Categoría: Reflexiones

  • A la playa!

    Hoy es el día del éxodo. Ha sido un año muy largo, con cambios, con mucho trabajo, con la Tesis ya a puntito, casi tanto como mi cambio de estado civil dentro de poco más de un mes. Pero ahora es momento de tumbarse al sol. De leer los periódicos sentado frente al Mediterráneo. De dejar un rato aparcada la máquina y cambiarla por las sandalias. De disfrutar con lo analógico que tiene una puesta de sol o una cerveza fría sin prisa.

    Gracias a todos los que habéis hecho que este año sea un gran año. Infoconocimiento se va de veraneo por unas semanas, lo que no quiere decir que deje de actualizarse. A fin de cuentas, mi vecino playero tiene la wifi abierta… 😀

  • ROCK, CON MAYÚSCULAS…

    Son feos, macarras, mal hablados, están pasados de moda, no venden, no salen en las radios…

    Este vídeo histórico utilizaba Tu.tv y un reproductor Flash que ya no está disponible.

    Pero hace 30 años me uní a ellos y así continuaré. Total, ya me muevo bastante con el cambio permanente que supone Internet. Hoy publico este homenaje. Para ellos, y para todos los que seguimos ahí.

  • Rock… Me río!

    Los amantes del Rock en España tenemos suerte. En nuestro país hace años se celebran varios festivales todos los veranos. Incluso empezamos a pensar que pueden ser demasiados: Electric Festival, Kobeta Sonik, Via de la Plata, Monsters of Rock, Metalway, Lorca Rock… por citar sólo algunos de los más importantes. Por ello, cuando se empezó a destapar el cartel de ese engendro marketiniano llamado Rock in Río en Madrid no sufrimos ninguna decepción.

    Era normal que un festival que nació en Brasil en 1985 con un cartel de ensueño acabase mostrando todas sus miserias 23 años después en nuestro país. Miserias, porque comparar AC-DC, Iron Maiden, Whitesnake, Ozzy Osbourne, Scorpions y Queen con Alejandro Sanz, Shakira, El Canto del Loco, Neil Young, Amy Winehouse e incluso The Police, no tiene sentido. Da igual, se trata de la pasta, idiota, debieron pensar algunos sosías enterados, que soñaron por llegar a meter 150.000 personas en un solo día en un concierto de «Prock» (10 veces menos que en aquel primer festival). Al final, la «Gran Ciudad del Plof» se ha quedado más que amplia, puesto que menos de la mitad de los asistentes esperados durante el primer fin de semana se plantearon acercarse a ese parque de atracciones musical y tampoco el segundo se logró el éxito de público soñado.

    Pero al margen de todo esto, por primera vez en la historia a TVE se le ocurría retransmitir el evento. No estaba mal. Después del tradicional miedo a retransmitir conciertos del anterior Ente Público al menos los que quisieran disfrutar de las curvas de la colombiana Shakira sin tener que sufrir los gritos de las fans enloquecidas podrían hacerlo. Y sí, lo han hecho. Aunque pudiendo ver la peor retransmisión que se recuerda en la Televisión Española.

    Con comentaristas grotescos haciendo chascarrillos absurdos, mostrando encuadres ridículos que poco o nada aportaban a lo que ocurría en el escenario y lo peor, con errores infantiles que hacían que el sonido de salida se llenara de ruidos de masa, entrecortado, con incomprensibles picos de volumen. TVE se limpia de profesionales. Y todo el mundo sabe que en verano se llena de becarios. Pero alguien debería asumir que hacer una cobertura como la que se ha hecho a este festival sería equiparable a un telediario en el que al presentador no se le oyera, diera la espalda al público y en un momento dado le hiciera un comentario a su regidor acerca de la estupidez de los telespectadores.

    No me gustaba ninguno de los grupos que han actuado en Arganda. Ni siquiera The Police me vuelven loco (aunque sí es un grupo al que respeto enormemente). Pero el mal chiste definitivo en el que TVE española ha convertido ese festival ha conseguido que por lo menos me hagan reir… por no llorar…

  • Condenado Julio, condenados todos

    Julio Alonso ha sido condenado. Tras leer la sentencia que acaba de publicar en su página web me veo en la necesidad de publicar este post. Si un blogger ha sido condenado a pagar a los señores de la SGAE 9000 euros de indemnización por el atentado al honor, la pregunta es ¿cuál será el siguiente paso?

    Me pregunto si en estos tiempos en los que tanto se habla Crowdsourcing y demás términos que muestran el mundo cambiante y colaborativo, no podemos hacer algo parecido. Una suerte de cuenta común para pagar esa indemnización absurda a una organización contra los que tantos y tantos estamos y por la que miles nos sentimos agraviados. De paso, podríamos generar un fondo para subvencionar acciones contra la innombrable, puesto que mi honor, citando la propia sentencia y sus antecedentes, se ha visto afectado en cuanto a sentirme escarnecido y humillado.

    Vamos, que hasta propondría incluso abrir una cuenta en Paypal y donar un euro. Si 9000 blogueros lo hiciéramos, la indemnización estaría pagada y habría fondo de reserva.

    En fin, no quiero hacer un «Hoygan». Simplemente la mala leche crece tanto en mi interior que me imagino un mundo de blogueros unidos contra la injusticia. Sin duda Julio podrá obtener la financiación para pagar eso y las costas. Pero en este caso, todos hemos sido condenados. Hoy es un día triste…

  • Telemarketing absurdo

    «Hola, buenos días, mi nombre es Francisco, de Análisis e Investigación. Le llamaba porque estamos haciendo un estudio sobre la imagen de los bancos en el consumidor»

    «¿Para quién es ese estudio?»

    «Lo siento, pero eso no se lo puedo contestar»

    «Pues entonces yo también lo siento, pero no me da la gana contestar»

    «Adios, buenos días»

    Grandes investigadores de mercado en nuestros días. Grandes spameadores de teléfono y gran estulticia volante en el mundo empresarial. Sí señor… Como si fuera tan difícil enterarse hoy quién o qué está detrás… Todavía no nos hemos dado cuenta de que el mundo ha cambiado. Y la Investigación, también.

  • Yes, we can…

    Me gusta el fútbol, lo reconozco. No lo cambiaría por un concierto de cualquiera de mis bandas de Heavy Metal favoritas, pero disfruto con un buen partido de mis colores. Y nunca he escondido que soy merengón y que mi equipo más allá del Real Madrid es España. España, no la selección, ni el combinado nacional, ni la roja, ni la furia, ni demás inventos eufemísticos para no nombrar el nombre del país en el que nací, el nombre del país que aparece en mi pasaporte, el país del cual parece que hemos sido forzados a arrepentirnos durante tanto tiempo.

    Los nacionalismos me parecen estúpidos. Los de toda índole. Ayer Juanjo, un alumno del fantástico grupo con el que cierro el curso lo volvía a decir: «los nacionalismos se acaban viajando… y leyendo…» Y tiene toda la razón. En cualquier caso, fuera de nacionalismos , ver a millones de personas ilusionadas por 11 peloteros, pintándose la cara con los colores rojigualdos y volviendo a portar una bandera que, por fin sirve para unir y no para dividir y que, nos pese o no, es la que nos identifica en el mundo entero, es emocionante.

    Y todo gracias a ese mágico e incomprensible fervor que despierta el fútbol. Hace 24 años seguí la Eurocopa de Francia en un bar gallego de Aranda de Duero. Trasegábamos ribeiro como sólo los adolescentes pueden hacerlo mientras disfrutamos olvidando el ridículo que habíamos hecho en el mundial de naranjito. Tras el 12-1 contra Malta casi tocamos el cielo, y si no hubiera sido por la barriga de Arconada, lo habríamos hecho.

    En 24 años he visto ganar a los nuestros en todas las disciplinas deportivas. Si, porque los hacemos propios para salvar la frustración de no ser nosotros los que sentimos la gloria. En automovilismo, motociclismo, atletismo, natación, tenis, waterpolo, balonmano, baloncesto, boleibol, hockey o surf. En vela, remo, escalada, ciclismo, judo y boxeo. En casi todas las disciplinas deportivas hemos vivido momentos de victoria, pero en el fútbol… ains…

    Y por fin, nos encontramos esperando el momento en que llegue un partido de fútbol. 90 minutos que unirán a millones de almas, internautas y analfabetos digitales, directivos de grandes empresas y amas de casa, infantes y ancianos, en un sólo grito creado marketinianamente sin ser demasiado originales: «Yes, we can»

    Pase lo que pase, con la catarsis deseada, o sin ella, dentro de 24 años seguro que recordaremos estos días…

  • Regula, Regulae

    Leo gracias al Twitter de Jose Luis Orihuela que la Eurocámara se ha puesto en funcionamiento para establecer una regulación del blogging. Al parecer, desde un plano voluntario, se trabajaría para que existiera un registro de blogs e incluso, según publica El País, se contemplaría un etiquetado que informara sobre la identidad del autor, intereses políticos y sociales y responsabilidad social del mismo.

    Aún a esperas de ver en qué queda todo, puesto que el documento no se discutirá hasta septiembre, no dejo de aterrorizarme con la iniciativa. Que el Internet que conocemos, pleno de libertad, tiene los días contados es algo que hace tiempo veo claro. Pero encaminar este tipo de posibles normativas, en pos de una supuesta «mejora» de las fuentes de información, no es otra cosa que lisa y llanamente, censura. Censura y persecución a lo que no se puede controlar. O peor aun, control y más control. De lo que haces (como si no controlaran ya suficientemente proveedores como Google), de lo que visitas, de lo que visualizas, de lo que descargas, y ahora ya, de lo que dices, de lo que escribes, de lo que expresas, de lo que piensas…

    Es de imaginar que ante esta iniciativa, algunas gestoras de esas que tanto queremos se estarán frotando las manos al imaginar que ya podrán cobrar un impuesto al bloguero que tenga la idea de enganchar un vídeo de Youtube. Triste, muy triste, la noticia…

    Actualizo: El texto que se está discutiendo (provisional) puede encontrarse Aquí (Una vez más gracias al Twitter de Jose Luis, para que luego digan que Twitter no sirve para nada…)

  • Vomita, es fácil…

    Interesante iniciativa memética la que se pone en marcha en estos minutos. Me llega a través de los contactos que sigo con Twitter (Julio Alonso el primero) y estoy de acuerdo con ella. No se trata de esos Hoygans que supuran la red. Se trata de la realidad pasmosa que afecta a miles de chicas enfundadas en una pesadilla. Incomprendidas. Aterrorizadas. Que buscan una salida en un agujero mucho más negro si cabe. Internet se convierte para ellas en válvula de escape, y la locura acaba perpetuándose en absurdas páginas pro ese suicidio inmisericorde.

    No quiero ser dulce. Solamente quiero mostrar lo que pasa por la cabeza de esas chicas. Y me es sencillo hacerlo con este vídeo. Aguántalo hasta el final. No lo pares. Ponlo a todo volumen. Cuando termine, piensa que muchas de ellas sienten su cerebro como si lo estuvieran oyendo continuamente. Es momento de ofrecer toda nuestra ayuda. Tal vez entonces, podremos cambiar de canción…

    (Eths son un grupo francés de Metalcore y estarán tocando el próximo sábado en el Electric Festival)

  • Se termina el curso

    Pues sí, cuando menos lo esperas llega la última semana de Mayo y te encuentras con que el curso está a punto de acabar. Y casi sin quererlo me encuentro con la realidad: se acaba un año extraño.

    Comencé en la Pontificia de Salamanca y termino en la Europea de Madrid. He pasado de la Facultad de Informática a la Facultad de Económicas, Derecho y Empresariales. He dejado de impartir asignaturas que me han acompañado durante años como «Sistema Logístico Integrado» o «Control de Gestión» para centrarme en «Sistemas de Información», «Gestión del Conocimiento» y «Comercio Electrónico». He salido de una universidad confesional y me he integrado en una laica. He dejado de tirarme de los pelos para aparcar en la Ciudad Universitaria a tener parking a 40 kilómetros de mi casa. Cambios, muchos. Aunque hay algo que no cambia: la sensación de que podía haberlo hecho mejor. De que tal vez debiera haber tocado otros temas. De que no he sido lo suficientemente duro o estricto. De que les echaré de menos.

    Sí, es curiosa la relación que se genera con los alumnos. Hay días en los que lo que menos apetece es ponerse delante de ellos y contarles cosas, motivarles para que lean, ilusionarles con lo que a ti te enloquece, entretenerles, divertirles, crearles dudas y también certezas y al mismo tiempo lograr que en su cabeza quede algo que sean capaz de recordar más allá del tiempo que tardan en llegar a la cafetería. Pero igualmente son una droga. Cuando el curso llega a su final no dejas de sentir un cierto vacío. Una pena por los chicos y chicas que a partir de ahora te saludarán fugazmente cuando les veas en los pasillos de la facultad y cada vez quedarán más difuminadas sus caras y sus nombres en una memoria que acumula promociones y promociones de alumnos.

    Todavía quedan semanas hasta las vacaciones. E incluso una asignatura que prácticamente acaba de empezar. Y Masters. Y Cursos de formación continua. Trabajo, en definitiva, que no oculta la desazón y, también, no me engaño, la satisfacción de haber cerrado un curso más, una etapa más…

  • ¿Burbuja 2.0?

    Web 2.0 o Web Social, como le gusta llamarla a Antonio Fumero (acepción con la que estoy cada vez más de acuerdo) y cientos de aplicaciones y de empresas que crean una web con bordes redondeados, asombran con nuevas funcionalidades y lo ofrecen todo de forma gratuita. Los resultados llegarán de la mano de la publicidad o de servicios premium, o tal vez de un comprador millonario que esté dispuesto a posicionarse en el nuevo mundo, ese en el que la colaboración, la inteligencia colectiva y la creación compartida derrote a las viejas reglas económicas .

    Como superviviente de la burbuja .com no puedo dejar de recordar aquellos días de vino y rosas. Eran los momentos en los que nos cocíamos en los «First Tuesday» con un Plan de Negocios absurdo debajo del brazo y también eran los momentos en los que el «Ganar.com» nos mostraba mensualmente como la revolución de la Nueva Economía era posible.

    No hay curso en el que no ponga a mis alumnos «Startup.com«, la película que muestra el auge y caída de Govworks.com. La he visto tantas veces que me la sé de memoria. Y cuanto más la veo más temo que podamos asistir a una repetición de aquella situación. Algo ha cambiado, desde luego. Y es que la «nueva» web permite que cualquiera publique, que cualquiera cree, que cualquiera comparta. Y eso es lo grande. Pero ¿y el negocio? Acabo de recibir un montón de trabajos de mis alumnos en los que analizan Facebook frente a Tuenti. Y desde luego sus conclusiones son, cuando menos, desalentadoras. Nada que no nos imaginemos, pero al revisar sus «papers» tengo la misma sensación de aquellos que estaban presentes el día que aquel niño lanzó el grito: «El rey está desnudo».

    Esta web que apenas acaba de comenzar ya tiene tienda. Siempre quise trabajar en una librería y hoy tengo la mía. Realmente la Web 2.0 lo ha hecho posible. No deja de ser un «mashup» en el que mezclo una web de comercio electrónico con mi blog, aprovechándome de la tecnología AJAX, y de los sistemas de recomendación que permiten ajustar y mejorar el proceso de compra. Aunque todo es posible gracias a una empresa Web 1.0, o 2.0, o 3.0, da igual los guarismos que queramos ponerle. En definitiva a una empresa que ha sabido monetizar (palabra horrible, por cierto) desde el primer día sus visitas, la inteligencia colaborativa de sus usuarios, las posibilidades de abrirse a espacios fuera de su entorno-web privado. Resulta curioso que siempre usemos los mismos ejemplos. Pero tal vez es que son esos ejemplos los que mantienen la ilusión, no sólo en hacer las cosas mejor, sino también en ganar dinero con ellas. Y una vez más, Amazon es la culpable.

    ¿Volveremos a tropezar en la misma piedra?