Categoría: Archivo de Infoconocimiento

Archivo histórico de entradas publicadas originalmente en Infoconocimiento.

  • Porno con menores

    A lo mejor has caído aquí por casualidad. O tal vez atraído por el jugoso título de este post. Si tan sólo eres un curioso te darás pronto cuenta de que cada vez somos más los que nos preocupamos porque la pornografía en Internet sea pronto un lamentable recuerdo, algo que acabe finalmente siendo controlado por las autoridades, las empresas responsables y los propios usuarios.

    Si por el contrario has venido aquí atraído por el deseo de acceder a contenidos pornográficos con niños, solo me queda esperar que pronto acabes siendo atrapado en una de esas redadas que cada vez son más frecuentes y que terminarán con todos los pederastas en la cárcel, pudriéndote con tus repugnantes deseos.

    Finalmente, si has recaído en esta casa porque has tenido la mala suerte de vivir una experiencia relacionada en primera persona con ese delito, solo puedo animarte a que denuncies, a que pidas ayuda. Se que es difícil, pero no imposible. Entre todos tenemos que parar ese cáncer.

    Ayer, hoy, mañana y siempre… NO A LA PORNOGRAFIA INFANTIL EN INTERNET (Ni en nigún otro sitio)

  • EBE, una visión distinta

    No fui al EBE. Simplemente no me interesan este tipo de eventos y prefiero dedicar mi tiempo a otro tipo de congresos. Pero valoro el ruido mediático que se genera durante semanas y en estos días no he parado de leer mensajes en Twitter sobre lo maravilloso que estaba siendo todo. A toro pasado, empiezo a leer posts más pausados que inciden en que el EBE es poco menos que el cielo de la Web 2.0 en nuestro país. Hasta ahora apenas he visto críticas. Por ello me atrevo a publicar una opinión llegada a mi correo electrónico y escrita por una persona cuyo nombre no voy a desvelar.

    No trato de hacer una crítica a un evento que seguro fue interesante para muchos, pero sí quiero dar la voz a una opinión «bastante diferente»

    «Reconozco que soy bastante ignorante en lo que respecta a la tecnología (yo entré en esto de los blogs sólo porque sabía «escribir bien»). Además este fue mi primer, y creo que único, EBE.

    No sé si habrás leído «Watchmen» o visto la película. Espero que sí porque si no lo siguiente no se va a entender bien. Siempre tuve la impresión de que el Dr. Manhattan no era frío e inhumano, lo que me parece es que es un tipo bastante desorientado porque es capaz de percibir el tiempo (pasado, presente, futuro) simultáneamente.
    En el EBE me pasó algo parecido. Percibí tantas cosas que no me gustaron y que me parecían que fallaban que ahora mismo no sabría enumerarlas o describirlas coherentemente. Pero haré el intento.
    Que la organización fuese un tanto caótica, que los presentadores no tuvieran gracia y que las conferencias siempre se retrasaran es algo de lo que no voy a culpar a nadie. Yo tampoco sabría cómo hacer bien un evento para geeks con complejo de Peter Pan que creen que se enfrentarán con éxito al un Capitan Garfio encarnado en grandes medios y corporaciones. Supongo que me daría la impresión de que siempre estoy metiendo la pata y la seguridad en sí mismo del evento acabaría tocada.
    Tampoco es que fuera a muchas conferencias. Como me arrimé a cuatro conocidos se nos pasaron bastantes entre cervezas. Quizá esa es la primera crítica que puedo hacer. ¿Para qué ir a un evento que, al final, te vas a tomar como una visita a los amigos? Reconozco que también es culpa mía, podría haberme plantado y haber dicho «Yo he venido a ver conferencias, a relacionarme y, en la medida de lo posible, a hacer «netguorquin». Pero… ¿cómo hacerlo cuando los «grandes» sólo se relacionaban entre ellos y cuando el resto eran pobres chavales promocionándose y diciendo «mi blog/podcast/loquesea es muy bueno, escúcheme»?
    Ya no recuerdo a cuántas fui (imagínate lo que calaron en mi psique). Sólo recuerdo más o menos bien una del responsable de «Yoriento» sobre cómo administrar nuestro perfil en diferentes redes sociales: el mensaje fue valioso y lo interpreté como «dejáos de tonterías, creed en vosotros mismos y tened en cuenta que las dichosas cuentas sólo son un instrumento, no una solución». Otra que también recuerdo, por lo pesado, fue la de Gumersindo Lafuente (del extinto Soitu), pues la cosa empezó como un discurso de Fidel Castro y acabó con una ronda de preguntas de respuestas autojustificadoras. Como no podía ser de otra manera algunos del público aprovecharon para hacer un poquito de sangre amparados en lo que ellos, en su sapiencia (que no sabiduría), juzgaban que había fallado del formato. (modo ironic «on») Si abren ellos algo parecido supongo que tendrán mucho éxito y encontrarán financiación debajo de las piedras (modo ironic «off»).
    De los premios bitácoras no voy a hablar, porque ya habrás visto todo. Sólo digo 3 cosas: 1. ¿Por qué todos los blogs de política finalistas eran de izquierdas y por qué existe esa dichosa categoría? Pero no me meto en eso, que sus razones habrá. 2. A mí me gustan otros diferentes de los que ganaron pero… 3. ¡SÓLO SON UNOS PREMIOS, JODER!
    Pero lo que más me desagradó fue la actitud generalizada de «soy alternativo, estoy contra el sistema, todo lo tradicional está muerto» de muchos asistentes. Odio profundamente esta moda del criejo de entre 19 y 25 años que consiste en ir de cínico y descreído por la vida, como si lo hubiera visto todo. Eso les hace perder perspectiva y les hace creerse davides frente a goliaths cuando realmente son pequeños oficinistas de Tokio lanzándole el portafolios a Godzilla (no sé si me explico). Se lo tienen un poco creído eso de ser «la alternativa, el futuro, bla, bla, bla» y disparan a discreción y sin tener ni idea, ya sea contra un medio grande o la cantante «Sorpresa final», que a lo mejor sería un producto y cantaría mal, pero desde luego no merece «ahorcarse con sus propias cuerdas vocales» como acabo de leer en twitter. Por supuesto, también había mucha gente maja. Pero ya sabes: en un malpensado sólo calan los que le hartan.

    En fin, a lo mejor soy el amargado y el cansado (y más después de oír solamente una vez que alguien hacía esto porque le apasionaba escribir) pero que creo que el EBE está mejor sin mí. Desde luego he perdido más de lo que he ganado: Un pastón en el AVE, un pendrive y una parte de mi tiempo del tan esperado fin de semana. Pocas nueces para tanto ruido…

    Es tan sólo una opinión. Pero en esta Web colaborativa y democrática de la que tanto hablamos, a veces hay que dar la voz a los discordantes…

    (Edito: Pocos minutos después de publicar este post he recibido varios correos de José Luís Antúnez preocupándose por los errores que nuestro «anónimo» detectó en su experiencia en el EBE. Me parece un acierto el que, pese a haber publicado una experiencia de una persona no identificada, la organización de EBE haya tardado tan poco en intentar dar explicaciones y recabar mayor información sobre los problemas acaecidos. Sin duda esa es una de las fortalezas de la Web 2.0)

  • Somos malos, muy malos…

    …»Los internautas», es decir esos 19 millones y medio de personas que según el EGM usamos a menudo la Red en España, somos similares a los cazadores y empresas que matan focas a estacazos. O peor aun, en la era en la que se discute sobre si volver a las centrales nucleares, nosotros somos casi 20 millones de Chernobiles digitales, prestos a acabar con la inteligencia y la creación. Somos el mal absoluto, el que llevará a nuestro país a caer de nuevo en el atraso de épocas oscuras de espadas y brujos, donde los Creadores morirán aplastados por nuestros robos y pillajes… No, no estoy comenzando una novela de ciencia ficción sino interpretando el enésimo ataque contra Internet del Sr. Javier Marías. Un escritor que pese a publicar un blog y poder ser leído digitalmente en sus columnas vociferantes de El País, manifiesta que no tiene un ordenador. Tal ver Javier Marías tiene un grupo de becarios que se encargan de pasar al mundo digital sus hábiles escritos, salidos de su pluma justiciera, sin recordar que eso, ayer y hoy se denomina en el argot «usar negros». Como quiera que sea, Don Javier vuelve a las andadas, atacando ciegamente que la distribución de contenidos en Internet sea asaltada por los ladrones y sinvergüenzas que pululan la red. Los primeros de ellos tal vez esos presidentes que él cita alegremente. Ya se sabe que para ser un escritor con aire maldito hay que zurrar a propios y extraños, aunque se haga sin ningún sentido común ni medida. Dice el bueno de Marías que el arte y la cultura van a desaparecer porque las descargas «ilegales» empobrecerán tanto a los creadores que les llevarán a abandonar el excelso camino de inspirarnos e iluminarnos con su creatividad

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    Días estos en los que se habla permanentemente del libro electrónico. Creo que tan brillante escritor observa las agujas del reloj de su casa aterrado, pensando en cuántas personas dejarán de leerle pagando, para robarle y por qué no, plagiar su maravillosa obra. Lo de menos es ofrecer un panorama que muestre el enriquecimiento tangible y real que ha producido Internet. Y la compartición. Sí, Señor Marías. Miles de creadores ponen a disposición de esos asesinos de ancianitas sus trabajos y no por ello dejan de llevar adelante su vena creativa. Miles de músicos, cientos de escritores y decenas de cineastas se han dado cuenta de que el mundo que usted pinta, con su verbo fácil y cómodamente asentado en el periódico «más vendido», es precisamente el que viven. En el que los llamados derechos de autor no dan para comer. En que las puertas se cierran en sus narices por no ser los «popes» de la cultura que usted pretende defender. En el que las subvenciones catadas por los de siempre hacen que ellos se vean como apestados. Hay otros modelos, otras formas de hacer las cosas. Pero ¿no será que aterra ser desplazado de los anaqueles de la librería de moda? Pero el Señor Marías lo tiene claro muy claro y como tal nos ilustra a nosotros, viles delincuentes: Es necesario normalizar, prohibir, perseguir, censurar, para evitar caer en un «modelo soviético». Vaya, es curioso como uno cuando vomita cuatro letras y estas se juntan acaban mostrando lo que desea su inconsciente. Don Javier, ya ha clamado usted contra los ordenadores por arrinconar a la tradición, contra las descargas por empobrecer a los ricos, contra los blogs, por usurpar el papel de los tocados por las musas… Desde aquí le propongo que siga usted con su cruzada. Desde que un cantante relacionado con las frituras de pollo desapareció de la escena berreadora ésta necesitaba un líder. Incluso me atrevo a proponerle un próximo tema: clame contra los podcasts, esos lamentables audios que algunos suben a Internet y que despistan a los ciudadanos de pro de ágiles e ingeniosos tertulianos. ¿Que no sabe que es un podcast? No se preocupe, seguro que alguno de sus negros colaboradores puede explicárselo…

  • Aplicaciones educativas

    Conozco la mayoría de las aplicaciones que se muestran en esta presentación, pero me parece tan bueno que Ana García Sans las haya resumido en una presentación, que creo que vale la pena reproducirlas aquí.

    Esta presentación utilizaba un reproductor Flash que ya no es compatible. Ver presentación en SlideShare

    Ahora se trata de usarlas en la medida de nuestras posibilidades y nuestros objetivos pedagógicos. Por posibilidades no será, no…

  • Ombliguismo

    No suelo acudir a eventos doscerriles. No por nada en particular. Tal vez tenga que ver mi cada vez mayor cinismo ante su utilidad. O puede que sea el cansancio tras llevar casi 15 años viendo a gurús cuyas aportaciones pueden ser leídas en decenas de sitios web y en el mejor de los casos en artículos científicos o libros con mayor o menor entidad.

    La novedad que ha sido incorporada en los últimos tiempos es que no es necesario trasladarse al espacio en cuestión, sino que tan ricamente desde tu máquina puedes verlo en streaming e incluso comentarlo a través de Twitter o Facebook. Y esos comentarios suelen ser mucho más divertidos que la charla del gurusillo en cuestión ya que, al menos, haces amigos… o enemigos…

    Esta semana se ha celebrado el SIMO. Creo que podrían mover un poco las siglas y rebautizarlo como MIOS. El yoismo como modelo de comunicación, glorificando al pope que cuenta cosas frente a un Powerpoint con bellas fotografías mientras los suyos asistentes parecen asentir, con mayor o menor convencimiento. Mi experiencia, mi idea, mi mensaje, mi, mi, mi…

    ¿Pero realmente es necesario que en un evento un profesor pontifique sobre que las empresas no saben usar Facebook? ¿Es lógico que un gurú de primer nivel repase su libro de 2002 sin aportar nada nuevo? ¿Se comprende que las operadoras de movilandia sigan con sus futuribles, oídos una y mil veces, pero siempre lejanos a la realidad, por no decir que absurdamente falsos?

    Mi amigo Marcelino dice que las empresas pasan de la Web 2.0 con razón, ya que no ven que exista un modelo de negocio claro. Yo voy más allá. Espero que sigan pasando de ella y deseo que hasta la Web 2.0, o de Nueva Generación se les olvide. A ellos y a todos. De esa manera podremos centrarnos en lo que nos gusta: bloggear, twittear, encontrar a amigos a través de Facebook, descubrir música en MySpace o martirizar al mundo entero con nuestras fotos y vídeos sin tener que esperar a que vengan a nuestra casa. Si se olvidan tal vez no haya que santificar el eventismo del «me miro el ombligo una y otra vez».

    Da igual, todo es cuestión de modas… o de pasta… ¿no?

  • Cates de verano

    Todos los años por estas fechas me viene a la memoria el verano de 1983. A punto de cumplir los 15 años, había terminado 1º de BUP. O más bien estaba empezándolo en aquellos días, ya que salvo la Historia, la Gimnasia y la Etica había suspendido todo lo demás. En Conocimiento de AC/DC obtenía Matrícula de Honor y en Cultura sobre Heavy Metal me peleaba por superar el Sobresaliente, pero inexplicablemente no aparecían en el boletín de notas.

    Tras el consejo de guerra que se produjo en casa cuando llegué con el cerro de suspensos, los generales paternos decidieron aplicarme el corralito libertario, lo que supuso que durante dos meses casi no viera la luz del sol. Polinomios, límites, el Binomio de Newton, ecuaciones, trigonometría, combinatoria, gigantescos párrafos para analizar sintáctica, morfológica y semánticamente, las familias de los insectos, geología mezclada con el past perfect y de fondo la odiosa historia del gregoriano y la evolución de la música barroca. Horas y más horas encerrado metiendo en la cabeza contenidos para regurgitar en el temido septiembre. Preocupado por el concierto de Ten Years After y Obús y la forma de escaparme para ver mi primera actuación en directo de unos peludos perdidos en Aranda de Duero, un pueblo en el que jamás había habido otra cosa que gigantes y cabezudos.

    No teníamos Internet. Ni ordenadores. Si queríamos jugar al Invaders teníamos que buscar un bar que tuviera «maquinitas». Lo nuestro eran los flippers, el futbolín y el billar. Las tardes en las que se podía salir escapando de la vigilancia de los generales nos sentábamos en un banco con unas pipas, un litro de cerveza y unos Fortunas de a duro la unidad (aunque los Ducados de a dos el duro también triunfaban). Escribíamos canciones que nunca serían interpretadas. Discutíamos sobre lo que no nos convencía de «La noche en que mataron a Calvo Sotelo» de Ian Gibson, ilusionados por haber conseguido un autógrafo suyo un día que le vimos perdido buscando el mítico restaurante El Corrales y tres adolescentes le acompañamos a cambio de una firma suya. Perdía el tiempo con «El Pincho», una novela de Arnaud de Borchgrave y Robert Moss que me habían regalado antes de que se supiera mi debacle estudiantil y que escondida entre los cientos de folios suponía mis momentos de descanso del «coñazo de estudiar».

    Aquel verano pasó volando y mágicamente en septiembre conseguí aprobarlo todo. O casi todo. Siempre me gustó llevar una colgando del curso anterior. Te hacía más «chachi» en la manada. En cualquier caso, aunque hubiera querido, el profe dictaba sus normas. Y en aquel curso la decisión fue que mi pelea con las subordinadas y los objetos indirectos requeriría un año extra de trabajo para sacarla.

    Todos estos recuerdos se agolpan en mi memoria cuando leo los resultados de la prueba de nivel de 3º de la ESO de Madrid, publicados ayer. No sé muy bien la razón. Han pasado tantos años y el mundo ha cambiado tanto que posiblemente no tenga derecho a enjuiciar a los chavales que hoy tienen 15 años. Tal vez porque al observar los exámenes que los alumnos han hecho, esas preguntas simples falladas de forma mayoritaria, uno tiende a sentirse mejor recordando el pasado. Mirando hacia atrás al menos puede ser consciente de que el zoquetismo es común a todas las épocas. Incluso aquellos profes nefastos que me martirizaron en BUP continúan hoy su labor.

    Solamente es necesario ver la quinta pregunta de la prueba de literatura: «¿Por qué crees que dice el protagonista “pero en mi corazón ya había anidado el dasasosiego”?». Una errata, ¿tan sólo? Una más que nos puede indicar hacia dónde vamos. Los chavales no son capaces de destacar en matemáticas y son mediocres en lengua. Bien, yo tampoco era un estudiante modelo. Y como yo, muchos otros. De forma que los temarios se ajustaron. Se recortaron. Se minimizaron. Tal vez sea eso lo que hay que volver a hacer. Y es que si sólo un 20 % de los estudiantes de 6º de Primaria sabe para qué sirve un termómetro, lo mejor será que dejemos de usar termómetros, ¿no?

    Algunos hablan de la Generación Einstein. Un concepto fantástico para vender libros. Seguro que esa obra es mucho más entretenida que Generación X, que a fin de cuentas sólo retrataba a una parte de los que nacimos a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Y como todo el mundo sabe Einstein fue un mal estudiante, pésimo en matemáticas y horrible en letras. Así que ya vale de preocuparnos. Esos datos de nuestros chavales comparados con nuestros recuerdos de adolescencia lejana son sólo «relativos»…

  • ¿Avanzamos?

    La Formación Continua era hace unos años una entelequia. Algunos privilegiados de grandes empresas recibían cursos que suponían un paréntesis en el día a día, una forma de actualizar conocimientos y una buena forma de conseguir reunirse con otros compañeros fuera del entorno laboral. Pero lo habitual es que en la mayoría de las empresas la formación fuera un lujo ajeno a las posibilidades del empleado.

    Por otro lado, cuando tras terminar los estudios y comenzar la carrera profesional alguien decidía continuar su formación había de hacerlo a través de aquellos Masters arcanos que comenzaban a aparecer en Escuelas de siglas impronunciables a comienzos de los noventa.

    Pero eso cambió. De la parte que todos los empleados pagamos al Estado se generó una partida económica dedicada a la formación continua. Primero FORCEM, después la Fundación Tripartita y finalmente planes que se superponen sin fin empujaron a la formación a convertirse en uno de los focos clave de las organizaciones.

    De manera paralela empezamos a trabajar en eLearning. La promesa de abaratamiento de costes atrajo a más empresas y a la administración. Ya era posible formar a los empleados con presupuestos mucho más ajustados. Se desarrollaron plataformas de teleformación, se hicieron congresos, se crearon asociaciones y sobre todo el dinero empezó a fluir. Y con él los alumnos. Decenas, cientos de ellos que poco a poco se sumaban a infinidad de cursos de cualquier temática. La máquina funcionaba y sigue funcionando… ¿seguro?

    Tras nueve años creando cursos y participando como profesor on line en decenas de ellos sigo viendo el mismo problema. No funcionan. Pero nadie se atreve a decirlo. A denunciarlo. A poner freno a esta carrera hacia ningún lado. Y es que tirar piedras contra nuestro tejado es algo muy peligroso. Más vale no tocarlo.

    ¿Cuál es el porcentaje de alumnos participantes realmente activos en un curso on line? Me atrevo a decir que no supera el 10 %. Siendo muy generoso. La interacción en los campus virtuales es mínima. Los debates, impulsores del aprendizaje, brillan por su ausencia en la mayoría de las ocasiones o son protagonizados por un número muy pequeño de alumnos que pueden generar la sensación de mucha actividad, cuando realmente son siempre los mismos los que generan esa interacción. Incluso creamos y creemos en la teoría del lurkismo para justificar esas actitudes. A fin de cuentas un porcentaje suficiente elevado realizan los cuestionarios de autoevaluación de forma «satisfactoria» para poder justificar la subvención recibida y solicitar la siguiente.

    Mientras tanto los planes de formación continua subvencionada continúan adelante. Cursos gratuitos para empleados, para parados, para autónomos, para empresarios, para niños, para adolescentes y hasta para mascotas. El caso es no dejar de echar gasolina a un motor que por ahora carbura bien.

    ¿Es positivo que la formación continua sea gratuita? ¿Debemos plantearnos la formación como un producto «comoditizado» al coste que sea? Lo gratis se ha convertido en la piedra angular de nuestro sistema. «Para qué voy a pagar por ello si ya está gratis en Internet» es la respuesta habitual. De forma que el pago individual se sustituye por el pago comunitario, el que realizamos todos a través de nuestros impuestos para que algunos se vanaglorien de tener unos empleados cada vez mejor formados más acursillados.

    eLearning y formación continua son dos patas de una mesa que necesita de otras dos para que funcione. La primera es la calidad de los contenidos y de los formadores que participan en las acciones formativas. La metodología de aprendizaje y la incorporación de todo tipo de recursos on line. Pero la segunda, la que hará que la mesa no se caiga una y otra vez y de la que nunca se habla claramente, es el compromiso del alumno que se matricula en un curso. Ese compromiso ha bajado a niveles alarmantes. Y la gratuidad permanente, la subvención ciega, sólo nos puede llevar al desastre (Aunque siempre podemos hacer un curso para aprender como generar motivación en nuestros alumnos on line, por supuesto…)

  • Yo hago aquello por lo que me pagan

    Ayer tuve la ocasión de participar en un Congreso en Alcalá de Henares en el cual se dieron cita más de 150 profesores universitarios españoles que trabajan en los Estados Unidos. Presenté una comunicación sobre la utilización de las Redes Sociales como complemento a la docencia y de forma específica realicé una comparación entre las posibilidades que ofrece Facebook frente a nuestro Tuenti patrio.

    La comunicación resultó muy agradable y tuvimos ocasión de charlar durante mucho más tiempo del que estaba previsto sobre la incorporación de la tecnología y las herramientas de la web social a la docencia universitaria. Lo único que me apenó fue la poquísima asistencia. La achaqué a que al mismo tiempo se celebraban otras sesiones y que la ubicuidad es absolutamente imposible, al menos en el mundo fuera de la Red.

    Por la noche el congreso se clausuraba con un cena en la que tuvimos ocasión de charlar sobre mil cosas y, por supuesto, sobre educación.

    «Yo jamás contesto un mail de un alumno. Si quieren algo que lo planteen en clase» fue una de las perlas con las que comenzó una discusión en la que dos universos paralelos nos enfrentamos durante casi tres horas. «A mi me pagan por enseñar, no por perder el tiempo con la tecnología». «Ya lo que faltaba es que tuviera que empezar a aprender a usar maquinitas para relacionarme con los alumnos». «Todo eso de los ordenadores sólo sirve para perder el tiempo y yo no tengo tiempo que perder»…

    Podría seguir glosando algunas de las preclaras frases que se escucharon en la mesa, pero creo que no tendría sentido. Por fortuna también había algunos profesores que considerábamos aquellos comentarios como muestra de analfabetismo, algo imperdonable en un docente universitario. «Yo tengo ya el Tenure (equivalente a la plaza en propiedad) así que se dediquen a eso los que vengan detrás, que seguro que no tienen otra cosa que hacer». Es decir, yo hago lo que quiero, y o me lo pagan o no digo ni buenos días.

    Alguno podría pensar que fue tan sólo un reflejo de la cortedad de miras de un puñado de profesores que viven aislados en su mundo rosa, a los cuales más pronto que tarde les llegará la jubilación. Pero esa forma de ver las cosas, de encarar la docencia, es mucho más habitual de lo que pensamos. ¿Cuántos docentes publicamos un blog, usamos Twitter o participamos en la Web Social activamente? Pocos, muy pocos. Tan pocos que incluso creamos premios y rankings. Pero la realidad es otra. La mayoría de los profesores siguen siendo completos analfabetos digitales. Usando un ábaco frente a sus alumnos que hace años tienen implantado un chip en sus cerebros. Se ocultan a veces, pero siempre hay un momento para decirlo alto y claro: «Yo de eso no tengo ni idea y no me pagan por ello».

    Hablamos de Escuela 2.0, de regalar máquinas y ennredar los centros educativos. Pero para que se produzcan los cambios ansiados habrá que esperar y mucho. Mis compañeros de mesa eran norteamericanos de adopción, mal ejemplo de lo que pasa en el tan alabado sistemas educativo de Estados Unidos. Si ese pequeño grupo pensaba así, ¿alguien imagina que en nuestro país las cosas cambian radicalmente?

    Tendremos que prepararnos para que pase tiempo. Para que un profesor no se vanaglorie delante de sus propios compañeros de ser un zoquete ilustrado. Pero la espera, mientras ese día llega, va a ser dura, muy dura…

  • Cuando la libertad se convierte en estulticia

    He escrito ya varios posts sobre los problemas que están surgiendo en las redes sociales, cada día más usada por pederastas sin ningún rubor, con la aquiescencia de los dueños de las mismas, escondiéndose en la dificultad que tendría controlar a todos los usuarios. Marcelino Madrigal es el blogger que más levanta la voz contra esta situación que no sólo afecta a los Spaces de MSN, sino que puede observarse en Tuenti, Facebook y cualquier espacio en los que miles de personas se apresten a relacionarse y subir sin pudor fotos personales.

    Hace un rato descubría una Red Social gracias a @DiegoAlipio que no conocía, Lazoos, creada supuestamente para compartir con la comunidad la experiencia paternal. Básicamente el contenido que puede encontrarse en ella son decenas de fotografías de bebés y niños pequeños, incorporando un sistema de votaciones para que los usuarios decidan sobre la belleza de uno u otro niño. Hasta aquí nada nuevo de no ser porque los protagonistas de semejante ranking son tiernos infantes expuestos a la mirada de extraños con el absurdo orgullo de sus mamás, mucho más que papás, esperando la aprobación en forma de un voto y un absurdo comentario sobre los mofletes o la sonrisa del chaval.

    Hablamos mucho de los contenidos en Internet. De la libertad de poder generarlos por parte del usuario. De cómo Mariano dejó de ser Vanesa, para mostrarse con su barriga sin miedo y de como Luisa dejó de usar el nick de Manolo para esconderse del acoso que suponía ser mujer en Internet hace unos años. Ahora ya no sólo ponemos nuestro nombre y foto sino que además mostramos a nuestros bebés de la forma más impúdica.

    Alguno pensará que miro con los ojos sucios. Que veo fantasmas donde no los hay. Que la libertad de Internet lleva también a mostrar a los recién llegados, nacidos digitales antes de tener tan siquiera conciencia del mundo en el que han caído, para su aprobación por la comunidad de desconocidos. Pero yo lo que creo es que Internet está haciendo crecer la estulticia más profunda a algunos de sus usuarios. Me da lo mismo si alguien considera que en esa libertad está la grandeza de la Web 2.0. Yo lo que digo es que una madre que muestra a sus crías desnudas en el baño para regocijo de cualquiera que pase por ahí no debería tener acceso a la Red. Y como la libertad de hacerlo parece que no está reñida con la libertad de mirar, sólo nos queda confiar en la formación que haga que los padres vean la luz y borren esos perfiles o en la suerte, para que aquellos que sí miran sucio, no encuentren este tipo de sitios…