Tuve la ocasión de conocer a Antonio en un congreso en Málaga hace unos meses. Además de seguirnos mutuamente por Twitter es una persona con la que siento especial afinidad por la forma en que usa la tecnología tanto para su aprendizaje como para ayudar al de sus alumnos. Acaba de publicar una presentación en Prezi que reproduzco aquí, ya que no puedo estar más de acuerdo con ella, en todos sus puntos y con todas sus herramientas.
Escribir un post con este título puede llevar a pensar que el firmante está de acuerdo con una acción de carácter absolutamente excepcional y que suele generar más problemas que soluciones, pero esto no es más que un ejercicio de predicción de un hecho que creo se va a producir de manera imparable.
Los gobiernos del PSOE de Felipe González ya vivieron esa situación y desde luego la huelga del 14 de diciembre de 1988 permanece en la retina de muchos ciudadanos de nuestro país como el momento en el que se ejemplificó la ruptura entre un gobierno socialista y sus clásicos aliados sindicales. Desde entonces ha habido más, con mayor o menor éxito de convocatoria y con consecuencias que siempre son imprevisibles.
¿Por qué estoy convencido de que va a haber una huelga general en los próximos meses? Es fácil, la situación de la economía española ha llegado a un punto tal que los sindicatos no pueden hacer más que tomar la iniciativa en un momento en que sus propias bases se preguntan qué respuestas tomar ante 4,3 millones de parados y ante un incremento del desempleo que parece no tener fin. Si a ello se le suma la propuesta de alargar la edad de jubilación de forma paulatina hasta los 67 años, las medidas de recorte presupuestario y las propuestas que el viernes se pondrán sobre la mesa de reforma laboral, la única salida parece ser la más drástica.
¿Realmente una huelga general puede solucionar una crisis como la que sufrimos? Personal y sinceramente creo que no, todo lo más agravarla. Cientos de empresas cerradas durante un día, miles de horas de trabajo perdidas en un país que no brilla precisamente por su productividad. Un “zapatazo” sobre la mesa que no parece que pueda frenar las reformas coyunturales necesarias en un país que tradicionalmente mira hacia otro lado cuando de solucionar sus problemas se trata.
Pero explicada mi posición, aunque con matices, puesto que también pienso que hay graves errores políticos y económicos que son los que llevan a esta encrucijada, quiero jugar a profeta por una vez (siguiendo una línea de conversación que abría hace unos días en Twitter): ¿cuándo se va a producir lo que yo veo como inevitable? ¿qué va a significar políticamente para un país que vive una crisis mayúscula en el ecuador de la legislatura?
Mi apuesta, atreviéndome a poner fechas y asumiendo que la convocatoria va a llegar en dos o tres semanas, juega con dos fechas, ambas cargadas de significado político. 23 de marzo y 15 de abril (día arriba, día abajo). El mes de marzo, tras lo que ocurrió hace seis años está marcado como un mes crítico en el calendario. No obstante la cercanía de la Semana Santa puede llevar a los convocantes a plantearse que es demasiado pronto (hay que contar con ajustes en la negociación que lleven a dilatar la convocatoria algunas semanas). De igual manera, el 15 de abril puede ser considerado clave para muchos militantes sindicales por la cercanía con una fecha histórica sin que sea canibalizada por la misma. Permite el tiempo suficiente de “negociación” como para no ser tachados de oportunistas o de radicales y refuerza el hecho de que el clima en esos días puede permitir que las consiguientes manifestaciones sean multitudinarias.
Manifestado ya respecto a las fechas, queda el asunto del seguimiento y “simpatía” de la misma. Por parte de la oposición al gobierno (salvando las tradicionales fuerzas de izquierda) entiendo que el apoyo va a ser tibio en algunos casos, implícito en la mayoría de ellos. A un año vista de elecciones autonómicas el golpe moral de una huelga general es lo suficiente tentador como para no dejarse atraer por él, aun a costa de los problemas que eso supone. PP y CIU, especialmente, pueden mirar de reojo satisfechos ante una contestación generalizada a un gobierno que vive sus horas más bajas, apelando a la responsabilidad pero deseando que el gobierno se tambalee.
Los sindicatos pueden lograr recuperar algo del descrédito alcanzado al convertirse en convidados de piedra en una crisis que les ha pillado por sorpresa. En una sociedad tan terciarizada, donde miles de ciudadanos consideran que el papel de los sindicatos está en decadencia, volver a la calle obteniendo un éxito de movilización es una baza que casi están obligados a jugar.
Los ciudadanos y a la postre huelguistas, convencidos o no, pueden sentir que parar un país durante 24 horas es el último recurso del pataleo ante una situación que no controlan y de la que parece no van a poder escapar. Sentirse parte de algo mayor e importante es parte de nuestro comportamiento irracional y la irracionalidad como respuesta a los problemas suele ser un caballo sencillo al que subirse.
Las confederaciones de empresarios evidentemente no apoyarán una acción que ataca directamente contra su filosofía. Y menos aún siendo justificada por un cambio en las relaciones laborales que, aunque no vaya a ser lo que ellos pedirían, se acercará algo a sus deseos. Pero, al igual que los entornos conservadores, pueden mirar hacia otro lado con la perspectiva de que la huelga signifique atisbar un cambio de gobierno a corto o medio plazo que pueda incidir más adelante, cuando la inevitable recuperación económica se produzca, en mayores reformas.
Y finalmente, el Gobierno, lógicamente se verá atenazado por una respuesta en la calle de los mismos que hace seis años le votaron al tiempo que gritaron “no nos falles”. Recibirá un mazazo en la línea de flotación que puede suponer su principio del fin. Pero por otro lado, de plantearse en las fechas antes citadas, quedará un año para recuperar pulso político y llegar a las próximas municipales y autonómicas con tiempo suficiente para evitar descalabros como los que se anuncian, así como para tratar de salvar la legislatura, teniendo dos años por delante que le permitan tener garantías de revalidar su victoria.
Como este es un blog en el que trato de centrarme en la Web Social, falta por ver cómo se planteará la situación en los nuevos medios, redes sociales, blogs, Twitter… Será la primera vez que la partida se juegue también en un tablero virtual. Saber quién conseguirá dar el Jaque resulta fascinante, pero averiguar quién será el que logre el Mate es algo que solo será posible saber con el tiempo. Y por mucho blog que tengamos, éste no es una bola de cristal, ¿no?….
Llevo haciendo radio desde 1986. Comencé en Onda Verde, cuando era la emisora libre más escuchada de Madrid (con el permiso de La Voz de la Experiencia, Cadena del Water). Mi sueño se cumplió al poder sentarme delante de un micrófono y presentar la música que adoraba. Era un programa que no habría pasado los cánones de calidad de una radio fórmula, pero era libre, fresco y divertido.
En 1988 la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones nos obligó a un cierre cautelar. La Cadena Ser comenzaba su voracidad imparable, a la cual seguía Onda Cero, que por aquellos días de la mano de la ONCE, estaba dispuesta a cubrir todo el espectro radioeléctrico posible. Las razones para el cierre hace más de 20 años eran muy claras: El espacio de la Frecuencia Limitada es precísamente eso, limitado. Las emisoras libres, sin publicidad, sostenidas por las cuotas de sus socios, se convertían en molestos pepitos grillos y se cerraban por Real Decreto.
Tras unos meses de indefinición, a finales de 1988 volvimos a abrir. “La hora de los brujos”, mi viejo programa, se trasladó a Radio Vallekas, donde pude seguir haciendo radio libremente, pinchando la música que me gustaba, escapando de la rigidez de los guiones de la radio convencional, consciente de que un solo oyente que pudiera perderse en mi programa valía más que todos los millones de cualquier EGM.
Desde hace años hago un programa de radio en Radio Enlace. Su calidad puede que no sea elevada. Tal vez estamos muy lejos de los grandes “comunicadores” en cuanto a dicción o mensajes políticamente correctos. Pero todos los domingos, cuando llegan las diez de la noche, siento la libertad con pasión fluir frente a un micrófono, siendo muy consciente de que nuestro pequeño puñado de oyentes se ven identificados con un programa de radio diferente, con una forma de hacer las cosas de otra forma, con unos mensajes contados de manera distinta.
Y una vez más vuelve a plantearse el cierre. Da igual que las emisoras comunitarias llevemos más de 20 años esperando una licencia compartida. Lo de menos es que hayamos planteado todo tipo de alternativas para compartir un par de puntos de un dial que todavía tiene espacio. Lo importante es cercenar esas voces que no se pliegan a los intereses políticos o económicos. La Comunidad de Madrid cede gustósamente las licencias a sus amigos políticos y ahora, de nuevo mediante Ley de carácter general, la General de Comunicación Audiovisual, se planteará el cierre de las “emisoras piratas”. Las que “rompen” el mercado publicitario (por no aceptar publicidad), las que “no pagan impuestos”, entendidos por peajes a los gobiernos de turno, las que dan la voz a “esos” amateurs que osan lanzar su mensaje “sin calidad” frente a los popes radiofónicos reconocidos.
Durante estos días la polémica parece instalarse solo en el ámbito de Internet. Se podrán cerrar webs que enlacen contenidos protegidos por la propiedad intelectual con el beneplácito de un juez de la Audiencia Nacional. Internet cacarea en contra y, en mucha menor medida, a favor de semejante disparate. Pero la radio, esa compañera inseparable y cálida está tocada de muerte y muy pocos son los que parecen estar preocupados.
Alguno pensará que si se cierran las radios comunitarias siempre quedará emitir online, pero, ¿cuanto tiempo pasará hasta que se prohíba hacerlo también así? ¿Seguiremos aceptando que la libertad se coarte por las presiones políticas y comerciales de los grandes grupos de interés? ¿Continuaremos pensando ingenuamente que la información y la comunicación es un derecho?…
Los próximos días apenas podré ni Twittear. Nueva Orleans, una de la ciudades más maravillosas del mundo, me espera de nuevo. Desde allí me comeré las uvas y seguiré su peculiar cuenta atrás.
Quiero desearos a todos que paséis felices fiestas y que el próximo año sea pleno de éxitos personales y de felicidad.