En 1776 se firmó uno de los Documentos claves para la Historia de la Humanidad, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. El documento, tan influenciador como pervertido a lo largo de los años, sigue hoy siendo un canto a la Libertad.
En este aniversario de aquel día, os recomiendo que veáis el vídeo. Algunas de sus partes siguen siendo hoy aspectos que cualquier persona amante de la libertad no debería olvidar.
Hacía mucho que no publicaba una presentación de esas que te hacen reflexionar. Y esta de Jordi Jubani me ha parecido impresionante por su sencillez y la claridad de las ideas que en ella se muestra.
Ya he hablado alguna vez del Trollismo 2.0, esas actitudes terroristas llevadas a cabo en la mayoría de las ocasiones por parte de niñatos aburridos, que han encontrado en la Web Social una forma de canalizar el pensamiento único que escapa de su única neurona. La Web se va poblando cada vez más de comentarios agresivos, xenófobos e insultantes planteados por grupúsculos de usuarios que, al calor de la supuesta libertad de decir (y hacer) lo que les apetezca, vierten por doquier.
Foros, periódicos digitales, blogs, redes sociales y ahora también Twitter, la red que hasta hace poco parecía librarse de estos vándalos. Cuando analizamos la demografía de Twitter y los perfiles de sus usuarios encontramos que, al menos en España, es especialmente usada por profesionales que han encontrado un espacio de colaboración y conversación rápido, ágil y que cubre los más variados intereses. Así, nos servimos de Twitter profesores, consultores, expertos en Social Media y también profesionales de cualquier sector, atraídos por las enormes posibilidades relacionales que ofrece una herramienta que pasó del “qué estás haciendo” al uso personalizado por parte de cada usuario.
Twitter falla muchas veces. Cualquier usuario lo sabe. La famosa “ballena”aparece en demasiadas ocasiones. Y buena parte de los mensajes allí publicados son absolutamente vacuos o inconsistentes. Y tal vez en eso radica su gracia. En acceder a un Time Line en el que las personas a las que siguen están desgranando poco a poco fragmentos de su existencia. Y hasta ahora esas reglas servían, para la diversión, para la conversación, para el aprendizaje y para la denuncia.
Pero he aquí que los trolls han decidido colonizar el último espacio que les quedaba. Los últimos hechos sucedidos en relación a Marcelino Madrigal así lo atestiguan. Tras encontrarse de nuevo con su cuenta cerrada, es fácil observar que ese cierre ha sido inducido por avisos de “spam” a Twitter por parte de un grupo de adolescentes descerebrados cuya única misión en la vida parece ser poder obtener su pequeño momento de gloria. La gloria del niñato matón y macarra. El aplauso palmero del baboso que sueña con ser grande y observa que simplemente es una cucaracha bailando al son de las ratas.
No enlazaré a esos elementos. No lo haré por no darles más publicidad de la necesaria. Sigo creyendo en la máxima “Don´t feed the troll“. Pero aun así creo que hemos de tomar medidas. Todos. Twitter y los usuarios que lo han hecho crecer como espacio de libertad, más allá de convertirse en un nuevo espacio colonizado por estos primates aporreadores de teclas. O lo hacemos o en poco tiempo no será Marcelino Madrigal el que haya desaparecido de la red, ni la lucha contra la pornografía infantil silenciada, sino que mañana te tocará a ti.
Marcelino Madrigal es nuestra conciencia viva contra la pornografía infantil que existe en Internet.
Marcelino lucha contra las grandes multinacionales con toda su fuerza y no se deja arredrar.
Marcelino ha sido baneado de Microsoft Live y hasta en dos ocasiones por Twitter, por mostrar al mundo las miserias con las que ni los políticos son capaces de luchar y de poner freno.
Marcelino no es un líder ni un gurú.
Marcelino simplemente grita al mundo lo que el mundo piensa y no se atreve a decir o no dedican el tiempo a luchar.
Marcelino soy yo.
Marcelino eres tu.
Marcelino somos todos.
Porque todos hemos de parar este sin sentido. O lo logramos o no habrá esperanza para la red.
Vamos a ir hasta el final.
Vamos a luchar en Francia,
Vamos a luchar en los mares y océanos,
Vamos a luchar con CRECIENTE confianza y CRECIENTE fuerza en el aire.
Vamos a defender nuestra isla sea cual sea el coste que pueda ser.
Vamos a luchar en las playas, vamos a luchar en los campos de aterrizaje,
Vamos a luchar en los campos y en las calles.
Vamos a luchar en las colinas,
Nosotros nunca nos rendiremos.
En diciembre de 2009 se acababa una parte de las obras del entorno del Manzanares, ese río que tenemos en Madrid y que puede desaguarse cual lavabo quitando un tapón. Tras años de excavadoras, ruidos y suciedad, la zona del Paseo de la Virgen del Puerto ofrecía la cara amable de su renovación. No hacía falta indagar mucho para saber que las últimas semanas se habían agilizado unas obras que mostraban permanentemente la realidad del mito de Penélope: el agujero que se cerraba un día, se volvía a abrir dos días más tarde. Había dinero a espuertas. El Plan E, utilizado masivamente por ayuntamientos de toda España, y especialmente por el de Madrid, permitía jugar ese ciclo sin fin.
Acabado el dinero del Plan Agujereador, se acabaron las obras. Los vecinos se congratularon por la marcha de las máquinas y el final de molestias permanentes. El Ayuntamiento de Madrid, de paso, pudo ponerse la medalla del reformador urbano. A costa de romper también nuestros bolsillos y lograr la mayor deuda de las ciudades españolas, se nos prometió que habíamos llegado al fin.
Olvidábamos que el verano es el momento en el que los ayuntamientos aprovechan para hacer de nuevo agujeros en las calles. Siempre he pensado que más del 80 % de esos agujeros no son necesarios, sino que es una forma de poder ofrecer a las contratas de obras un momento de trabajo. De gastar un dinero público para pagar algún tipo de favores arcanos. O simplemente de tirar un dinero a la basura “porque si”.
Junio de 2010. 6 meses tan solo después de terminar las obras de Virgen del Puerto, las que destrozaron aceras durante largos meses, las que mantuvieron las calles con un aspecto de queso de gruyere permanente, comienza de nuevo la pesadilla. Nuevamente los martillos pilones y las excavadoras toman posición en la Rivera del Manzanares. De nuevo rompen las piedras. Exactamente en el mismo sitio donde hace 180 días se daba por terminado uno de los proyectos faraónicos del alcalde que nos ha tocado sufrir. Exactamente la misma acera y el mismo tramo. Ni un metro más allá.
Nuevamente toca pagar, económica y personalmente, por supuesto. Con dinero público, y con mala leche privada, por descontado. El dinero se conseguirá a base de apretar de nuevo a los ciudadanos con tasas e impuestos absurdos. La mala leche nos la tragaremos a base de la píldora mágica que nos hace pensar que Madrid y sus gobernantes son así, el ruido, la suciedad y la ineptitud mezcladas a partes iguales.
Pero ¿por qué quejarnos? ¿Crisis? ¿Problemas de gasto público? ¿Deuda? Todo es salvable si vives en Madrid, tienes una empresa constructora y buenos amigos en el consistorio. Así pues, ya sabes lo que has de hacer…