Categoría: Archivo de Infoconocimiento

Archivo histórico de entradas publicadas originalmente en Infoconocimiento.

  • Los currículos y las justificaciones de méritos en la universidad española

    En España hay 83 universidades, entre públicas y privadas. A ellas se suman un sin fin de institutos y centros de investigación. Y por supuesto 11 agencias de acreditación universitaria, 10 que dependen de las comunidades autónomas y una de ámbito estatal: ANECA. Imaginemos que un profesor quiere solicitar una acreditación como profesor en alguna de las figuras ya comentadas profusamente en este blog (Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor, Profesor de Universidad Privada, Profesor Titular, Catedrático…). El primer paso para ello será elegir con qué agencia intentarlo. ANECA tiene validez en todo el país pero las 10 «Anequillas» pueden ser también una alternativa. Una vez elegida la agencia, el solicitante deberá registrarse en la aplicación informática correspondiente y rellenar un completo curriculum en el que aparezcan todos sus méritos docentes, investigadores y profesionales. ¿Todos? No. Obviamente solo aquellos de los que en su día al solicitante se le ocurrió pedir un papel que certifique haber hecho tal o cual actividad. Si hace 10 años organizaste un congreso y trabajaste más horas que el sol más vale que tengas un documento que lo certifique o aquello no habrá pasado. Lo mismo ocurre con las actividades profesionales. Ay de ti como no pidieras un certificado o como en tu contrato no apareciera el nivel profesional que desempeñaste en la organización. Mejor no ponerlo, puesto que si piensas que con ello vas a compensar los dichosos artículos incluidos en el índice JCR de los que careces, más vale que lo vayas olvidando.

    Una vez que el formato de currículo ha sido rellenado es necesario preparar un dossier en el que todos y cada uno de los méritos aparezcan justificados. Lo que no se pueda justificar con un documento no existe. Lo de menos es si se han adquirido unas capacidades, habilidades o conocimientos sobre cualquier cuestión. Lo importante es el papel con un sello. Esas son las normas, muy enfocadas, según dicen, en la búsqueda de la «Calidad» y en homogeneizar todas las solicitudes. Así pues, con todos los documentos posibles se genera un inmenso dossier que en unas ocasiones se entrega en formato digital y en otras en papel. Hará bien el solicitante en escanear ese documento. Sus cuitas no han comenzado siquiera.

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    Imaginemos ahora que el solicitante consigue lograr la ansiada acreditación. A partir de ese momento podrá presentarse a una plaza en la universidad pública. No insistiré en la dificultad de que estas se convoquen, ni en los sempiternos problemas de endogamia de las universidades españolas, que llevarán a que muy probablemente la plaza esté concedida antes de que salga a concurso. El candidato, para poder presentarse a la plaza, deberá rellenar un nuevo currículo y presentar la consabida justificación de los méritos. ¿Qué tipo de currículo? Uno diferente por cada universidad, con una ordenación distinta de los capítulos que lo conforman. Teniendo en cuenta que todas las universidades públicas juegan con su cacareada «autonomía universitaria» para crear su propio modelo, tenemos 50 tipos de currículo y 50 tipos de justificaciones diferentes. Algo cada vez más seguido también por las universidades privadas, que crean los suyos propios.

    Por supuesto los modelos pueden también variar entre las diferentes figuras de profesorado y lo más seguro tal vez no sea igual el modelo para una plaza de Profesor Asociado que para una de Ayudante Doctor o de Profesor Contratado Doctor. Eso sería poner las cosas muy sencillas y todo el mundo sabe que en la universidad la «Calidad» hoy es un valor que ha de conseguirse por la diferenciación.

    Los expertos en Recursos Humanos aconsejan que un curriculum vitae no supere una página y en ningún caso las dos. Yo tengo media docena de currículos que me han ido pidiendo distintas universidades. El más light tiene 11 páginas, el de la FECYT supera las 30 y el de ANECA se acerca a las 70. Y llevo creados ya cuatro dossieres de justificación de méritos, que oscilan entre las 350 y las 500 páginas, en los que se cuenta prácticamente lo mismo, eso si, ordenado de una forma diferente, para que no haya dudas de lo única y especial que es la organización universitaria en la que se entrega.

    Se habla mucho de la necesaria reforma universitaria. Y se pone el acento en cuestiones como la financiación de las universidades, la gobernanza o la enésima reforma de los planes de estudios. Pero hay disparates de los que no es rentable hablar. Tal vez sea porque los que pretenden hacer reformas en la universidad no son capaces de atisbar ni tan siquiera cómo se accede (o no) a ser profesor en ellas. Y así seguiremos… Rellenando solicitudes, haciendo currículos, creando dossieres…

  • ¿Por qué cuesta tanto ser profesor universitario en España?

    En infinidad de ocasiones me preguntan en mi entorno, mis conocidos, familiares, amigos, alumnos, sobre mis vivencias en la universidad española. En este blog ya he publicado en varias ocasiones mis cuitas en la universidad. Muchas de ellas tienen que ver con la dificultad de acceso a ellas: las acreditaciones, la endogamia, la falta de posibilidades profesionales… Pero hablar de mi visión de la universidad española, de sus problemas y algunos de sus retos, sería casi imposible desarrollarlo en este blog. O al menos debería realizar tantos posts que acabaría por resultar tedioso para todos los que os dejáis caer de vez en cuando por aquí.

    Hace unos días Víctor Cuevas, un profesor al que tengo el placer de conocer desde hace ya bastantes años, contactó conmigo para grabar un podcast sobre la universidad. Durante una larguísima conversación, sin preocuparnos por el tiempo, charlamos sobre la universidad, sobre el acceso a la función docente, sobre la innovación o falta de ella en nuestras universidades públicas. Creo que es la conversación más pausada que he tenido sobre la universidad en mucho tiempo. El episodio del podcast es un poco largo pero desde luego, en este caso, es la mejor forma de saber qué es lo que opino de la situación de la educación superior en nuestro país. Con completa honestidad por parte de Víctor y mía y tratando de tocar todos los palos, sin tener ningún pelo en la lengua ante un tema que puede ser tan arduo como complejo y abrir ampollas.


    Quiero agradecer a Víctor su esfuerzo en la grabación y la edición del podcast. La verdad es que cuando lo he escuchado me ha embargado el pesimismo. Mucho más que cuando releo alguno de mis escritos sobre el tema. Pero tal vez, si empezamos a hablar más de la universidad, de forma crítica y con intención de cambiarla radicalmente, podamos conseguir ese cambio algún día…

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    Ah, además de hablar de la universidad no dejamos de lado comentar nuestras pasiones: por supuesto la radio y mi programa Corsarios del Metal así como mi web Red Hard´n´Heavy estuvo presente al final de nuestra conversación.

     

  • El camino más duro: conseguir la acreditación ANECA

    Hace casi 25 años, en mayo de 1991, decidí ser profesor de universidad. En aquellos días estudiaba 4º de carrera y mi profesor de la asignatura de Historia Contemporánea me animó a ir por esa vía que entonces no llegué a imaginar que fuera tan difícil. Por entonces yo pensaba que en unos pocos años, tras trabajar de forma precaria en mi universidad y al mismo tiempo hacer el doctorado, sería factible «quedarse» en ella como docente. Me puse manos a la obra y comencé a desarrollar mi trabajo en la Universidad de Alcalá. Durante cuatro años realicé tareas de gestión y me enfrenté a mis primeras clases. Como joven licenciado en historia impartía aquellas asignaturas que menos se valoraban, las que tenían que ver con la «Civilización y Cultura de España» a los alumnos de Estados Unidos que acudían a nuestra universidad. Ellos sufrieron mi bisoñez y mis primeros años docentes y desde la distancia les agradezco que fueran los que me hicieron confirmar mi amor por la docencia.

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    Tras cuatro años y sin posibilidad de lograr algo más que un mísero contrato de becario, decidí abandonar. Mediaban los noventa y necesitaba ampliar mis conocimientos y mi formación. Y la mejor manera que encontré fue empezando a trabajar en el sector financiero, en el área de marketing. Aquellos años en los que la web nacía y en los que de forma autodidacta me formé sobre el marketing online y el comercio electrónico me sirvieron para darme cuenta de que lo que realmente me hacía feliz era estar delante de una clase. Desde 1996 hasta 2000 sustituí las clases regladas por cientos de horas de formación a la red de comerciales con la que trabajaba mi empresa y finalmente, en los albores del cambio de milenio, volví a la docencia reglada: era el momento de empezar a enseñar a otros lo que yo había aprendido en la práctica. Decenas de clases en masters de todo tipo se acumulaban cada mes. Entre 2000 y 2002 tuve tantos alumnos en asignaturas como «Marketing Online», «Modelos de negocio digitales» o «Comercio electrónico» que por fortuna me siento partícipe del cambio que la web acabó produciendo en nuestras vidas.

    En 2002 me llegó por fin el momento de regresar a la universidad como profesor. De la mano de Luis Joyanes, decano por entonces de la Facultad de Informática de la Universidad Pontificia de Salamanca, en su campus de Madrid. Él confió en mi y de la noche a la mañana me vi enseñando una infinidad de asignaturas relacionadas con la gestión de las organizaciones. Mis alumnos, estudiantes de último año de Ingeniería Informática me ayudaron a entender mejor que la tecnología debía ser tan solo un medio, no un fin en si mismo. Tanto para las empresas como para la educación y, a día de hoy, sigo en contacto con muchos de ellos, feliz de ver cómo sus carreras se han ido desarrollando bien, independientemente de la época de crisis que nos ha tocado vivir.

    2008 me llevó a cambiar de universidad. En este caso, tras la caída en el número de alumnos y la posible disminución de las horas de docencia, la elegida fue la Universidad Europea de Madrid. Con una filosofía diferente al resto de universidades, en la UEM desarrollé tantas horas de docencia como fue posible. A día de hoy todavía me pregunto cómo pude terminar la tesis doctoral con tantas clases. Pero aún así lo hice. Y de nuevo mis alumnos fueron clave para ello, participando en mis investigaciones y con un apoyo incansable. Tanto que cuando yo sentía desfallecer eran ellos los que me apoyaban para que continuara.

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    Tras mi doctorado fue momento de realizar un postdoc. Y como lo más interesante era obtener experiencia internacional, este lo realicé entre Malta y Eslovaquia. Sin apenas financiación, viviendo de los ahorros y de cursos de formación continua que iban saliendo, lo más duro fue la vuelta a España. Marcharse de la universidad es cerrar puertas que resulta imposible volver a abrir. Tanto es así que volví a emigrar. En esta ocasión, en 2013, a Colombia, donde logré ganar una plaza de Profesor Titular en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Por cuestiones personales tuve que regresar al poco tiempo, aunque afortunadamente mantengo parte de mi docencia allí como profesor en la modalidad online.

    Los últimos años han sido de más y más horas de cursos de formación continua. Y de incorporarme a la Universidad Internacional de La Rioja, a U-Tad, con contratos temporales y a tiempo parcial, y de ser profesor invitado de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Ecuador. Clases y más clases, que apenas me permiten dedicar ratos a investigar, escribir y publicar. Sin duda una parte tan importante como la docencia pero que en mi caso se acaba viendo lastrada por la necesidad de tener que acumular horas y más horas de clase para poder pagar las facturas. De trabajar totalmente gratis para conseguir estar vinculado a un Instituto de Investigación. Y de soñar con poder vivir una vida de profesor universitario «normal».

    Y ahora, tras unas semanas de infinito agobio, por fin he entregado la solicitud de acreditación a ANECA. En España para poder ser profesor en la universidad pública existen varias posibilidades, pero todas ellas pasan por una acreditación que certifique tu valía. Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor y Profesor Titular de Universidad. Certificados que tan solo indican que puedes presentarte a una plaza, en el hipotético caso de que esta salga a concurso (recordemos que según ley actual, por cada 10 profesores que se jubilan solo se puede contratar a uno) y en el aún más hipotético caso de que la plaza no tenga «nombre y apellidos».

    Han sido semanas de reflexión ante una vida completa dedicada a la universidad. Días y noches de arrancarme los pelos por no haber pedido aquel papel que certificara tal o cual curso. Papeles y más papeles que ya son imposibles de conseguir. Jornadas de vértigo ante el inmenso trabajo de preparar dossieres infinitos que muestran tan solo una foto fija de toda una vida académica. Y ahora queda lo más duro, meses de espera rezando para que la resolución sea positiva. Para conseguir ese ansiado documento que diga que lo que he hecho hasta ahora ha sido algo más que perder el tiempo. Siempre he dicho que el lema de mi vida es «Life is a Journey, not a Destination» pero, por una vez, necesito llegar finalmente al destino, aunque este sea tan solo un nuevo comienzo…

  • Próxima parada… Guayaquil

    La próxima semana tendré el gusto de volver a cruzar el Atlántico y viajar, en esta ocasión, a Ecuador. Invitado por la Escuela Superior Politécnica del Litoral, ESPOL, uno de los centros más prestigiosos de educación superior del país, situado en la bella ciudad de Guayaquil, estaré impartiendo un intenso curso sobre Modelos de Negocio Electrónicos en el marco de su Maestría en Gestión y Diseño Web.

    En el curso desarrollamos en profundidad las diferentes opciones que se abren con el uso intensivo de Internet para las empresas. Tanto desde la adaptación de los modelos de negocio existentes como desde la aparición de modelos de negocio exclusivos en Internet, el curso pretende dar respuesta a las inquietudes que cualquier empresa, de nueva creación o tradicional, puede tener ante los retos que incorpora Internet.

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    El temario sobre el que vamos a trabajar durante la semana tendrá una parte de componente teórico pero lógicamente lo más importante será poder analizar decenas de casos prácticos y de ejemplos de empresas españolas y latinoamericanas. El guión de las sesiones que tendremos será el siguiente:

    Lunes 13 de abril

    Presentación del curso

    Características de la Era Digital

    El cambio en la vida de los usuarios de Internet y su aplicación a los nuevos modelos de negocio

    Nuevos comportamientos asociados al mundo digital

    El perfil del Internauta: Mundial, LATAM y Ecuador

    Martes 14 de abril

    Los modelos de negocio en Internet

    Modelos de venta directa en Internet

    Modelos de adaptación de la venta por catálogo en Internet

    Principales plataformas de e-Commerce

    Caso práctico B2C: Naranjas Lola

    Miércoles 15 de abril

    Modelos de negocio basados en el intermediación

    Modelos de negocio basados en la publicidad

    Principales plataformas online

    Caso práctico intermediación/C2C: Mercado Libre

    Jueves 16 de abril

    Modelos basados en la entrega de información

    Modelos de generación de ingresos a través de afiliados

    Modelos de negocio basados en la generación de comunidad

    Caso práctico consumo colaborativo: Plataformas Multilaterales

    Viernes 17 de abril

    Modelos de negocio basados en la suscripción

    Modelos de negocio basados en la utilidad

    Resumen de los diferentes modelos y preguntas clave

    Caso práctico B2B: Pagos con Bitcoin

    Sábado 18 de abril

    Seminario trabajo en equipo para desarrollo de plan de negocio

    Domingo 19 de abril

    Presentación informe ejecutivo del modelo de negocio a todos los equipos

    Prueba escrita individual

    Resumen y conclusiones

    Así pues, siete días por delante para trabajar a fondo como profesor invitado y también para poder disfrutar conociendo una pequeña parte de Ecuador, así como a un gran número de profesionales muy interesados en mejorar su formación para lograr incrementar el progreso hacia el que Latinoamérica se ha embarcado ya hace años.

     

     

  • Curso de Inbound Marketing en Palma de Mallorca

    El próximo 18 de marzo volveré a Palma de Mallorca a impartir una sesión de formación de un día completo. En este caso nos centraremos en uno de los aspectos que están llamando más la atención a las empresas: el Inbound Marketing. El curso tiene un programa realmente extenso y creo que muy interesante y está limitado a 25 plazas. Los interesados en asistir o en acceder a más información pueden hacerlo en este enlace.

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    Será un placer volver a Palma, donde los últimos meses estoy conociendo a directivos que están haciendo un gran esfuerzo y obteniendo excelentes resultados en sus estrategias de marketing online.

  • Cursos de Marketing y Social Media en Mallorca e Ibiza

    Nuevamente tengo el placer de acudir a Palma de Mallorca y, en este caso también, a Ibiza, para impartir un Curso de Marketing en Internet y Social Media. En Palma de Mallorca la cita será el día 10 de diciembre y en Ibiza justo una semana más tarde, el 17 de diciembre.

    El curso tiene una duración de 7 horas y en el revisaremos a fondo todas las posibilidades que se abren para las empresas con el uso de las plataformas sociales. Además incidiremos en los últimos datos y las últimas novedades de las redes sociales más utilizadas así como analizaremos ampliamente las opciones existentes para la puesta en marcha y el seguimiento de campañas de marketing en la red que resulten eficaces y eficientes.

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    Como es habitual, al tratarse de cursos limitados a pocos asistentes, la acción formativa se sitúa a caballo entre la formación y la consultoría, de forma que el rendimiento sea máximo para todos los que acudan.

    Si estás interesado en participar o conoces a alguien que pueda encontrarse en esa situación, visita este enlace, en el que podrás obtener mayor información así como hacer la inscripción online

  • Curso de Marketing en Internet y Social Media en Mallorca

    El verano empieza a dar sus últimos coletazos y la vuelta al trabajo también ofrece posibilidades para recuperar la formación, siempre tan necesaria.

    Hace unas semanas estuve impartiendo en Palma de Mallorca un curso de Social Media y de nuevo el 24 de septiembre estaré en esa bella ciudad al frente de un curso un poco más amplio en esta ocasión. No solo hablaremos sobre Social Media sino que también dedicaremos un tiempo importante de la sesión a revisar los aspectos fundamentales de SEO y SEM así como las últimas novedades relacionadas con el marketing digital.

    La imagen promocional incorporada originalmente en esta entrada ya no está disponible desde su dirección histórica.

    El curso tendrá una duración de 7 horas, en una única sesión y está planteado para un número máximo de 25 personas. Como es habitual en todos los programas de formación en los que tengo la suerte de participar, el objetivo es que todos y cada uno de los asistentes puedan obtener respuestas a las preguntas y dudas de su propia organización y su negocio. A caballo entre la formación y una breve consultoría, intentamos siempre que el curso resulte altamente personalizado para todos los asistentes.

    Si estás interesado en acudir visita este enlace en el que podrás ver toda la información del programa así como este otro en el que podrás hacer la inscripción online.

    No tardes, quedan muy pocas plazas….

    Nos vemos en Palma!!!!

  • Curso de Marketing en Redes Sociales (Nueva fecha)

    En muchas ocasiones tengo la posibilidad de impartir cursos sobre Marketing en Internet y sobre Social Media, pero normalmente son cursos cerrados, bien a empresas, bien en el ámbito del programa de alguna escuela de negocios. Innumerables veces me han preguntado si se podía asistir a los mismos pero normalmente la respuesta ha sido siempre negativa, no por no querer que hubiera más asistentes, sino por las peculiares condiciones del curso en cuestión.

    El próximo mes, el día 16 de julio estaré en Palma de Mallorca impartiendo un Curso de Marketing en Redes Sociales organizado por Balear de Servicios y por la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares. El curso, aunque limitado a 25 asistentes, está abierto a todo aquel que quiera acudir.

    Durante todo el día estaré mostrando las posibilidades que tienen las redes sociales para empresas de todos los sectores y tamaños, cómo llevar adelante una estrategia de éxito en las mismas y todo desde un punto de vista eminentemente práctico.

    El curso tiene un precio bastante ajustado y además es bonificable a través del sistema de bonificación de la seguridad social. Si quieres obtener más información, ver el programa e inscribirte lo puedes hacer en este enlace.

    No tardes, recuerda, solo hay disponibles 25 plazas…

  • Una carrera docente hacia ninguna parte

    En 1993 me puse por primera vez delante de una clase. Hacía menos de un año que había terminado mi carrera (Historia) y trabajaba como becario en el otrora Centro de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Me propusieron impartir «Civilización y Cultura Española», una asignatura que básicamente era una historia de España condensada, a alumnos de la Universidad de Bowling Green (Ohio) y ahí empezó mi recorrido como profesor. Entre 1993 y 1996 tuve alumnos de Bowling Green, de Alabama State University y de Florida International University que sufrieron mi bisoñez como docente. Con ellos aprendí que dar clase me gustaba. Pero dado que la situación era cada vez más difícil, que apenas cobraba 50.000 pesetas (300 €) y que todo el mundo me decía que no había futuro en la universidad, en marzo de 1996 abandoné la que había sido mi casa desde que empecé mis estudios universitarios.

    A los pocos meses comencé a trabajar en un banco, BBV Finanzia. Mi labor era sencilla: recorrer España de arriba a abajo formando a las empleadas de ZARA en las bondades de su medio de pago. Durante dos años viajé sin parar y tuve centenares de «pruebas piloto» (así llamábamos a las sesiones de formación con toda la plantilla). Me curtí delante de personas que no tenían ningún interés en lo que un tipo de un banco iba a contarles y aprendí muchos recursos para tratar de mantener la atención, al margen de olvidar usar el mínimo papel con notas en el tiempo que duraba la reunión. A partir de 1998, en una de esas promociones «horizontales» que tanto gustan en las grandes empresas (diferentes ocupaciones, mismo sueldo) pasé a formar a la red de comerciales de nuestro banco. No era mi ocupación principal, pero sin duda era la que más disfrutaba.

    En 2000, sin poder soportar más el mundo de la banca, decidí montar una empresa de Marketing en Internet. Negocio tuvimos muy poco pero pude empezar a dar formación de Marketing en Internet en muchas de las escuelas de negocio que por aquellos días veían en los Masters en eBusiness la piedra filosofal. IDE-CESEM, TRACOR, IEDE, BAI, fueron algunos de los centros en los que pasé horas y más horas impartiendo cursos.

    En 2001 un cliente (realmente el único que habíamos tenido) me tanteó para que me uniera a su empresa como Director de eLearning. Tras la caída de las «punto com» la formación online parecía el negocio del futuro y había que coger buena posición de salida. Acepté, con el compromiso de poder seguir impartiendo cursos en Masters. A finales de aquel año empecé a dar clase online en CEPADE (Universidad Politécnica de Madrid).

    En 2002, absolutamente convencido de que lo único que realmente me llenaba era la formación conseguí encontrar trabajo en la Universidad Pontificia de Salamanca (campus de Madrid). En la Facultad de Informática empecé a dar clase de Dirección Comercial y Marketing, Dirección de Operaciones y Control de Gestión. Con el paso de los años se irían sumando las clases de Sistemas de Información y Gestión del Conocimiento así como, en la Facultad de Sociología de la misma universidad, las de Comercio Electrónico y Marketing en Internet. Además continuaba dando clase en IEDE, en algún Master de la Universidad Complutense de Madrid, en CEPADE y en la recién creada Industriales Escuela de Negocios de la Universidad Politécnica de Madrid.

    En 2006 empecé a dar clase en la Universidad Europea de Madrid. Impartía las asignaturas de Comercio Electrónico y Gestión del Conocimiento. Durante dos años era rara la semana que no impartía más de 30 horas de clase. Apenas tenía tiempo para saltar de la Europea a la Pontificia y llegar a tiempo a clase (jamás llegué tarde) y de ahí salir pitando a alguna escuela de negocios o a sumergirme en el campus virtual de alguna de las decenas de cursos que, con el eLearning cada vez más asentado, iba aceptando.

    Fue en 2008, con la Facultad de Informática de la Pontificia de Salamanca ya casi sin alumnos, cuando decidí centrarme solo en la Europea de Madrid. Además de las asignaturas que ya impartía empecé a dar otras con nombres tan originales como Gestión de Sistemas Sanitarios (básicamente Economía de la Empresa) y otras similares. Básicamente la materia de Dirección de Empresas. Tenía alumnos de Economía, ADE, Derecho, Marketing, Turismo, Industriales, Telecomunicaciones, Ingenieros de Caminos, Arquitectos, Ópticos, Podólogos, Fisioterapeutas… Ya se sabe, universidad enfocada a la empresa y asignaturas transversales…

    2010 fue un año difícil, puesto que además de todas las horas de clase supuso mi calvario para defender la Tesis Doctoral. Una Tesis en la que tras años de trabajo enfocado en la innovación educativa, intentaba dar un giro a mi carrera docente. Apostaba por la Tecnología Educativa y por el campo de la Educación. Quemado tras tantas horas de clase supuse que el siguiente paso lógico era realizar un postdoc, período en el que afianzar los conocimientos y trabajo de la Tesis. Y ese postdoc debía hacerse por fuerza fuera de España, para así incorporar la experiencia internacional. En 2011 me incorporé al Euro-Mediterranean University Institute de la Universidad Complutense de Madrid como responsable de su campus de Malta. Lo hice sin cobrar un solo céntimo, sufragándome la estancia con mis ahorros. Y pocos meses después de llegar a Malta conseguí una beca postdoctoral en Eslovaquia, que me mantuvo a caballo de Bratislava y Malta durante un trimestre. Fue año y medio en el que mensualmente regresaba a Madrid para impartir algún curso de formación continua, y en el que tuve la ocasión de formar tanto en Tecnología 2.0 para Formadores como en Social Media a decenas de directivos y cuadros intermedios de empresas de todos los sectores imaginables.

    En 2012, tras la promesa de la incorporación a una «nueva» universidad privada regresé a España. Apenas llevaba un mes en nuestro país cuando sospechosamente se me cerraron las puertas de la misma. Sin trabajo, sin expectativas de encontrarlo, probé suerte en Colombia y en febrero de 2013 me incorporaba a la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

    Tras unos meses en Colombia, por razones que no vienen al caso, decidí volver a nuestro país. Imaginaba que con más o menos fortuna de mi parte, encontraría algún centro educativo que estuviera interesado en contratarme. Pero pasaron meses y más meses y este centro nunca apareció. Hoy mantengo mis clases en CEPADE, algún curso en BAI e incluso alguna incorporación nueva a la larga colección de sitios donde he impartido clase como ESERP, donde daré un breve curso de seis horas en unas semanas. Sigo impartiendo cursos online, aunque lógicamente no puedo vivir de ello. Se han convertido en un pasatiempo para seguir sintiéndome profesor. Para no enfrentarme a la cruda realidad de que toda esta carrera me ha llevado a ninguna parte.

    Todo este largo post es tan solo un ejercicio de autoindulgencia. Me sé de sobra mi vida pero verlo así, escrito como si fuera el largo curriculum de un profesor que no encuentra acomodo en un centro educativo hace que tenga que reflexionar. En algún punto de mi vida debí equivocarme. Tal vez eligiendo una profesión tan bella como ingrata en estos tiempos. Han sido miles de horas de clase, más de 10.000 alumnos, decenas de aulas para, hoy, encontrar que mi carrera no ha llegado a ningún fin. Estoy fuera de la universidad, no puedo vivir de la educación y no hay esperanza ni a medio ni a largo plazo de que esto vaya a cambiar.

    Si tu que lees esto estás pensando en ser profesor universitario no te equivoques como yo. Evita moverte jamás de la universidad en la que te has formado. Búscate a un catedrático que tenga poder, que esté bien situado. Y no le dejes en ningún momento. Sé siempre con él positivo y jamás se te ocurra plantear esas zarandajas de la movilidad. Si todavía te falta tiempo para acabar la carrera, recuerda: el Máster y el Doctorado hazlo en el Departamento en el que hayas caído mejor. Apúntate a todos los cursos que puedas, siempre que estén cercanos a tu universidad. Ni se te ocurra plantearte un postdoc. Moverte significará que no podrás volver. No hagas caso cuando te digan que es lo mejor para tu carrera académica. Te mienten. Acepta sin rechistar ni criticar cualquier posibilidad que te ofrezcan, incluso escribir lo que otros firmen. No seas tan zoquete de pensar que tu vas a hacer que cambie la Universidad. Hay cosas que nunca cambian. Hay cosas que nunca cambiarán…

  • Infoxicación… ¿Convertir en mito lo inexistente?

    Corría el mes de octubre de 1987 y mi primer día de clase en la Facultad cuando cuatro profesores de asignaturas distintas, Prehistoria, Historia Antigua, Historia Medieval y Geografía General acababan de hacer la presentación del curso. Cada uno de ellos nos había dado cerca de veinte páginas mecanografiadas con referencias bibliográficas para los primeros temas. Nos miramos sorprendidos y una compañera, muy indignada, preguntó al último de los profesores “¿Nos tenemos que leer todo esto? ¡Es imposible!”. Su respuesta fue muy simple: “Haced lo que queráis. Si preferís tener solo mi visión, muy bien, pero la palabra Universidad deriva de Universo y de Universal…”.

    Durante aquellos años, en los que las aulas de Alcalá fueron mi casa, no dejé de acudir a la biblioteca con listados enormes de bibliografía. Consultaba las referencias que existían. Tomaba notas en algunos casos y en otros tan solo ojeaba por encima el libro en cuestión. Una infinidad de ellos no estaban disponibles y suponía un suplicio poder acceder a aquella referencia que parecía interesante.

    A mediados de los noventa empecé a usar la Web. La promesa de encontrar todos los contenidos en una biblioteca universal y de fácil alcance todavía estaba muy lejos de hacerse realidad. Apenas existían esos contenidos. Y no era sencillo llegar a ellos. La teórica gigantesca biblioteca era más bien una biblioteca de barrio y sin catalogar. Aunque poco a poco iba incrementando sus fondos y, de manera asombrosa, estos empezaban a ser cada vez más asequibles.

    Como amante de la ciencia ficción soñaba con el mundo tecnológico que Gibson en Neuromante avanzaba. Un mundo en el que las fronteras de lo físico y lo virtual se desvanecían con sencillez. En el que lo mejor y lo peor era posible. Y entre mis lecturas apocalípticas de aquellos años llegó a incluirse un libro que tiempo después cobraría mucha fama, «El Shock del Futuro» (Future Shock), de Alvin Toffler. Desde un punto de vista casi neoludita Toffler advertía contra los riesgos del incremento exponencial de la información, que llevarían a graves desórdenes psicológicos en los individuos. Recuerdo pensar divertido que aquella era una forma muy conservadora de entender el sueño de un espacio en el que la mítica biblioteca de Alejandría se convirtiera en realidad.

    Cuando en 2000 Alfons Cornella lanzó en término “Infoxicación” (el entrecomillado es mío aunque FUNDEU recomiende su uso) en una ya famosa conferencia no estuve del todo de acuerdo con él. Sí en un aspecto: que tener mucha información no era sinónimo de tener mayor conocimiento. Si la información no es procesada, asumida e integrada para actuar el conocimiento no se genera. Es por ello que hoy siga pensando que no vivimos en una Sociedad de Conocimiento, como tantas veces de forma acrítica se plantea.

    Pero Cornella en aquel escrito volvía a plantear una serie de aspectos, reales ciertamente, como el incremento de las fuentes de información, unidos a la asunción de problemas que, por otro lado, no tenían por qué producirse: falta de productividad personal, sobrecarga, dificultad de acceder a la información y lo que él consideraba como un gran problema, la serendipia (chiripa en español castizo).

    Internet siguió su camino y pronto acabamos acuñando el término Web 2.0 para englobar el conjunto de tecnologías que cambiaron la forma de actuar en Internet en los primeros años del siglo. En muy poco tiempo la capacidad de publicar cualquier contenido en Internet se democratizó. Surgieron los blogs y las redes sociales. Y cientos de servicios que permiten a cualquiera con una conexión a Internet hacer público cualquier cosa, cualquier pensamiento, cualquier banalidad o cualquier genialidad. Incrementando el flujo de contenidos hasta volúmenes impensables. Y de nuevo volvieron a surgir críticos y apocalípticos. Andrew Keen atacaba sin piedad los nuevos tiempos en lo que él considera casi intolerable: el triunfo de lo amateur frente a los garantes de la calidad. Y poco después Nicholas Carr nos alertaba a todos de los peligros que la nueva forma de acceder a tanta información tiene. Básicamente, según Carr, Internet y Google nos está volviendo imbéciles. De nuevo la gran amalgama entre inmensos volúmenes de información y, en este caso, poder acceder a ellos, es considerado como algo profundamente nefasto que, lejos de poder hacer mejorar nuestra inteligencia y conocimiento, nos convierte en sujetos torpes y ciudadanos acríticos.

    Pero ¿realmente estamos “infoxicados”? Yo personalmente creo que no. Por más que miro a mi alrededor, a compañeros de trabajo, a amigos o a familia, no encuentro esos síntomas terribles que auguran tantos autores. No observo una obsesión por abarcar toda la información que está al alcance de un clic. Ni stress por no conseguirlo. En determinadas circunstancias, como por ejemplo el MOOC en el que estoy participando, puede darse cierta sensación de vértigo ante una avalancha de posibilidades de incorporar la tecnología a la educación. Pero estoy convencido de que esa sensación se desvanece cuando la pantalla se apaga. Accedemos a la información que nos interesa sin mayor problema. Y con la ventaja de que hoy no supone tanto suplicio como hace algunos años, cuando simplemente no estaba a nuestro alcance.

    ¿Tanta información es garantía de calidad? En absoluto. De la misma forma que se ha incrementado hasta lo insondable el flujo de información, la basura cibernética también se ha reproducido. Pero basura siempre ha habido. Cada vez que pienso en ello recuerdo el episodio del Quijote con la quema de libros de caballería. El problema es que lo que para Cervantes fue una metáfora para algunos, personas y, especialmente empresas, parece ser un objetivo a perseguir.

    Hoy Google “piensa” por nosotros y por eso cada día filtra más los contenidos que nos sirve cuando realizamos una búsqueda. La gigantesca red social Facebook decide por su cuenta qué es lo que nos interesa, mostrándonos lo que su algoritmo, siempre cambiante y siempre tan “adaptativo” cree que es lo que necesitamos. Eso sí, convenientemente sazonado de posibilidades comerciales para «llegar a más personas».

    Tenemos ciento y un sistemas para crear filtros. Para leer solo lo que nos interesa. Olvidando que tal vez lo que necesitemos esté fuera de esos filtros. ¿Son cómodos? Sin duda. ¿Útiles? Depende. Del usuario. Y de con qué los esté alimentando. No me considero idiota y creo tener el suficiente sentido común para diferenciar entre la basura y el oro. Y cuando consumo basura quiero poder hacerlo sin que nadie me diga que no debo o, peor aún, decida qué basura puedo o no consumir. En definitiva, podemos usar filtros para acceder a la información. Aplicaciones o programas cambiantes. Dejarnos guiar por aquellos que nos aportan cosas positivas e intentar hacer nosotros lo propio (mediante sistemas que permiten llevar a cabo ese horrible concepto mal traducido de la «curación de contenidos«). Pero si clamamos permanentemente contra el supuesto exceso de información y sus presuntos males estaremos haciéndolo sin darnos cuenta contra nuestra propia libertad de elegir y de crear un criterio cada vez más amplio.

    No me gustan los filtros. No me gusta que nadie piense y decida por mí. Quiero poder acceder a toda la información del mundo. Quiero que esté toda disponible. No quiero sentirme como aquel primer día de clase cuando bajé a la biblioteca y descubrí que menos del uno por ciento de las referencias bibliográficas estaban accesibles. Y como profesor no quiero que unos pocos de mis alumnos hagan resúmenes de lo que se habla en clase para pasárselo al resto. Odié a muerte aquellos profesores que exigían “sus apuntes” y generaban el trabajo de unos pocos que copiaban y otros muchos que fotocopiaban. Quiero que mis alumnos tengan a sus pies toda la información. Toda. Que generen sus propias estrategias para acceder a ella. Que decidan qué les es más válido y qué no sirve para nada. Que logren mejorar su sentido crítico que, hoy, sinceramente , es más fácil que cuando la información era poca y en muchos casos sesgada.

    Creo que Internet, con todos sus riesgos, con todos sus problemas, con todos sus fallos, es la herramienta que puede hacerlos mejorar como ciudadanos. Por muy inmenso trabajo que esto pueda parecer…