Julio Alonso ha sido condenado. Tras leer la sentencia que acaba de publicar en su página web me veo en la necesidad de publicar este post. Si un blogger ha sido condenado a pagar a los señores de la SGAE 9000 euros de indemnización por el atentado al honor, la pregunta es ¿cuál será el siguiente paso?
Me pregunto si en estos tiempos en los que tanto se habla Crowdsourcing y demás términos que muestran el mundo cambiante y colaborativo, no podemos hacer algo parecido. Una suerte de cuenta común para pagar esa indemnización absurda a una organización contra los que tantos y tantos estamos y por la que miles nos sentimos agraviados. De paso, podríamos generar un fondo para subvencionar acciones contra la innombrable, puesto que mi honor, citando la propia sentencia y sus antecedentes, se ha visto afectado en cuanto a sentirme escarnecido y humillado.
Vamos, que hasta propondría incluso abrir una cuenta en Paypal y donar un euro. Si 9000 blogueros lo hiciéramos, la indemnización estaría pagada y habría fondo de reserva.
En fin, no quiero hacer un “Hoygan”. Simplemente la mala leche crece tanto en mi interior que me imagino un mundo de blogueros unidos contra la injusticia. Sin duda Julio podrá obtener la financiación para pagar eso y las costas. Pero en este caso, todos hemos sido condenados. Hoy es un día triste…
Julio Alonso, uno de los referentes de la blogosfera española está ante el juez, por un “delito” que no existe, que no ha cometido, que hace que la libertad de expresión, tan cacareada en nuestro país, se encuentre en peligro.
Sábado noche y concierto de Rock. Buenos amigos de mi proyecto paralelo, que me invitan con todo su cariño. No son ningunos niños. Toni y Rosa cuidan a su preciosa hija de cinco años y se preocupan por ella mientras se suben a las tablas, arrancando su presencia de padres por su amor a la música. Currantes, como millones de españoles, que pagan religiosamente sus impuestos, los directos y los indirectos. Que viven su vida profesional como cualquiera de nosotros y que crean. Porque llevan dentro el gusanillo de la música, de la comunicación, que desde tiempos inmemoriables hace que hombres y mujeres canten y dancen, por el mero placer de hacerlo, de sentirse bien con su espíritu, compartiéndolo con sus semejantes. Nada nuevo, por otro lado.
700 euros cuesta alquilar la sala. Un estupendo sitio de conciertos cercano a Madrid que permite mostrar su arte en condiciones necesarias de sonido. Demasiado grande para poder llenarlo, pero aún así al menos tendrán el lujo de sonar como ellos quieren. Los asistentes pagan 5 € cada uno. Pocos, muchos amigos y familiares. Y otros que han conseguido conocer a la banda gracias a su MySpace y que han llegado a comprar su disco, autoproducido, fuera del circuito de las compañías tradicionales, y con un sonido excepcional.
No pertenecen a ninguna sociedad de derechos. Ni lo creen necesario ni quieren. Pero he aquí que la respuesta de la sala es clara: el 10 % de la recaudación va para la SGAE. Me lo cuentan y una vez más me indigno hasta la ofuscación. Los mafiosos siguen atacando impunemente. No, no subvencionan a los músicos con un 10 % de los costes de la actuación, como algún incauto podría llegar a soñar. Las ayudas no están en su política. Ni tampoco el pensar en la música, ese noble arte practicado por los humanos desde que tenemos uso de razón. Recaudan basándose en el miedo de las salas, en la indefensión de los músicos. Y no sólo por tocar. También por hacer copias de su propio disco, de su criatura, gravado una y otra vez para conseguir ingresos que se repartirán los Capone españoles del Siglo XXI.
Una y otra vez veo a sus responsables lanzar mensajes apocalípticos. Falsedades indecentes, como que ellos existen para proteger a los creadores. ¿Qué creadores? y sobre todo ¿por qué? Intoxican en foros, manipulan en todos los medios a su alcance, amenazan de forma pública y desvergonzada, sin que nadie les ponga freno. Y todavía consiguen que alguien piense que ellos, los recaudadores de coplilla fácil y talento inexistente, son los protectores de la cultura.
Yo me pregunto ¡Hasta cuando! Cuánto tiempo vamos a seguir manteniendo el imperio del miedo, a estos delincuentes de guante blanco, a estos extorsionadores que se lucran y juegan con el dinero ajeno, con los sueños, con la creatividad y, en definitiva, con el arte y la cultura.
Rompamos el miedo. Denunciemos. Luchemos. Hagamos pedagogía. Expliquemos a todo el mundo que la mafia en España existe y tiene nombres y apellidos. Acabemos con el imperio de estos chantajistas. La libertad, la creatividad, la Cultura y la sociedad española nos lo merecemos, lo necesitamos.
(Edito)
Estupendo Post que se me había pasado de Jorge Cortell. Cómo editar un disco sin pasar por la SGAE y su “Atención al Cliente”. Vale la pena leerlo.