los todavía tristes comportamientos homófobos). Es una impostura del momento que vista desde una contextualización lúdica no significa nada más que el acto de diversión asumiendo un rol diferente.

    Ahora bien, pongamos una docena de fotos de ese momento en Internet. En cualquier red social. Y descontextualicemos la situación. La imagen se convierte en la dictadora de dicho momento. A eso unamos que el nuevo entorno de «amistad» (entrecomillo ya que el tema de los «amigos» en redes sociales generará otro post) permite que cualquiera pueda recoger esa imagen, retocarla, reenviarla y reutilizarla a su modo. La metáfora del disfraz se convierte entonces en un problema, que puede ser muy serio.

    Agustín comentaba que ellos en su empresa no buscan expedientes académicos, que «googlean» a sus candidatos. Y no son los únicos. Pongamos que una empresa encuentra esa imagen sacada de contexto. ¿Podemos pensar que no va a afectar más allá del puro plano on line? Sinceramente, lo dudo.

    El concepto de identidad digital y la necesidad que tenemos de trabajarla como parte de nuestras habilidades digitales es clave, sin duda. Pero obviamente cualquiera que haga uso de la Web Social es consciente de que son planos cognitivos y actitudinales diferentes los que nos encontramos en ella. De ahí la exigencia de poder contar con criterios y herramientas que nos permitan valorar qué es lo que queremos hacer público y qué exigimos que sea privado. Por seguir con el símil anterior, si además de en una fiesta de disfraces disfruto vistiéndome de mujer en mi casa y no quiero que se sepa, tengo todo el derecho a que nadie entre en ella y lo cuente a todo el mundo (y que incluso se lucre con ello).

    Nuevamente la función de los educadores, padres y profesionales es clave para llevar de la mano a los nuevos usuarios de la Web. Sin convertir la nueva situación en algo terrorífico, pero sin obviarla como tan sólo un nuevo peaje que debamos pagar por el «avance» de Internet. Tenemos derecho a hacer público todo lo que queramos, pero también hemos de tener el derecho al olvido o al anonimato si así lo queremos.

    Todos estos argumentos se ven amplificados por el hecho de que son los niños y los adolescentes los que están incorporando a la red contenidos de forma permanente. ¿Debemos prohibírselo? Es simplemente absurdo sólo pensarlo. Pero sí debemos trabajar con ellos para que sean conscientes de las características del nuevo entorno. Acompañarles en ese viaje y, al igual que con el resto de planos de la realidad, lograr que sean conscientes de que la privacidad es una parte irrenunciable de la libertad…

  • Educamos o Enredamos I

    Ayer tuve la oportunidad de compartir una Mesa Redonda sobre Redes Sociales y Educación en las Jornadas de Integración de las TIC en la Enseñanza, organizadas por el CRIF Las Acacias e invitado por Antonio Fumero, uno de los profesionales y amigos más interesantes que uno puede conocer en este mundillo de «lo social» en la Web. La Mesa la componíamos, además de Antonio y yo mismo, Agustín Cuenca, histórico de la Web por su trabajo de consultoría, María José Mayorgas, experta psicóloga especializada en adicciones y Charo Fernández, una de esas profesoras con las que uno sueña haber sido su alumno, trabajadora incansable en pos de la adaptación de las metodologías educativas a los nuevos entornos.

    Como es habitual en una Mesa Redonda se tocaron infinidad de temas relacionados con el mundo de la Web Social, desde la necesidad por parte de los profesores de conocer el entorno en el que, no sólo nuestros alumnos, sino cada vez más una parte de la sociedad se interrelaciona, hasta los peligros que pueden suponer las redes sociales, desde el punto de vista de adicciones o seguridad. No obstante, hubo dos aspectos polémicos que se afrontaron y que bajo mi punto de vista no quedaron demasiado tratados, mereciendo una mayor reflexión que la que pudimos tener en las dos horas que compartimos el tiempo con los asistentes a las jornadas.

    En primer lugar, Agustín lanzó un órdago cuando aseveró que los contenidos ya no son importantes. Que resulta absurdo pedir a nuestros alumnos que memoricen contenidos cuando estos están disponibles en Internet. Que, en todo caso, deberíamos ser capaces de llevar a los alumnos a la red para que sean ellos los que, bajo un sentido crítico, detecten dichos contenidos y trabajen sobre ellos.

    Como es natural este argumento creó la polémica buscada, especialmente en varios de los profesores que asistían al acto. Decir públicamente que los contenidos no tienen importancia en un auditorio de profes de secundaria puede parecer un disparate. Y posiblemente lo sea si nos quedamos simplemente en la parte procedimental. Es fácil pensar que lo que Agustín estaba pidiendo es que el profesor se limitase a pedirle a sus alumnos que busquen en la Web y que se conviertan en filtros de datos, o a todo lo más, en filtros de información.

    No obstante, creo que el argumento de Agustín y también el de Antonio, tenía más que ver con la necesidad de un cambio efectivo en la creación y la transmisión del conocimiento, basado, si se quiere mantener la «nomenclatura», en el intercambio de objetos de aprendizaje/contenidos. No me cabe duda de que, por ejemplo, para llegar al cálculo diferencial y lograr resolver derivadas es necesario comprender previamente el concepto de límites. Y que es imposible entender un límite si no se entiende qué es una recta o una tangente. Tal vez ahí sea donde nos encontramos con el principal problema de muchos docentes. Consideramos que debemos «enseñar» esos conceptos/contenidos ya que nosotros los «comprendemos» y nuestros estudiantes no. Pensamos que hablar del cambio de paradigma puede significar que el alumno no llegue a aprender si quiera la tabla de multiplicar y, lógicamente, acabe «no aprendiendo nada» (uso el símil de las matemáticas puesto que fueron y siguen siendo mi pesadilla desde que comencé a «estudiar»).

    Insisto que el problema no creo que deba situarse en la «presunta» desaparición de los contenidos sino en la forma en la que llegamos al aprendizaje de los mismos. Por seguir hablando de Matemáticas, ¿recordamos cómo los alumnos «de letras» logramos «aprender» trigonometría? ¿Alguien fue capaz de explicarnos para qué servía calcular senos, cosenos y arco tangentes? Al menos yo lo único que recuerdo son pizarras y más pizarras repletas de circunferencias cortadas por líneas y rodeadas de letras con las que se hacían operaciones arcanas. Nadie me explicó, por ejemplo, que gracias a ella era posible entender como funcionaban los satélites o, por ejemplo, entender cómo funciona (en parte) la telefonía móvil.

    Ahí es donde creo que el cambio en el paradigma de la creación-transmisión de contenidos ha de incidir. Es el profesor el que sigue transmitiendo, convencido de que su sabiduría es superior a la de sus alumnos. En todo caso el alumno ha de limitarse a realizar problemas y ejercicios que demuestren la comprensión del concepto transmitido tras las horas de tiza. Lo de menos es si el alumno logra llegar al conocimiento con la ayuda del docente, cuando esa ayuda se limita a «dictar» unos contenidos curriculares mínimos que han de alcanzarse.

    Por supuesto todo es matizable, pero hoy nuestros alumnos necesitan, exigen, si se me permite, una forma de aprendizaje diferente. En la que el descubrimiento esté en sus manos, tenga que ver con realidades conocidas y tenga una aplicación. Con esto no quiero decir que otras disciplinas como la Filosofía (por hablar de otro de los puntos candentes de la mesa) no deban ser afrontadas bajo esta nueva perspectiva. Recuerdo cómo estudié la retahíla de autores que iban desde los presocráticos hasta Ortega. Y recuerdo la sensación final de haber aprendido tan sólo que el siguiente autor decía lo contrario del anterior. Horas y más horas de codos para memorizar conceptos que fueron olvidados al día siguiente del examen. ¿Para eso queremos santificar los contenidos? Tal vez mi profesor estuviera orgulloso por llegar al final del temario que exigía el curriculum ministerial, pero de lo que estoy seguro es de que salvo ejercitar la memoria a corto plazo, aquellos «contenidos» fueron tan sólo una piedra más en el camino antes de llegar a la ansiada Universidad.

    Las herramientas sociales (blogs, podcasts, wikis, redes sociales y todas las que nos podamos inventar durante los próximos años) no son más que medios que nos deben permitir un cambio de metodologías de aprendizaje. Y el sacrosanto «contenido sí-contenido no» debe desaparecer de nuestro debate. No porque eso signifique dejar de aprender «cosas» sino porque el aprendizaje debe llevar al contenido como esquema mental y de actuación efectiva, práctica o metafísica.

    Durante años he impartido «contenidos». Hasta que dejé de hacerlo. Ahora son mis alumnos los que crean contenidos. En sus mentes, a través de un proceso reflexivo, investigador, apoyado en el trabajo en grupo, compartiendo, colaborando y, finalmente, publicando sus resultados. No he desaparecido como docente. Pero ya no soy el «Dios» que sube a la tarima y explica. En todo caso ayudo a llegar a ideas y a su puesta en práctica cuando estas son instrumentales. ¿Tengo más trabajo? Posiblemente pueda entenderse así. Aunque yo lo veo como una forma diferente de realizar mi profesión docente. Lo importante se ha convertido en aquello que aprenden mis alumnos, no aquello que me demuestran haber memorizado. Y no por ello he cambiado los objetivos de lo que deben aprender, sino el cómo. Creo que ahí es donde los medios sociales tienen una función facilitadora absolutamente crucial, y creo que es ahí donde debemos establecer el debate.

    Gracias a los medios sociales mis alumnos se enfrentan al descubrimiento del contenido y trabajan con los mismos. Muchas veces alcanzan los objetivos de aprendizaje y otras veces no. Usar las nuevas herramientas y una pedagogía diferente no evita que haya alumnos que erren y que haya que hacer un esfuerzo extra. Pero desde que cambié de metodología el fracaso disminuyó. Y la calidad (y cantidad) de lo reflejado en las cabezas de mis alumnos (y en su satisfacción post-curso) es tan grande que hoy ya no puedo dar marcha atrás. En todo caso, seguir avanzando…

    (En la segunda parte del post trataré el segundo de los aspectos polémicos: la privacidad)

  • Ha muerto Dio

    En noches como hoy, en las que mi pasión por la música se enfrenta a la desaparición de la mejor voz que ha tenido el Heavy Metal, simplemente puedo ahogar mis lágrimas sabiendo que hoy DIO agarra el arco iris con fuerza y grita como tantas veces… Long Live Rock´n´Roll \m/

  • Pidiendo ayuda: «Ruleta Estudiantil»

    En Infoconocimiento suelo escribir sobre lo que se me pasa por la cabeza, habitualmente relacionado con el mundo de la Web Social y con especial hincapié en temas relacionados con la aplicación de la tecnología en la educación, una de mis líneas de investigación y eje de mi Tesis Doctoral. Pero hasta ahora no había solicitado apoyo pidiendo ideas o al menos comentarios sobre ellas. No más que en el espacio abierto para vuestra participación y que en algunas ocasiones mis lectores utilizáis.

    En esta ocasión quiero escribir sobre una idea que me ronda en la cabeza desde hace algunos días y que posiblemente sea tan sólo un disparate. Pero tal vez con vuestras opiniones pueda avanzar sobre la misma, ya sea desde el plano teórico o, por qué no, desde el práctico. A estas alturas todo el mundo habla de Chatroulette, el sistema que permite conectar usuarios entre si de manera anónima y rápida, mostrando la cámara del interlocutor y ofreciendo un espacio para establecer una línea de chat si así se desea. La aplicación es sumamente simple. El usuario se encuentra ante distintas personas que usan el sistema y si lo que ve en pantalla no le gusta, simplemente con apretar la tecla F9 salta de forma aleatoria a otra cámara que esté emitiendo. Aquí podéis leer una guía de uso y ver un vídeo sobre ello.

    Tras un buen rato probándolo tengo que reconocer que no he conseguido establecer ni una sola conversación ya que, por un lado, con gran velocidad mis «interlocutores» aprietan F9 de forma que casi no me da tiempo a intentar preguntarles su experiencia como usuarios (debo tener una cara muy fea o muy aburrida) y por otro, muchos de los usuarios que aparecen en pantalla muestran una extraña querencia por exhibir sus alivios sexuales, algo que lógicamente tiene muy poco interés para la mayoría, al menos desde el punto de vista educativo.

    Dicho esto podría parecer que la aplicación no es más que flor de un día, pero sin embargo los datos muestran que, especialmente entre los más jóvenes, va creciendo su uso de forma exponencial. ¿Recordamos cuando Twitter comenzó su andadura? ¿Pensamos en la cantidad de veces que llegamos a plantear qué sentido tenía una herramienta que sólo servía para decirle al mundo qué estabas haciendo? ¿Algo que pudiera usarse con algún fin que no fuera el exhibicionismo en 140 caracteres?

    Siempre he pensado que las tecnologías son simplemente un medio que puede adaptarse para el fin que deseemos. Lo hicimos con los blogs, con Twitter e incluso con las redes sociales. ¿Por qué no hacerlo con una herramienta de estas características?

    Muchas veces hablamos de la importancia del trabajo colaborativo de los alumnos. ¿Podríamos romper de una vez por todas las paredes que envuelven el aula y lanzar a los chicos a que colaborasen en proyectos con otros alumnos completamente desconocidos? ¿Que trabajaran «cara a cara» a través de la web con personas distantes y con sus mismos objetivos? ¿Que abrieran su círculo relacional utilizando para ello una metodología que impulsara su aprendizaje?

    No veo claro que Chatroulette pueda ayudar especialmente a estas ideas y otras que se me ocurren, pero si las bases en las que se sustenta. Entiendo que no es un sistema complicado de implementar (no soy ingeniero informático, de forma que puedo estar muy equivocado) y que contando con las protecciones necesarias en cuanto a seguridad de acceso para los chicos podría convertirse en una alternativa a los clásicos trabajos «usando la tecnología».

    Esa «Ruleta Estudiantil» podría ser utilizada como un juego, y con el apoyo específico de los objetivos y la metodología que el profe considere, llevaría a una creación de conocimiento diferente, compartido y grupal, al mismo tiempo que divertido y adecuado a los nuevos desarrollos en los que nuestros chavales están inmersos.

    Se que este post puede ser un tanto «lioso», pero quería abrir una línea de debate en la que estáis todos invitados a participar. Los padres, porque tenéis la lógica preocupación de lo que pueden hacer vuestros hijos delante de la cámara del ordenador. Los docentes, porque sois los que veis más de cerca las relaciones de vuestros alumnos con la tecnología y los problemas derivados de ella. Los técnicos, porque entendéis rápidamente en qué consisten los aspectos de desarrollo y las dificultades de implementación. Y, por supuesto, las personas con inquietud emprendedora, porque tal vez veáis en ello una línea de un posible nuevo producto que genere valor añadido a nuestros discentes.

    Encantado de recibir todos vuestros comentarios…

    Edito: Gracias al trabajo impresionante de Dolors Reig puedo leer este artículo sobre «Junto» que explica mucho mejor lo que tengo en la cabeza