Etiqueta: Docencia

  • ¿Por qué cuesta tanto ser profesor universitario en España?

    En infinidad de ocasiones me preguntan en mi entorno, mis conocidos, familiares, amigos, alumnos, sobre mis vivencias en la universidad española. En este blog ya he publicado en varias ocasiones mis cuitas en la universidad. Muchas de ellas tienen que ver con la dificultad de acceso a ellas: las acreditaciones, la endogamia, la falta de posibilidades profesionales… Pero hablar de mi visión de la universidad española, de sus problemas y algunos de sus retos, sería casi imposible desarrollarlo en este blog. O al menos debería realizar tantos posts que acabaría por resultar tedioso para todos los que os dejáis caer de vez en cuando por aquí.

    Hace unos días Víctor Cuevas, un profesor al que tengo el placer de conocer desde hace ya bastantes años, contactó conmigo para grabar un podcast sobre la universidad. Durante una larguísima conversación, sin preocuparnos por el tiempo, charlamos sobre la universidad, sobre el acceso a la función docente, sobre la innovación o falta de ella en nuestras universidades públicas. Creo que es la conversación más pausada que he tenido sobre la universidad en mucho tiempo. El episodio del podcast es un poco largo pero desde luego, en este caso, es la mejor forma de saber qué es lo que opino de la situación de la educación superior en nuestro país. Con completa honestidad por parte de Víctor y mía y tratando de tocar todos los palos, sin tener ningún pelo en la lengua ante un tema que puede ser tan arduo como complejo y abrir ampollas.


    Quiero agradecer a Víctor su esfuerzo en la grabación y la edición del podcast. La verdad es que cuando lo he escuchado me ha embargado el pesimismo. Mucho más que cuando releo alguno de mis escritos sobre el tema. Pero tal vez, si empezamos a hablar más de la universidad, de forma crítica y con intención de cambiarla radicalmente, podamos conseguir ese cambio algún día…

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    Ah, además de hablar de la universidad no dejamos de lado comentar nuestras pasiones: por supuesto la radio y mi programa Corsarios del Metal así como mi web Red Hard´n´Heavy estuvo presente al final de nuestra conversación.

     

  • El camino más duro: conseguir la acreditación ANECA

    Hace casi 25 años, en mayo de 1991, decidí ser profesor de universidad. En aquellos días estudiaba 4º de carrera y mi profesor de la asignatura de Historia Contemporánea me animó a ir por esa vía que entonces no llegué a imaginar que fuera tan difícil. Por entonces yo pensaba que en unos pocos años, tras trabajar de forma precaria en mi universidad y al mismo tiempo hacer el doctorado, sería factible «quedarse» en ella como docente. Me puse manos a la obra y comencé a desarrollar mi trabajo en la Universidad de Alcalá. Durante cuatro años realicé tareas de gestión y me enfrenté a mis primeras clases. Como joven licenciado en historia impartía aquellas asignaturas que menos se valoraban, las que tenían que ver con la «Civilización y Cultura de España» a los alumnos de Estados Unidos que acudían a nuestra universidad. Ellos sufrieron mi bisoñez y mis primeros años docentes y desde la distancia les agradezco que fueran los que me hicieron confirmar mi amor por la docencia.

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    Tras cuatro años y sin posibilidad de lograr algo más que un mísero contrato de becario, decidí abandonar. Mediaban los noventa y necesitaba ampliar mis conocimientos y mi formación. Y la mejor manera que encontré fue empezando a trabajar en el sector financiero, en el área de marketing. Aquellos años en los que la web nacía y en los que de forma autodidacta me formé sobre el marketing online y el comercio electrónico me sirvieron para darme cuenta de que lo que realmente me hacía feliz era estar delante de una clase. Desde 1996 hasta 2000 sustituí las clases regladas por cientos de horas de formación a la red de comerciales con la que trabajaba mi empresa y finalmente, en los albores del cambio de milenio, volví a la docencia reglada: era el momento de empezar a enseñar a otros lo que yo había aprendido en la práctica. Decenas de clases en masters de todo tipo se acumulaban cada mes. Entre 2000 y 2002 tuve tantos alumnos en asignaturas como «Marketing Online», «Modelos de negocio digitales» o «Comercio electrónico» que por fortuna me siento partícipe del cambio que la web acabó produciendo en nuestras vidas.

    En 2002 me llegó por fin el momento de regresar a la universidad como profesor. De la mano de Luis Joyanes, decano por entonces de la Facultad de Informática de la Universidad Pontificia de Salamanca, en su campus de Madrid. Él confió en mi y de la noche a la mañana me vi enseñando una infinidad de asignaturas relacionadas con la gestión de las organizaciones. Mis alumnos, estudiantes de último año de Ingeniería Informática me ayudaron a entender mejor que la tecnología debía ser tan solo un medio, no un fin en si mismo. Tanto para las empresas como para la educación y, a día de hoy, sigo en contacto con muchos de ellos, feliz de ver cómo sus carreras se han ido desarrollando bien, independientemente de la época de crisis que nos ha tocado vivir.

    2008 me llevó a cambiar de universidad. En este caso, tras la caída en el número de alumnos y la posible disminución de las horas de docencia, la elegida fue la Universidad Europea de Madrid. Con una filosofía diferente al resto de universidades, en la UEM desarrollé tantas horas de docencia como fue posible. A día de hoy todavía me pregunto cómo pude terminar la tesis doctoral con tantas clases. Pero aún así lo hice. Y de nuevo mis alumnos fueron clave para ello, participando en mis investigaciones y con un apoyo incansable. Tanto que cuando yo sentía desfallecer eran ellos los que me apoyaban para que continuara.

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    Tras mi doctorado fue momento de realizar un postdoc. Y como lo más interesante era obtener experiencia internacional, este lo realicé entre Malta y Eslovaquia. Sin apenas financiación, viviendo de los ahorros y de cursos de formación continua que iban saliendo, lo más duro fue la vuelta a España. Marcharse de la universidad es cerrar puertas que resulta imposible volver a abrir. Tanto es así que volví a emigrar. En esta ocasión, en 2013, a Colombia, donde logré ganar una plaza de Profesor Titular en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Por cuestiones personales tuve que regresar al poco tiempo, aunque afortunadamente mantengo parte de mi docencia allí como profesor en la modalidad online.

    Los últimos años han sido de más y más horas de cursos de formación continua. Y de incorporarme a la Universidad Internacional de La Rioja, a U-Tad, con contratos temporales y a tiempo parcial, y de ser profesor invitado de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Ecuador. Clases y más clases, que apenas me permiten dedicar ratos a investigar, escribir y publicar. Sin duda una parte tan importante como la docencia pero que en mi caso se acaba viendo lastrada por la necesidad de tener que acumular horas y más horas de clase para poder pagar las facturas. De trabajar totalmente gratis para conseguir estar vinculado a un Instituto de Investigación. Y de soñar con poder vivir una vida de profesor universitario «normal».

    Y ahora, tras unas semanas de infinito agobio, por fin he entregado la solicitud de acreditación a ANECA. En España para poder ser profesor en la universidad pública existen varias posibilidades, pero todas ellas pasan por una acreditación que certifique tu valía. Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor y Profesor Titular de Universidad. Certificados que tan solo indican que puedes presentarte a una plaza, en el hipotético caso de que esta salga a concurso (recordemos que según ley actual, por cada 10 profesores que se jubilan solo se puede contratar a uno) y en el aún más hipotético caso de que la plaza no tenga «nombre y apellidos».

    Han sido semanas de reflexión ante una vida completa dedicada a la universidad. Días y noches de arrancarme los pelos por no haber pedido aquel papel que certificara tal o cual curso. Papeles y más papeles que ya son imposibles de conseguir. Jornadas de vértigo ante el inmenso trabajo de preparar dossieres infinitos que muestran tan solo una foto fija de toda una vida académica. Y ahora queda lo más duro, meses de espera rezando para que la resolución sea positiva. Para conseguir ese ansiado documento que diga que lo que he hecho hasta ahora ha sido algo más que perder el tiempo. Siempre he dicho que el lema de mi vida es «Life is a Journey, not a Destination» pero, por una vez, necesito llegar finalmente al destino, aunque este sea tan solo un nuevo comienzo…

  • Una carrera docente hacia ninguna parte

    En 1993 me puse por primera vez delante de una clase. Hacía menos de un año que había terminado mi carrera (Historia) y trabajaba como becario en el otrora Centro de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Me propusieron impartir «Civilización y Cultura Española», una asignatura que básicamente era una historia de España condensada, a alumnos de la Universidad de Bowling Green (Ohio) y ahí empezó mi recorrido como profesor. Entre 1993 y 1996 tuve alumnos de Bowling Green, de Alabama State University y de Florida International University que sufrieron mi bisoñez como docente. Con ellos aprendí que dar clase me gustaba. Pero dado que la situación era cada vez más difícil, que apenas cobraba 50.000 pesetas (300 €) y que todo el mundo me decía que no había futuro en la universidad, en marzo de 1996 abandoné la que había sido mi casa desde que empecé mis estudios universitarios.

    A los pocos meses comencé a trabajar en un banco, BBV Finanzia. Mi labor era sencilla: recorrer España de arriba a abajo formando a las empleadas de ZARA en las bondades de su medio de pago. Durante dos años viajé sin parar y tuve centenares de «pruebas piloto» (así llamábamos a las sesiones de formación con toda la plantilla). Me curtí delante de personas que no tenían ningún interés en lo que un tipo de un banco iba a contarles y aprendí muchos recursos para tratar de mantener la atención, al margen de olvidar usar el mínimo papel con notas en el tiempo que duraba la reunión. A partir de 1998, en una de esas promociones «horizontales» que tanto gustan en las grandes empresas (diferentes ocupaciones, mismo sueldo) pasé a formar a la red de comerciales de nuestro banco. No era mi ocupación principal, pero sin duda era la que más disfrutaba.

    En 2000, sin poder soportar más el mundo de la banca, decidí montar una empresa de Marketing en Internet. Negocio tuvimos muy poco pero pude empezar a dar formación de Marketing en Internet en muchas de las escuelas de negocio que por aquellos días veían en los Masters en eBusiness la piedra filosofal. IDE-CESEM, TRACOR, IEDE, BAI, fueron algunos de los centros en los que pasé horas y más horas impartiendo cursos.

    En 2001 un cliente (realmente el único que habíamos tenido) me tanteó para que me uniera a su empresa como Director de eLearning. Tras la caída de las «punto com» la formación online parecía el negocio del futuro y había que coger buena posición de salida. Acepté, con el compromiso de poder seguir impartiendo cursos en Masters. A finales de aquel año empecé a dar clase online en CEPADE (Universidad Politécnica de Madrid).

    En 2002, absolutamente convencido de que lo único que realmente me llenaba era la formación conseguí encontrar trabajo en la Universidad Pontificia de Salamanca (campus de Madrid). En la Facultad de Informática empecé a dar clase de Dirección Comercial y Marketing, Dirección de Operaciones y Control de Gestión. Con el paso de los años se irían sumando las clases de Sistemas de Información y Gestión del Conocimiento así como, en la Facultad de Sociología de la misma universidad, las de Comercio Electrónico y Marketing en Internet. Además continuaba dando clase en IEDE, en algún Master de la Universidad Complutense de Madrid, en CEPADE y en la recién creada Industriales Escuela de Negocios de la Universidad Politécnica de Madrid.

    En 2006 empecé a dar clase en la Universidad Europea de Madrid. Impartía las asignaturas de Comercio Electrónico y Gestión del Conocimiento. Durante dos años era rara la semana que no impartía más de 30 horas de clase. Apenas tenía tiempo para saltar de la Europea a la Pontificia y llegar a tiempo a clase (jamás llegué tarde) y de ahí salir pitando a alguna escuela de negocios o a sumergirme en el campus virtual de alguna de las decenas de cursos que, con el eLearning cada vez más asentado, iba aceptando.

    Fue en 2008, con la Facultad de Informática de la Pontificia de Salamanca ya casi sin alumnos, cuando decidí centrarme solo en la Europea de Madrid. Además de las asignaturas que ya impartía empecé a dar otras con nombres tan originales como Gestión de Sistemas Sanitarios (básicamente Economía de la Empresa) y otras similares. Básicamente la materia de Dirección de Empresas. Tenía alumnos de Economía, ADE, Derecho, Marketing, Turismo, Industriales, Telecomunicaciones, Ingenieros de Caminos, Arquitectos, Ópticos, Podólogos, Fisioterapeutas… Ya se sabe, universidad enfocada a la empresa y asignaturas transversales…

    2010 fue un año difícil, puesto que además de todas las horas de clase supuso mi calvario para defender la Tesis Doctoral. Una Tesis en la que tras años de trabajo enfocado en la innovación educativa, intentaba dar un giro a mi carrera docente. Apostaba por la Tecnología Educativa y por el campo de la Educación. Quemado tras tantas horas de clase supuse que el siguiente paso lógico era realizar un postdoc, período en el que afianzar los conocimientos y trabajo de la Tesis. Y ese postdoc debía hacerse por fuerza fuera de España, para así incorporar la experiencia internacional. En 2011 me incorporé al Euro-Mediterranean University Institute de la Universidad Complutense de Madrid como responsable de su campus de Malta. Lo hice sin cobrar un solo céntimo, sufragándome la estancia con mis ahorros. Y pocos meses después de llegar a Malta conseguí una beca postdoctoral en Eslovaquia, que me mantuvo a caballo de Bratislava y Malta durante un trimestre. Fue año y medio en el que mensualmente regresaba a Madrid para impartir algún curso de formación continua, y en el que tuve la ocasión de formar tanto en Tecnología 2.0 para Formadores como en Social Media a decenas de directivos y cuadros intermedios de empresas de todos los sectores imaginables.

    En 2012, tras la promesa de la incorporación a una «nueva» universidad privada regresé a España. Apenas llevaba un mes en nuestro país cuando sospechosamente se me cerraron las puertas de la misma. Sin trabajo, sin expectativas de encontrarlo, probé suerte en Colombia y en febrero de 2013 me incorporaba a la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

    Tras unos meses en Colombia, por razones que no vienen al caso, decidí volver a nuestro país. Imaginaba que con más o menos fortuna de mi parte, encontraría algún centro educativo que estuviera interesado en contratarme. Pero pasaron meses y más meses y este centro nunca apareció. Hoy mantengo mis clases en CEPADE, algún curso en BAI e incluso alguna incorporación nueva a la larga colección de sitios donde he impartido clase como ESERP, donde daré un breve curso de seis horas en unas semanas. Sigo impartiendo cursos online, aunque lógicamente no puedo vivir de ello. Se han convertido en un pasatiempo para seguir sintiéndome profesor. Para no enfrentarme a la cruda realidad de que toda esta carrera me ha llevado a ninguna parte.

    Todo este largo post es tan solo un ejercicio de autoindulgencia. Me sé de sobra mi vida pero verlo así, escrito como si fuera el largo curriculum de un profesor que no encuentra acomodo en un centro educativo hace que tenga que reflexionar. En algún punto de mi vida debí equivocarme. Tal vez eligiendo una profesión tan bella como ingrata en estos tiempos. Han sido miles de horas de clase, más de 10.000 alumnos, decenas de aulas para, hoy, encontrar que mi carrera no ha llegado a ningún fin. Estoy fuera de la universidad, no puedo vivir de la educación y no hay esperanza ni a medio ni a largo plazo de que esto vaya a cambiar.

    Si tu que lees esto estás pensando en ser profesor universitario no te equivoques como yo. Evita moverte jamás de la universidad en la que te has formado. Búscate a un catedrático que tenga poder, que esté bien situado. Y no le dejes en ningún momento. Sé siempre con él positivo y jamás se te ocurra plantear esas zarandajas de la movilidad. Si todavía te falta tiempo para acabar la carrera, recuerda: el Máster y el Doctorado hazlo en el Departamento en el que hayas caído mejor. Apúntate a todos los cursos que puedas, siempre que estén cercanos a tu universidad. Ni se te ocurra plantearte un postdoc. Moverte significará que no podrás volver. No hagas caso cuando te digan que es lo mejor para tu carrera académica. Te mienten. Acepta sin rechistar ni criticar cualquier posibilidad que te ofrezcan, incluso escribir lo que otros firmen. No seas tan zoquete de pensar que tu vas a hacer que cambie la Universidad. Hay cosas que nunca cambian. Hay cosas que nunca cambiarán…

  • Regreso a España…

    Tras mucho tiempo con Infoconocimiento abandonado, desde el momento en que escribía feliz que nos marchábamos a Colombia, retomo este espacio de reflexión que sé que siempre está ahí, esperando para que me enfrente con el papel (virtual) en blanco y publique mis reflexiones. Han sido pocos meses pero absolutamente provechosos. Desde el mes de marzo he tenido la oportunidad de conocer a gente maravillosa en la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Desde sus estamentos administrativos hasta los fantásticos compañeros de la Facultad de Educación. Juntos hemos trabajado muy duramente y hemos puesto en marcha una Maestría en Educación que estoy convencido va a significar un hito en la formación de profesores de Bucaramanga, de Santander y de Colombia. Nunca podré estar más agradecido a una universidad que nos lo ha dado todo y que nos abrió sus puertas de par en par para poder desarrollar en ella nuestro trabajo. Seguro que seguiré colaborando con ellos, aunque tenga que ser desde una distancia que, cada vez más, resulta muy pequeña entre nuestros dos países.

    Por determinadas circunstancias personales es momento de volver a hacer las maletas y regresar a España. Recordaba en mi último post que la situación española no llamaba precisamente a alegrías. De ahí que miles de jóvenes (y no tan jóvenes), formados, con muchas ganas de trabajar y desesperados, abandonen el país. Y en ese momento de desesperanza yo regreso a enfrentarme, nuevamente, a lo desconocido.

    De todas formas siempre he sido optimista. Lo que en estos días parece ser un contrasentido. Sé que cuando uno quiere, acaba por conseguir lo que anhela. Algo en lo que me ha enseñado a creer una estupenda compañera de la Facultad es que las cosas no pasan porque sí. Que al final todos encontramos nuestro rumbo…

    A partir de julio vuelvo a España. A intentar encontrar de nuevo un hueco en la selva que a veces parece que se ha convertido nuestro país. Volveré a desarrollar mi labor como formador independiente (me niego en rotundo a autodenominarme «emprendedor»), a continuar mi trabajo como investigador del Euro-Mediterranean University Institute, con la esperanza de conseguir la hasta ahora negada financiación necesaria para poner en marcha todos nuestros proyectos. Seguiré luchando por demostrar a la universidad española que puedo ocupar en ella un hueco. Y sobre todo regreso con la idea de que, pase lo que pase, la esperanza en que las cosas van a mejorar es algo a lo que no podemos renunciar.

    Así pues, vuelvo a casa….

  • Una Escuela mejor

    Esta mañana, nada más levantarme, gracias a un tweet de @victorabella he descubierto este precioso vídeo que ha hecho que se me salten las lágrimas.

    Sí, creo en la Escuela Pública. Creo que los maestros y los profesores hacen un trabajo fundamental. Que ellos son parte del futuro porque nuestros niños serán nuestro futuro.

    Educación. Educación y más Educación. Ahí nunca pensaré que todas las inversiones sean pocas. Por nuestro futuro, por el de todos….

  • Aula… 1.0

    Un año más llega a Madrid la feria del estudiante y la oferta educativa. Un año más AULA convierte un pabellón de IFEMA en un patio de colegio en el que cientos de chavales pululan entre stands de centros educativos buscando el boli gratis, los caramelos o el escapulario para el móvil. Cargados con inmensas bolsas llenas de folletos que irán de forma inmisericorde a la basura y un año más los orientadores de los centros recorren los stands recopilando papelería (algunos de ellos, afortunadamente minoritarios, exigiendo con no demasiadas buenas formas que el material preparado para los orientadores sea especial y que tenga «algún obsequio» por su trabajo).

    Suelo visitar la feria todos los años, para salir de la misma absolutamente frustrado. Cada año el volumen de expositores es menor, abandonando el «sarao» ante su falta de resultados y prefiriendo invertir en otras acciones de comunicación, más cercanas como las visitas a los centros, o más más «sonoras» como campañas en los medios de comunicación. Pero todavía colea como un reducto del siglo pasado.

    Pasar por AULA es enfrentarse al erial del marketing ombliguista. Enormes espacios en los que el ruido es ensordecedor, en los que mantener una conversación mínimamente interesante con un responsable de un centro es casi imposible y en los que el marketing promocional en su versión más cutre y chusca se convierte en el principal protagonista.

    Comprendo que la chavalería disfruta con AULA. Para muchos (la mayoría) es un día de excursión. Divertido y sin mayores pretensiones. Sus profesores y orientadores recorren con paciencia los espacios de las universidades viendo más de lo mismo, recuperando una información que no ha cambiado, ni en contenido ni en la forma de presentarse, en los últimos 15 años.

    Hablamos mucho de la Escuela 2.0, del uso de las tecnologías en el aula, de nuevas propuestas de valor de las organizaciones, utilizando los nuevos entornos de comunicación y colaboración. Pero ir a AULA nos hace darnos de bruces con la realidad más abrupta: nada cambia.

    ¿Tiene sentido AULA en estos tiempos? Desde el punto de vista del Marketing creo que no. No se si fue Peter Drucker el que dijo que el Marketing era demasiado importante como para dejárselo al Departamento de Marketing, pero cuando hablamos de Marketing Educativo esa reflexión se nos presenta en toda su crudeza. Tal vez algunos responsables de captación de alumnos pasan el año preparando su estancia de una semana en IFEMA. A lo mejor algunos orientadores de bachillerato o secundaria no son capaces de saber las opciones existentes para sus alumnos sino les dan una tonelada de papeles. Posiblemente no sea de recibo eliminar la pertinente excursión a un recinto ferial de los chavales tras la tensión de la última evaluación. Pero si todo eso pretende mostrar el camino a seguir por los centros educativos respecto a la relación con sus futuros»clientes» en el nuevo milenio no es difícil entender como les va a algunos centros en lo que respecta a la captación de nuevos alumnos.

    Ah, es verdad, que la universidad está cambiando… dicen….

  • Aprendiendo en la Red

    Tuve la ocasión de conocer a Antonio en un congreso en Málaga hace unos meses. Además de seguirnos mutuamente por Twitter es una persona con la que siento especial afinidad por la forma en que usa la tecnología tanto para su aprendizaje como para ayudar al de sus alumnos. Acaba de publicar una presentación en Prezi que reproduzco aquí, ya que no puedo estar más de acuerdo con ella, en todos sus puntos y con todas sus herramientas.

    Esta presentación histórica utilizaba un reproductor Flash de Prezi que ya no es compatible.

    A veces lo más simple es lo más sencillo… y efectivo!

  • Web Social y e-Learning

    Me ha encantado esta presentación de Esperanza Román, presentada el pasado mes de Octubre en Expocampus y realizada en Prezi.

    Esta presentación histórica utilizaba un reproductor Flash de Prezi que ya no es compatible.

    Tenemos tanto por aprender, tanto por investigar y tanto por poner en marcha que da gusto ver guiones tan claros. Podéis revisar su blog aquí…

  • Aplicaciones educativas

    Conozco la mayoría de las aplicaciones que se muestran en esta presentación, pero me parece tan bueno que Ana García Sans las haya resumido en una presentación, que creo que vale la pena reproducirlas aquí.

    Esta presentación utilizaba un reproductor Flash que ya no es compatible. Ver presentación en SlideShare

    Ahora se trata de usarlas en la medida de nuestras posibilidades y nuestros objetivos pedagógicos. Por posibilidades no será, no…

  • Cates de verano

    Todos los años por estas fechas me viene a la memoria el verano de 1983. A punto de cumplir los 15 años, había terminado 1º de BUP. O más bien estaba empezándolo en aquellos días, ya que salvo la Historia, la Gimnasia y la Etica había suspendido todo lo demás. En Conocimiento de AC/DC obtenía Matrícula de Honor y en Cultura sobre Heavy Metal me peleaba por superar el Sobresaliente, pero inexplicablemente no aparecían en el boletín de notas.

    Tras el consejo de guerra que se produjo en casa cuando llegué con el cerro de suspensos, los generales paternos decidieron aplicarme el corralito libertario, lo que supuso que durante dos meses casi no viera la luz del sol. Polinomios, límites, el Binomio de Newton, ecuaciones, trigonometría, combinatoria, gigantescos párrafos para analizar sintáctica, morfológica y semánticamente, las familias de los insectos, geología mezclada con el past perfect y de fondo la odiosa historia del gregoriano y la evolución de la música barroca. Horas y más horas encerrado metiendo en la cabeza contenidos para regurgitar en el temido septiembre. Preocupado por el concierto de Ten Years After y Obús y la forma de escaparme para ver mi primera actuación en directo de unos peludos perdidos en Aranda de Duero, un pueblo en el que jamás había habido otra cosa que gigantes y cabezudos.

    No teníamos Internet. Ni ordenadores. Si queríamos jugar al Invaders teníamos que buscar un bar que tuviera «maquinitas». Lo nuestro eran los flippers, el futbolín y el billar. Las tardes en las que se podía salir escapando de la vigilancia de los generales nos sentábamos en un banco con unas pipas, un litro de cerveza y unos Fortunas de a duro la unidad (aunque los Ducados de a dos el duro también triunfaban). Escribíamos canciones que nunca serían interpretadas. Discutíamos sobre lo que no nos convencía de «La noche en que mataron a Calvo Sotelo» de Ian Gibson, ilusionados por haber conseguido un autógrafo suyo un día que le vimos perdido buscando el mítico restaurante El Corrales y tres adolescentes le acompañamos a cambio de una firma suya. Perdía el tiempo con «El Pincho», una novela de Arnaud de Borchgrave y Robert Moss que me habían regalado antes de que se supiera mi debacle estudiantil y que escondida entre los cientos de folios suponía mis momentos de descanso del «coñazo de estudiar».

    Aquel verano pasó volando y mágicamente en septiembre conseguí aprobarlo todo. O casi todo. Siempre me gustó llevar una colgando del curso anterior. Te hacía más «chachi» en la manada. En cualquier caso, aunque hubiera querido, el profe dictaba sus normas. Y en aquel curso la decisión fue que mi pelea con las subordinadas y los objetos indirectos requeriría un año extra de trabajo para sacarla.

    Todos estos recuerdos se agolpan en mi memoria cuando leo los resultados de la prueba de nivel de 3º de la ESO de Madrid, publicados ayer. No sé muy bien la razón. Han pasado tantos años y el mundo ha cambiado tanto que posiblemente no tenga derecho a enjuiciar a los chavales que hoy tienen 15 años. Tal vez porque al observar los exámenes que los alumnos han hecho, esas preguntas simples falladas de forma mayoritaria, uno tiende a sentirse mejor recordando el pasado. Mirando hacia atrás al menos puede ser consciente de que el zoquetismo es común a todas las épocas. Incluso aquellos profes nefastos que me martirizaron en BUP continúan hoy su labor.

    Solamente es necesario ver la quinta pregunta de la prueba de literatura: «¿Por qué crees que dice el protagonista “pero en mi corazón ya había anidado el dasasosiego”?». Una errata, ¿tan sólo? Una más que nos puede indicar hacia dónde vamos. Los chavales no son capaces de destacar en matemáticas y son mediocres en lengua. Bien, yo tampoco era un estudiante modelo. Y como yo, muchos otros. De forma que los temarios se ajustaron. Se recortaron. Se minimizaron. Tal vez sea eso lo que hay que volver a hacer. Y es que si sólo un 20 % de los estudiantes de 6º de Primaria sabe para qué sirve un termómetro, lo mejor será que dejemos de usar termómetros, ¿no?

    Algunos hablan de la Generación Einstein. Un concepto fantástico para vender libros. Seguro que esa obra es mucho más entretenida que Generación X, que a fin de cuentas sólo retrataba a una parte de los que nacimos a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Y como todo el mundo sabe Einstein fue un mal estudiante, pésimo en matemáticas y horrible en letras. Así que ya vale de preocuparnos. Esos datos de nuestros chavales comparados con nuestros recuerdos de adolescencia lejana son sólo «relativos»…