Categoría: Universidad

  • Motivos por los que hacer un máster en Social Media

    Hacer un máster en Social Media puede ser un paso definitivo para tener éxito en el ámbito profesional y, especialmente, para mejorar las habilidades como gestor de redes sociales en una empresa. Aquí te dejo 10 motivos por los que hacer un máster de estas características te puede ayudar a obtener un mejor recorrido académico y laboral:

    1. Aprendizaje especializado: Un máster en social media puede proporcionar una educación especializada y en profundidad sobre las estrategias, técnicas y herramientas más efectivas para gestionar y crear contenido para plataformas de redes sociales.
    2. Demandado en el mercado laboral: La demanda de especialistas en social media está en aumento y tener un título de posgrado puede hacer que su currículum se destaque en un campo altamente competitivo.
    3. Desarrollo de habilidades: Al cursar un máster en social media se adquieren habilidades en gestión de comunidades, análisis de datos, estrategia de contenidos, publicidad en línea, SEO, entre otros, lo que puede mejorar las habilidades técnicas y comerciales que se buscan en el mercado laboral.
    4. Comprender las últimas tendencias: Los programas de máster en social media suelen centrarse en las últimas tendencias y novedades en el mundo de las redes sociales, lo que permite a los estudiantes mantenerse actualizados sobre las últimas herramientas y técnicas.
    5. Desarrollo de redes: Al cursar un máster en social media, los estudiantes tienen la oportunidad de establecer contactos con otros profesionales de la industria, lo que puede ser valioso para encontrar oportunidades laborales y colaboraciones futuras.
    6. Experiencia práctica: Muchos programas de máster en social media ofrecen la oportunidad de trabajar en proyectos prácticos en los que los estudiantes pueden aplicar las habilidades y estrategias que han aprendido en el aula.
    7. Innovación empresarial: Los programas de máster en social media a menudo enseñan cómo aplicar las técnicas de social media a la innovación empresarial y pueden proporcionar a los estudiantes una comprensión más amplia de cómo las redes sociales pueden ayudar a las empresas a crecer y expandirse.
    8. Desarrollo de una marca personal: Los estudiantes que completan un máster en social media pueden mejorar su propia marca personal y ampliar su presencia en línea a través de las habilidades y estrategias que han aprendido.
    9. Capacidad para trabajar en diversas industrias: Un máster en social media puede ser útil para una variedad de campos, ya que muchas empresas y organizaciones están utilizando las redes sociales para promocionar sus productos y servicios.
    10. Crecimiento profesional: Un título de posgrado en social media puede abrir puertas a oportunidades de crecimiento profesional y ascensos en una empresa o industria.

    ¿No sabes todavía qué programa elegir? El Máster en Redes Sociales de la Universidad Internacional de La Rioja, UNIR, puede ser la mejor elección para ti. No dejes de visitar su web y de solicitar información.

  • Un mes para las elecciones: ¿La Universidad? Ah, esa cosa molesta…

    Falta un mes para que en España se celebren elecciones generales. Todo el mundo coincide en que esta cita electoral va a ser una de las más importantes de los últimos años. Tal vez porque el gobierno resultante de las mismas debe ser el encargado de llevar adelante la tan cacareada recuperación económica. O porque el escenario electoral presupone cambios en la composición del Parlamento. O simplemente porque es la coletilla que hay que decir o publicar mediáticamente en las vísperas de cualquier elección de un nuevo gobierno.

    En el próximo mes seguro que asistiremos a la avalancha de propuestas y promesas electorales, de uno u otro signo. Los partidos políticos nos sorprenderán con ese documento llamado «Programa Electoral» que suele asemejarse a una carta a los Reyes Magos. En la que lo único que no aparece es el carbón que tantas veces recibimos los ciudadanos. Esos programas que mezclan de forma alquímica ingredientes tan variados como confusos, para que finalmente la actuación de gobierno se desarrolle en el día a día «a como dé lugar»…

    ¿Cuáles son las propuestas de los principales partidos políticos para la universidad española? A un mes de las elecciones seguimos sin saberlas. Bien es cierto que la universidad es la eterna damnificada por comisiones y subcomisiones de expertos que desarrollan documentos que acaban por convertirse en papel mojado. Trabajos que acaban durmiendo el sueño de los justos sin que se tomen decisiones al respecto y que significan que la universidad continúe siendo un paquebote a la deriva. Expertos, de todos los colores. Opiniones, en medios especializados y en tertulias. Papeles, tan trasnochados como las viejas fichas amarillentas que todavía se ven en algunas aulas. Propuestas, pocas, sin concretar, sin discutir y, sobre todo, sin aplicar.

    elecciones20d¿Qué quieren hacer los partidos políticos españoles con la universidad española? ¿Qué piensan de la gobernanza de las universidades? ¿Cómo plantean afrontar las necesidades de financiación? ¿Cuál es la opinión acerca de los estudios de Grado o de Postgrado y su calidad o falta de ella? ¿Cuáles son los planteamientos acerca de los retos ante la enseñanza-aprendizaje universitario en la denominada «Sociedad del Conocimiento», desde el punto de vista del día a día? ¿Cuál debe ser el papel de la universidad ante estudiantes que no tienen nada que ver con los de hace décadas? ¿Qué pueden esperar los profesores de la universidad? ¿Cuál va ser ser carrera dentro de la misma? ¿Cómo va la universidad a afrontar el desarrollo y la transmisión de la ciencia y el conocimiento los próximos años? ¿Cuál debe ser el papel de las instituciones de la sociedad y del entorno, desde las empresas hasta las organizaciones sociales? ¿Quién debe participar en ello? ¿Cómo? En definitiva, ahora que tanto se habla de reformas, ¿qué reformas se proponen para la universidad y quiénes deben actuar como motor para desarrollarlas?

    En España tenemos 83 universidades, entre públicas y privadas. Es posible estudiar más de 2600 Grados y más de 3600 másteres. Más de un millón y medio de estudiantes están matriculados en las diferentes opciones. Y hay más de ciento quince mil profesores. Con un presupuesto global cercano a los diez mil millones de euros. Pero todo esto parece no ser lo suficientemente importante para las fuerzas políticas, TODAS, que nos pedirán, rogarán e incluso exigirán su voto durante las próximas semanas.

    La universidad es una de las piezas clave de un país. La educación lo es. Y la educación superior se convierte en el último proceso que permite a una nación tener personas y profesionales preparados para asumir los retos más complicados. Un país que no sea capaz de conseguir que su sistema universitario avance es un país con el freno atascando las ruedas motrices. Pero de nuevo nos encontramos ante la inanición de propuestas, de ideas, de debate. No necesitamos grandes planteamientos genéricos, como no me cabe duda de que aparecerán en esos panfletos electorales que están por llegar. Tenemos la imperiosa necesidad de saber qué es lo que se quiere hacer, en todos los aspectos. Y la garantía de que se tratará de llevar adelante.

    Seguiremos esperando hasta que, quién sabe, cuando los nuevos planteamientos lleguen sea demasiado tarde…

  • Reinvención

    Siempre he pensado que no es malo reinventarse académicamente. Al menos en mi caso ha sido una constante desde que terminé mi licenciatura en Filosofía y Letras (Geografía e Historia), allá por el año 1992. Después de trabajar en la Universidad de Alcalá como profesor de historia comencé a desarrollar mi labor profesional en el mundo del marketing y me formé en ese área hasta el punto de que a día de hoy sigo viviendo en buena medida de todo lo que aprendí en aquellos años. La mayoría de la docencia que imparto en la universidad tiene que ver con el marketing online y los negocios digitales, aunque también con el marketing tradicional, la gestión del conocimiento o la dirección de empresas.

    Cuando empecé a trabajar con mi tesis doctoral empecé a desarrollar buena parte de mi trabajo en el entorno de la educación y la tecnología que puede apoyar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y de hecho la mayor parte de mis publicaciones tienen que ver con la tecnología educativa, además de continuar impartiendo de vez en cuando docencia en ese campo de conocimiento.

    NubedePalabrasNube de palabras creada para una posible presentación como profesor en una primera clase de ELE. Actividad para la asignatura «Los textos literarios y los medios de comunicación en la clase de ELE»

     

    Pero este año sentí que era momento de dar una nueva vuelta de tuerca. Por eso, pese a que estaba enfrascado en el desarrollo de mi segunda tesis doctoral, sobre gobernanza universitaria, he decidido aparcar (temporalmente) ese proyecto y lanzarme a la aventura de cursar un máster en enseñanza de español como lengua extranjera. Algo que no tiene nada que ver con mi formación previa, puesto que mis conocimientos de lingüística son lógicamente muy limitados, ni con mi experiencia profesional, ya que nunca he enseñado español. Sin duda todo un desafío y también una sensación de vértigo ante el enorme trabajo que me espera los próximos meses. Ahora entiendo mejor a los cientos de alumnos de máster que he tenido durante estos años: el reto de llegar al final es mayúsculo. Pero el hecho de volver a ser alumno es excitante y motivador hasta niveles impensables.

    Durante los próximos meses en Infoconocimiento se hablará también de la enseñanza del español. Un campo que me resulta tan apasionante como complejo y al que espero poder aportar siquiera un granito algún día.

    Como siempre me gusta recordar, aunque no sea en español, «Life is a Journey, not a Destination…»

  • Educación para la innovación. Innovación en la educación

    Hace un par de años me enfrenté a un concurso público para la selección de profesor titular de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, en su Facultad de Educación. El proceso conllevó entrevistas personales, psicotécnicos, evaluación exhaustiva de mi curriculum y algo que me parece fundamental en cualquier selección de profesorado: una disertación pública ante un tribunal sobre un tema que la facultad propuso.

    Tras ganar la plaza, a los pocos meses tuve que renunciar a la misma por cuestiones personales, como ya he comentado en alguna ocasión en este blog. Pero no obstante, recordando aquellos días de tensión ante el examen que me iba a proporcionar una plaza de profesor titular, he caído en la cuenta de que no había compartido la presentación que utilicé.

    Obviamente se trata de una presentación de apoyo a la que le falta el contenido que fui desgranando en los cerca de 45 minutos que duró, tras los cuales se produjo un interesante turno de preguntas y respuestas sobre la misma. Pero creo que sigue estando de actualidad y que sigue marcando la vía por la que la educación ha de discurrir. Como docentes debemos innovar siempre. Y hemos de pensar que gracias a los procesos innovadores en la educación nuestras sociedades a su vez continuarán innovando para ser mejores.

    No dejemos de hacerlo. Aunque a veces pueda parecer que nos enfrentamos a una montaña de problemas, la satisfacción obtenida por nuestros alumnos será tan gratificante que, sin duda, merece la pena…

  • La reforma de las universidades públicas españolas I

    La universidad es una de las instituciones más antiguas del mundo occidental. Desde hace más de 900 años las universidades han sido parte fundamental en nuestras sociedades. Con cambios, a veces demasiado lentos, que les han permitido mantenerse como organizaciones garantes del saber, la ciencia y el progreso humano. Todavía hoy, inmersos en un mundo en el que todo muta a rápida velocidad, la mera palabra «universidad» nos evoca el concepto de lo universal, de la reflexión reposada, de la búsqueda de la sabiduría y del avance de los pueblos.

    La universidad ha sido el estadio último del aprendizaje durante siglos. Con todos sus problemas, muchas veces derivados del dogmatismo de sus gestores, otras muchas de su falta de medios y no menos por culpa de sus propias estructuras, que han frenado su rumbo más que acelerarlo. Pero ahí siguen, como parte fundamental de nuestras sociedades. Imbuidas aún en una aureola que las sigue haciendo punto de referencia del conocimiento en el imaginario colectivo.

    La idea de qué es lo que debe ser una universidad es tan amplia como aquel que la plantee. Si bien en los últimos años parece haberse integrado en nuestro entorno la visión de que la universidad debe ser sobre todo el espacio en el que se forman buenos profesionales, adaptados a las necesidades que demanda el mercado empresarial, convertido en un único y supuesto espejo de la sociedad. Los argumentos que refuerzan esta visión son autoconcluyentes: solo tiene sentido la formación superior para encajarse con lo que las empresas necesitan. Y hasta ahora parece, según algunos, que las universidades han hecho dejación de esta obligación. Ideas tan fútiles como que la universidad debe ser el espacio máximo de reposada reflexión ante el conocimiento, el entorno en el que las diferentes áreas de la ciencia se desarrollen, la organización que permita avanzar en el desarrollo humano y personal de estudiantes y profesores o una institución que integre y al mismo tiempo se convierta en actor modelador y con capacidad de transformación de los espacios territoriales en los que se asienta, parecen estar hoy trasnochadas.

    BoloniaEl sistema universitario español está compuesto por entidades públicas y privadas. 50 universidades son de titularidad estatal frente a las 37 (en junio de 2015) de titularidad privada. Dentro de las universidades privadas las hay de todo tipo: laicas y religiosas, grandes y pequeñas, con más o menos calidad… Partícipes legítimos de un sector, el de la educación superior, cada vez más liberalizado y en el que cada una de ellas se sitúa como considera conveniente, de acuerdo a las reglas del propio mercado educativo y, obviamente, a su misión, visión o posicionamiento estratégico. Con mayor o menor apoyo de las instituciones públicas, fundamentalmente de las comunidades autónomas, responsables últimas de la educación por cuestiones competenciales, sin olvidar el control que en último caso puede ejercer una institución de carácter nacional como ANECA.

    Por otro lado en España tenemos 50 universidades públicas, constitucionalmente autónomas en su funcionamiento, dependientes financieramente de la administración y también sujetas al relativo control que puede efectuar la citada agencia nacional ANECA. Algunas inmensas en su tamaño y otras realmente pequeñas y con influencia mínima en el plano nacional, pero con obligaciones, al menos sobre el papel, ante los ciudadanos españoles que, en último término, son los que financian su existencia.

    Llevamos varios años hablando de la reforma que necesitan las universidades públicas. Indudablemente en el aspecto financiero, pero también en el de la gestión y gobernanza de estas organizaciones. Y por supuesto en cuestiones relativas al acceso a la función docente, al papel que deben tomar los estudiantes, a la «calidad» o falta de ella, a la estructura de los planes de estudios, mil veces reformados sin salir de la frustración perenne que genera el observar que dicha reforma no se adapta a lo que la universidad debería ofrecer y, tal vez más importante, se pliega a lo que posiblemente no sea.

    En esta nueva etapa que comienzo en INFOCONOCIMIENTO voy a tratar de reflejar cuáles son las necesidades que ha de cubrir la enseñanza superior en España. Desde el punto de vista de las universidades públicas. Universidades que nos pertenecen a todos, que son parte de nuestro acerbo cultual y social y que sin duda son organismos tan complejos que no deberían estar sujetas a opiniones de trazo grueso o veleidades marcadas por la ideología económica dominante, aunque sean realizadas específicamente desde tal o cual comisión de expertos creada para ello (ya se sabe, si quieres que algo no funcione, crea una comisión…)

    La serie de posts que empezaré a publicar a partir de ahora tendrán como objetivo mostrar que otra universidad pública no solo es posible, sino absolutamente necesaria. Y que el cambio ha de afrontarse ya. No podemos seguir escudándonos en la citada autonomía universitaria para evitar exigirlos y llevarlos a cabo. Por motivos obvios: el bien común, la responsabilidad ante la ciudadanía y el mantenimiento de la misión que se supone tiene la universidad. No espero que mis planteamientos sean aceptados. Ni tan siquiera espero que sean tenidos en cuenta. Pero tras tantos años de trabajo en la universidad no los quiero dilatar más…

  • Los currículos y las justificaciones de méritos en la universidad española

    En España hay 83 universidades, entre públicas y privadas. A ellas se suman un sin fin de institutos y centros de investigación. Y por supuesto 11 agencias de acreditación universitaria, 10 que dependen de las comunidades autónomas y una de ámbito estatal: ANECA. Imaginemos que un profesor quiere solicitar una acreditación como profesor en alguna de las figuras ya comentadas profusamente en este blog (Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor, Profesor de Universidad Privada, Profesor Titular, Catedrático…). El primer paso para ello será elegir con qué agencia intentarlo. ANECA tiene validez en todo el país pero las 10 «Anequillas» pueden ser también una alternativa. Una vez elegida la agencia, el solicitante deberá registrarse en la aplicación informática correspondiente y rellenar un completo curriculum en el que aparezcan todos sus méritos docentes, investigadores y profesionales. ¿Todos? No. Obviamente solo aquellos de los que en su día al solicitante se le ocurrió pedir un papel que certifique haber hecho tal o cual actividad. Si hace 10 años organizaste un congreso y trabajaste más horas que el sol más vale que tengas un documento que lo certifique o aquello no habrá pasado. Lo mismo ocurre con las actividades profesionales. Ay de ti como no pidieras un certificado o como en tu contrato no apareciera el nivel profesional que desempeñaste en la organización. Mejor no ponerlo, puesto que si piensas que con ello vas a compensar los dichosos artículos incluidos en el índice JCR de los que careces, más vale que lo vayas olvidando.

    Una vez que el formato de currículo ha sido rellenado es necesario preparar un dossier en el que todos y cada uno de los méritos aparezcan justificados. Lo que no se pueda justificar con un documento no existe. Lo de menos es si se han adquirido unas capacidades, habilidades o conocimientos sobre cualquier cuestión. Lo importante es el papel con un sello. Esas son las normas, muy enfocadas, según dicen, en la búsqueda de la «Calidad» y en homogeneizar todas las solicitudes. Así pues, con todos los documentos posibles se genera un inmenso dossier que en unas ocasiones se entrega en formato digital y en otras en papel. Hará bien el solicitante en escanear ese documento. Sus cuitas no han comenzado siquiera.

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    Imaginemos ahora que el solicitante consigue lograr la ansiada acreditación. A partir de ese momento podrá presentarse a una plaza en la universidad pública. No insistiré en la dificultad de que estas se convoquen, ni en los sempiternos problemas de endogamia de las universidades españolas, que llevarán a que muy probablemente la plaza esté concedida antes de que salga a concurso. El candidato, para poder presentarse a la plaza, deberá rellenar un nuevo currículo y presentar la consabida justificación de los méritos. ¿Qué tipo de currículo? Uno diferente por cada universidad, con una ordenación distinta de los capítulos que lo conforman. Teniendo en cuenta que todas las universidades públicas juegan con su cacareada «autonomía universitaria» para crear su propio modelo, tenemos 50 tipos de currículo y 50 tipos de justificaciones diferentes. Algo cada vez más seguido también por las universidades privadas, que crean los suyos propios.

    Por supuesto los modelos pueden también variar entre las diferentes figuras de profesorado y lo más seguro tal vez no sea igual el modelo para una plaza de Profesor Asociado que para una de Ayudante Doctor o de Profesor Contratado Doctor. Eso sería poner las cosas muy sencillas y todo el mundo sabe que en la universidad la «Calidad» hoy es un valor que ha de conseguirse por la diferenciación.

    Los expertos en Recursos Humanos aconsejan que un curriculum vitae no supere una página y en ningún caso las dos. Yo tengo media docena de currículos que me han ido pidiendo distintas universidades. El más light tiene 11 páginas, el de la FECYT supera las 30 y el de ANECA se acerca a las 70. Y llevo creados ya cuatro dossieres de justificación de méritos, que oscilan entre las 350 y las 500 páginas, en los que se cuenta prácticamente lo mismo, eso si, ordenado de una forma diferente, para que no haya dudas de lo única y especial que es la organización universitaria en la que se entrega.

    Se habla mucho de la necesaria reforma universitaria. Y se pone el acento en cuestiones como la financiación de las universidades, la gobernanza o la enésima reforma de los planes de estudios. Pero hay disparates de los que no es rentable hablar. Tal vez sea porque los que pretenden hacer reformas en la universidad no son capaces de atisbar ni tan siquiera cómo se accede (o no) a ser profesor en ellas. Y así seguiremos… Rellenando solicitudes, haciendo currículos, creando dossieres…

  • ¿Por qué cuesta tanto ser profesor universitario en España?

    En infinidad de ocasiones me preguntan en mi entorno, mis conocidos, familiares, amigos, alumnos, sobre mis vivencias en la universidad española. En este blog ya he publicado en varias ocasiones mis cuitas en la universidad. Muchas de ellas tienen que ver con la dificultad de acceso a ellas: las acreditaciones, la endogamia, la falta de posibilidades profesionales… Pero hablar de mi visión de la universidad española, de sus problemas y algunos de sus retos, sería casi imposible desarrollarlo en este blog. O al menos debería realizar tantos posts que acabaría por resultar tedioso para todos los que os dejáis caer de vez en cuando por aquí.

    Hace unos días Víctor Cuevas, un profesor al que tengo el placer de conocer desde hace ya bastantes años, contactó conmigo para grabar un podcast sobre la universidad. Durante una larguísima conversación, sin preocuparnos por el tiempo, charlamos sobre la universidad, sobre el acceso a la función docente, sobre la innovación o falta de ella en nuestras universidades públicas. Creo que es la conversación más pausada que he tenido sobre la universidad en mucho tiempo. El episodio del podcast es un poco largo pero desde luego, en este caso, es la mejor forma de saber qué es lo que opino de la situación de la educación superior en nuestro país. Con completa honestidad por parte de Víctor y mía y tratando de tocar todos los palos, sin tener ningún pelo en la lengua ante un tema que puede ser tan arduo como complejo y abrir ampollas.


    Quiero agradecer a Víctor su esfuerzo en la grabación y la edición del podcast. La verdad es que cuando lo he escuchado me ha embargado el pesimismo. Mucho más que cuando releo alguno de mis escritos sobre el tema. Pero tal vez, si empezamos a hablar más de la universidad, de forma crítica y con intención de cambiarla radicalmente, podamos conseguir ese cambio algún día…

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    Ah, además de hablar de la universidad no dejamos de lado comentar nuestras pasiones: por supuesto la radio y mi programa Corsarios del Metal así como mi web Red Hard´n´Heavy estuvo presente al final de nuestra conversación.

     

  • El camino más duro: conseguir la acreditación ANECA

    Hace casi 25 años, en mayo de 1991, decidí ser profesor de universidad. En aquellos días estudiaba 4º de carrera y mi profesor de la asignatura de Historia Contemporánea me animó a ir por esa vía que entonces no llegué a imaginar que fuera tan difícil. Por entonces yo pensaba que en unos pocos años, tras trabajar de forma precaria en mi universidad y al mismo tiempo hacer el doctorado, sería factible «quedarse» en ella como docente. Me puse manos a la obra y comencé a desarrollar mi trabajo en la Universidad de Alcalá. Durante cuatro años realicé tareas de gestión y me enfrenté a mis primeras clases. Como joven licenciado en historia impartía aquellas asignaturas que menos se valoraban, las que tenían que ver con la «Civilización y Cultura de España» a los alumnos de Estados Unidos que acudían a nuestra universidad. Ellos sufrieron mi bisoñez y mis primeros años docentes y desde la distancia les agradezco que fueran los que me hicieron confirmar mi amor por la docencia.

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    Tras cuatro años y sin posibilidad de lograr algo más que un mísero contrato de becario, decidí abandonar. Mediaban los noventa y necesitaba ampliar mis conocimientos y mi formación. Y la mejor manera que encontré fue empezando a trabajar en el sector financiero, en el área de marketing. Aquellos años en los que la web nacía y en los que de forma autodidacta me formé sobre el marketing online y el comercio electrónico me sirvieron para darme cuenta de que lo que realmente me hacía feliz era estar delante de una clase. Desde 1996 hasta 2000 sustituí las clases regladas por cientos de horas de formación a la red de comerciales con la que trabajaba mi empresa y finalmente, en los albores del cambio de milenio, volví a la docencia reglada: era el momento de empezar a enseñar a otros lo que yo había aprendido en la práctica. Decenas de clases en masters de todo tipo se acumulaban cada mes. Entre 2000 y 2002 tuve tantos alumnos en asignaturas como «Marketing Online», «Modelos de negocio digitales» o «Comercio electrónico» que por fortuna me siento partícipe del cambio que la web acabó produciendo en nuestras vidas.

    En 2002 me llegó por fin el momento de regresar a la universidad como profesor. De la mano de Luis Joyanes, decano por entonces de la Facultad de Informática de la Universidad Pontificia de Salamanca, en su campus de Madrid. Él confió en mi y de la noche a la mañana me vi enseñando una infinidad de asignaturas relacionadas con la gestión de las organizaciones. Mis alumnos, estudiantes de último año de Ingeniería Informática me ayudaron a entender mejor que la tecnología debía ser tan solo un medio, no un fin en si mismo. Tanto para las empresas como para la educación y, a día de hoy, sigo en contacto con muchos de ellos, feliz de ver cómo sus carreras se han ido desarrollando bien, independientemente de la época de crisis que nos ha tocado vivir.

    2008 me llevó a cambiar de universidad. En este caso, tras la caída en el número de alumnos y la posible disminución de las horas de docencia, la elegida fue la Universidad Europea de Madrid. Con una filosofía diferente al resto de universidades, en la UEM desarrollé tantas horas de docencia como fue posible. A día de hoy todavía me pregunto cómo pude terminar la tesis doctoral con tantas clases. Pero aún así lo hice. Y de nuevo mis alumnos fueron clave para ello, participando en mis investigaciones y con un apoyo incansable. Tanto que cuando yo sentía desfallecer eran ellos los que me apoyaban para que continuara.

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    Tras mi doctorado fue momento de realizar un postdoc. Y como lo más interesante era obtener experiencia internacional, este lo realicé entre Malta y Eslovaquia. Sin apenas financiación, viviendo de los ahorros y de cursos de formación continua que iban saliendo, lo más duro fue la vuelta a España. Marcharse de la universidad es cerrar puertas que resulta imposible volver a abrir. Tanto es así que volví a emigrar. En esta ocasión, en 2013, a Colombia, donde logré ganar una plaza de Profesor Titular en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Por cuestiones personales tuve que regresar al poco tiempo, aunque afortunadamente mantengo parte de mi docencia allí como profesor en la modalidad online.

    Los últimos años han sido de más y más horas de cursos de formación continua. Y de incorporarme a la Universidad Internacional de La Rioja, a U-Tad, con contratos temporales y a tiempo parcial, y de ser profesor invitado de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Ecuador. Clases y más clases, que apenas me permiten dedicar ratos a investigar, escribir y publicar. Sin duda una parte tan importante como la docencia pero que en mi caso se acaba viendo lastrada por la necesidad de tener que acumular horas y más horas de clase para poder pagar las facturas. De trabajar totalmente gratis para conseguir estar vinculado a un Instituto de Investigación. Y de soñar con poder vivir una vida de profesor universitario «normal».

    Y ahora, tras unas semanas de infinito agobio, por fin he entregado la solicitud de acreditación a ANECA. En España para poder ser profesor en la universidad pública existen varias posibilidades, pero todas ellas pasan por una acreditación que certifique tu valía. Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor y Profesor Titular de Universidad. Certificados que tan solo indican que puedes presentarte a una plaza, en el hipotético caso de que esta salga a concurso (recordemos que según ley actual, por cada 10 profesores que se jubilan solo se puede contratar a uno) y en el aún más hipotético caso de que la plaza no tenga «nombre y apellidos».

    Han sido semanas de reflexión ante una vida completa dedicada a la universidad. Días y noches de arrancarme los pelos por no haber pedido aquel papel que certificara tal o cual curso. Papeles y más papeles que ya son imposibles de conseguir. Jornadas de vértigo ante el inmenso trabajo de preparar dossieres infinitos que muestran tan solo una foto fija de toda una vida académica. Y ahora queda lo más duro, meses de espera rezando para que la resolución sea positiva. Para conseguir ese ansiado documento que diga que lo que he hecho hasta ahora ha sido algo más que perder el tiempo. Siempre he dicho que el lema de mi vida es «Life is a Journey, not a Destination» pero, por una vez, necesito llegar finalmente al destino, aunque este sea tan solo un nuevo comienzo…

  • Una carrera docente hacia ninguna parte

    En 1993 me puse por primera vez delante de una clase. Hacía menos de un año que había terminado mi carrera (Historia) y trabajaba como becario en el otrora Centro de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Me propusieron impartir «Civilización y Cultura Española», una asignatura que básicamente era una historia de España condensada, a alumnos de la Universidad de Bowling Green (Ohio) y ahí empezó mi recorrido como profesor. Entre 1993 y 1996 tuve alumnos de Bowling Green, de Alabama State University y de Florida International University que sufrieron mi bisoñez como docente. Con ellos aprendí que dar clase me gustaba. Pero dado que la situación era cada vez más difícil, que apenas cobraba 50.000 pesetas (300 €) y que todo el mundo me decía que no había futuro en la universidad, en marzo de 1996 abandoné la que había sido mi casa desde que empecé mis estudios universitarios.

    A los pocos meses comencé a trabajar en un banco, BBV Finanzia. Mi labor era sencilla: recorrer España de arriba a abajo formando a las empleadas de ZARA en las bondades de su medio de pago. Durante dos años viajé sin parar y tuve centenares de «pruebas piloto» (así llamábamos a las sesiones de formación con toda la plantilla). Me curtí delante de personas que no tenían ningún interés en lo que un tipo de un banco iba a contarles y aprendí muchos recursos para tratar de mantener la atención, al margen de olvidar usar el mínimo papel con notas en el tiempo que duraba la reunión. A partir de 1998, en una de esas promociones «horizontales» que tanto gustan en las grandes empresas (diferentes ocupaciones, mismo sueldo) pasé a formar a la red de comerciales de nuestro banco. No era mi ocupación principal, pero sin duda era la que más disfrutaba.

    En 2000, sin poder soportar más el mundo de la banca, decidí montar una empresa de Marketing en Internet. Negocio tuvimos muy poco pero pude empezar a dar formación de Marketing en Internet en muchas de las escuelas de negocio que por aquellos días veían en los Masters en eBusiness la piedra filosofal. IDE-CESEM, TRACOR, IEDE, BAI, fueron algunos de los centros en los que pasé horas y más horas impartiendo cursos.

    En 2001 un cliente (realmente el único que habíamos tenido) me tanteó para que me uniera a su empresa como Director de eLearning. Tras la caída de las «punto com» la formación online parecía el negocio del futuro y había que coger buena posición de salida. Acepté, con el compromiso de poder seguir impartiendo cursos en Masters. A finales de aquel año empecé a dar clase online en CEPADE (Universidad Politécnica de Madrid).

    En 2002, absolutamente convencido de que lo único que realmente me llenaba era la formación conseguí encontrar trabajo en la Universidad Pontificia de Salamanca (campus de Madrid). En la Facultad de Informática empecé a dar clase de Dirección Comercial y Marketing, Dirección de Operaciones y Control de Gestión. Con el paso de los años se irían sumando las clases de Sistemas de Información y Gestión del Conocimiento así como, en la Facultad de Sociología de la misma universidad, las de Comercio Electrónico y Marketing en Internet. Además continuaba dando clase en IEDE, en algún Master de la Universidad Complutense de Madrid, en CEPADE y en la recién creada Industriales Escuela de Negocios de la Universidad Politécnica de Madrid.

    En 2006 empecé a dar clase en la Universidad Europea de Madrid. Impartía las asignaturas de Comercio Electrónico y Gestión del Conocimiento. Durante dos años era rara la semana que no impartía más de 30 horas de clase. Apenas tenía tiempo para saltar de la Europea a la Pontificia y llegar a tiempo a clase (jamás llegué tarde) y de ahí salir pitando a alguna escuela de negocios o a sumergirme en el campus virtual de alguna de las decenas de cursos que, con el eLearning cada vez más asentado, iba aceptando.

    Fue en 2008, con la Facultad de Informática de la Pontificia de Salamanca ya casi sin alumnos, cuando decidí centrarme solo en la Europea de Madrid. Además de las asignaturas que ya impartía empecé a dar otras con nombres tan originales como Gestión de Sistemas Sanitarios (básicamente Economía de la Empresa) y otras similares. Básicamente la materia de Dirección de Empresas. Tenía alumnos de Economía, ADE, Derecho, Marketing, Turismo, Industriales, Telecomunicaciones, Ingenieros de Caminos, Arquitectos, Ópticos, Podólogos, Fisioterapeutas… Ya se sabe, universidad enfocada a la empresa y asignaturas transversales…

    2010 fue un año difícil, puesto que además de todas las horas de clase supuso mi calvario para defender la Tesis Doctoral. Una Tesis en la que tras años de trabajo enfocado en la innovación educativa, intentaba dar un giro a mi carrera docente. Apostaba por la Tecnología Educativa y por el campo de la Educación. Quemado tras tantas horas de clase supuse que el siguiente paso lógico era realizar un postdoc, período en el que afianzar los conocimientos y trabajo de la Tesis. Y ese postdoc debía hacerse por fuerza fuera de España, para así incorporar la experiencia internacional. En 2011 me incorporé al Euro-Mediterranean University Institute de la Universidad Complutense de Madrid como responsable de su campus de Malta. Lo hice sin cobrar un solo céntimo, sufragándome la estancia con mis ahorros. Y pocos meses después de llegar a Malta conseguí una beca postdoctoral en Eslovaquia, que me mantuvo a caballo de Bratislava y Malta durante un trimestre. Fue año y medio en el que mensualmente regresaba a Madrid para impartir algún curso de formación continua, y en el que tuve la ocasión de formar tanto en Tecnología 2.0 para Formadores como en Social Media a decenas de directivos y cuadros intermedios de empresas de todos los sectores imaginables.

    En 2012, tras la promesa de la incorporación a una «nueva» universidad privada regresé a España. Apenas llevaba un mes en nuestro país cuando sospechosamente se me cerraron las puertas de la misma. Sin trabajo, sin expectativas de encontrarlo, probé suerte en Colombia y en febrero de 2013 me incorporaba a la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

    Tras unos meses en Colombia, por razones que no vienen al caso, decidí volver a nuestro país. Imaginaba que con más o menos fortuna de mi parte, encontraría algún centro educativo que estuviera interesado en contratarme. Pero pasaron meses y más meses y este centro nunca apareció. Hoy mantengo mis clases en CEPADE, algún curso en BAI e incluso alguna incorporación nueva a la larga colección de sitios donde he impartido clase como ESERP, donde daré un breve curso de seis horas en unas semanas. Sigo impartiendo cursos online, aunque lógicamente no puedo vivir de ello. Se han convertido en un pasatiempo para seguir sintiéndome profesor. Para no enfrentarme a la cruda realidad de que toda esta carrera me ha llevado a ninguna parte.

    Todo este largo post es tan solo un ejercicio de autoindulgencia. Me sé de sobra mi vida pero verlo así, escrito como si fuera el largo curriculum de un profesor que no encuentra acomodo en un centro educativo hace que tenga que reflexionar. En algún punto de mi vida debí equivocarme. Tal vez eligiendo una profesión tan bella como ingrata en estos tiempos. Han sido miles de horas de clase, más de 10.000 alumnos, decenas de aulas para, hoy, encontrar que mi carrera no ha llegado a ningún fin. Estoy fuera de la universidad, no puedo vivir de la educación y no hay esperanza ni a medio ni a largo plazo de que esto vaya a cambiar.

    Si tu que lees esto estás pensando en ser profesor universitario no te equivoques como yo. Evita moverte jamás de la universidad en la que te has formado. Búscate a un catedrático que tenga poder, que esté bien situado. Y no le dejes en ningún momento. Sé siempre con él positivo y jamás se te ocurra plantear esas zarandajas de la movilidad. Si todavía te falta tiempo para acabar la carrera, recuerda: el Máster y el Doctorado hazlo en el Departamento en el que hayas caído mejor. Apúntate a todos los cursos que puedas, siempre que estén cercanos a tu universidad. Ni se te ocurra plantearte un postdoc. Moverte significará que no podrás volver. No hagas caso cuando te digan que es lo mejor para tu carrera académica. Te mienten. Acepta sin rechistar ni criticar cualquier posibilidad que te ofrezcan, incluso escribir lo que otros firmen. No seas tan zoquete de pensar que tu vas a hacer que cambie la Universidad. Hay cosas que nunca cambian. Hay cosas que nunca cambiarán…

  • Tras un período de reflexión… Otro reto

    Han sido bastantes meses en los que no he escrito ni una sola coma en este blog. Mi actividad en las redes sociales se ha ceñido fundamentalmente a Twitter, aunque en los últimos tiempos me he convertido también en un usuario bastante activo de LinkedIn. La red profesional me resulta cada vez más atractiva por la cantidad de personas interesantes que uno puede encontrar en ella. Todavía le falta mejorar el «aspecto social» para que al acceder a ella se observe algo más que una mera actualización de los contactos de cada uno. Y es que todavía existe poca interacción entre los participantes, al menos entre los españoles. Pero es una red social en la que me encuentro a gusto y a la que le sigo viendo un largo recorrido.

    En estos meses desde mi vuelta de Bucaramanga he tenido que asumir (con mucho dolor) que la universidad española no tiene espacio para mi. Las universidades públicas suman a sus disparatados sistemas de contratación, viciados por la endogamia y el enchufismo, una crisis presupuestaria sin precedentes. La vía de entrada es, en el mejor de los casos, a través de puestos de Profesor Asociado, que esconden una precarización insultante un puesto de trabajo que debería ser digno: el de profesor universitario. Plazas en las que por sueldos miserables los aspirantes aceptan a pagarse ellos mismos la Seguridad Social (pocos asociados en Facultades de Educación conozco que trabajen para otra empresa, la verdad) y solucionan el problema de la falta de docentes. A eso se le suma la disparatada política de acreditaciones para las figuras de profesorado universitario. La creación de la ANECA y las correspondientes «Anequillas» en las comunidades autónomas y su labor de acreditación para los puestos de profesor universitario solo ha servido para poner un freno más a la carrera de los aspirantes. Da igual que hayas dado 3000 horas de clase, te faltarán JCR´s. Lo de menos es que tengas publicaciones, adolecerás en docencia. Es lo mismo haber acudido a mil congresos, seguro que no eres líder de un grupo de investigación… Y así hasta el infinito. La política de no acreditar a nadie para evitar una inmensa bolsa de aspirantes acreditados para unas plazas que no se van a convocar se ha convertido en un rodillo que hace tirar la toalla antes de intentarlo.

    Durante este tiempo también he intentado acceder a la universidad privada. A fin de cuentas en ella he desarrollado más de 10 años de carrera académica. Pero la crisis también ha llegado a ellas. Sin olvidar que el nepotismo y el amiguismo, duramente sentido en mis propias carnes, igualmente convierte el proceso en una misión imposible.

    En definitiva, tras casi seis meses de búsqueda infructuosa, me veo obligado a pensar que la universidad ha decidido cerrarme las puertas definitivamente. A mi y seguro que a muchos como yo. Es doloroso pensarlo pero inevitable asumirlo. Al menos la universidad tal y como está planteada en estos momentos. Inmersa en una crisis institucional, absorta en sus tradiciones y ajena a los cambios que se han producido en el mundo y que, lejos de haberla hecho más ágil y flexible, la mantienen en un anacronismo en el que lo que sigue primando es el privilegio, el clientelismo y la autoprotección ante todo lo que venga de fuera.

    Uno podría pensar que estos son motivos para alejarse de la universidad definitivamente. Tal vez lo sean. Pero al mismo tiempo es una institución que creo que, con una profunda y completa revolución, que no reforma, debería ser uno de los pilares que hiciera cambiar a nuestro país. En una crisis como la que vivimos, la universidad debe cambiar al igual que lo están haciendo otras instituciones. El cambio no debe ser un mero maquillaje como el que lleva produciéndose desde la etapa de la Transición. Un maquillaje basado en la protección de los derechos adquiridos de una organización que pide mucho y ofrece poco. Un inmovilismo apoyado tanto por las propias instituciones universitarias como por las diferentes fuerzas políticas.

    En este entorno se enmarca el trabajo de mi segunda Tesis Doctoral. En el de la gestión universitaria. En el de indagar acerca de los problemas que la universidad española tiene y buscar vías de solución que rompan radicalmente con lo que hasta ahora se ha hecho. Una Tesis que no necesito hacer pero que deseo con toda mi alma desarrollar. Una Tesis que, al igual que con la primera, no me permitirá trabajar en la universidad, pero que al menos logrará que pueda mostrar desde el punto de vista científico que la decadencia de universidad es algo más que una apreciación subjetiva. Y que soluciones hay. Siendo valientes para ponerlas en marcha.

    En definitiva, a partir de hoy en Infoconocimiento escribiré menos de tecnología y de redes sociales y me centraré en ir publicando reflexiones y contenidos relacionados con la «cuestión universitaria». Dónde me llevará este viaje quimérico es algo imposible de averiguar. Pero desde luego las alforjas están preparadas para afrontarlo…