INFOCONOCIMIENTO

El blog de Fernando Checa

Ene
29

Infoxicación… ¿Convertir en mito lo inexistente?

Escrito por Fernando Checa

Corría el mes de octubre de 1987 y mi primer día de clase en la Facultad cuando cuatro profesores de asignaturas distintas, Prehistoria, Historia Antigua, Historia Medieval y Geografía General acababan de hacer la presentación del curso. Cada uno de ellos nos había dado cerca de veinte páginas mecanografiadas con referencias bibliográficas para los primeros temas. Nos miramos sorprendidos y una compañera, muy indignada, preguntó al último de los profesores “¿Nos tenemos que leer todo esto? ¡Es imposible!”. Su respuesta fue muy simple: “Haced lo que queráis. Si preferís tener solo mi visión, muy bien, pero la palabra Universidad deriva de Universo y de Universal…”.

Durante aquellos años, en los que las aulas de Alcalá fueron mi casa, no dejé de acudir a la biblioteca con listados enormes de bibliografía. Consultaba las referencias que existían. Tomaba notas en algunos casos y en otros tan solo ojeaba por encima el libro en cuestión. Una infinidad de ellos no estaban disponibles y suponía un suplicio poder acceder a aquella referencia que parecía interesante.

A mediados de los noventa empecé a usar la Web. La promesa de encontrar todos los contenidos en una biblioteca universal y de fácil alcance todavía estaba muy lejos de hacerse realidad. Apenas existían esos contenidos. Y no era sencillo llegar a ellos. La teórica gigantesca biblioteca era más bien una biblioteca de barrio y sin catalogar. Aunque poco a poco iba incrementando sus fondos y, de manera asombrosa, estos empezaban a ser cada vez más asequibles.

Como amante de la ciencia ficción soñaba con el mundo tecnológico que Gibson en Neuromante avanzaba. Un mundo en el que las fronteras de lo físico y lo virtual se desvanecían con sencillez. En el que lo mejor y lo peor era posible. Y entre mis lecturas apocalípticas de aquellos años llegó a incluirse un libro que tiempo después cobraría mucha fama, “El Shock del Futuro” (Future Shock), de Alvin Toffler. Desde un punto de vista casi neoludita Toffler advertía contra los riesgos del incremento exponencial de la información, que llevarían a graves desórdenes psicológicos en los individuos. Recuerdo pensar divertido que aquella era una forma muy conservadora de entender el sueño de un espacio en el que la mítica biblioteca de Alejandría se convirtiera en realidad.

Cuando en 2000 Alfons Cornella lanzó en término “Infoxicación” (el entrecomillado es mío aunque FUNDEU recomiende su uso) en una ya famosa conferencia no estuve del todo de acuerdo con él. Sí en un aspecto: que tener mucha información no era sinónimo de tener mayor conocimiento. Si la información no es procesada, asumida e integrada para actuar el conocimiento no se genera. Es por ello que hoy siga pensando que no vivimos en una Sociedad de Conocimiento, como tantas veces de forma acrítica se plantea.

Pero Cornella en aquel escrito volvía a plantear una serie de aspectos, reales ciertamente, como el incremento de las fuentes de información, unidos a la asunción de problemas que, por otro lado, no tenían por qué producirse: falta de productividad personal, sobrecarga, dificultad de acceder a la información y lo que él consideraba como un gran problema, la serendipia (chiripa en español castizo).

Internet siguió su camino y pronto acabamos acuñando el término Web 2.0 para englobar el conjunto de tecnologías que cambiaron la forma de actuar en Internet en los primeros años del siglo. En muy poco tiempo la capacidad de publicar cualquier contenido en Internet se democratizó. Surgieron los blogs y las redes sociales. Y cientos de servicios que permiten a cualquiera con una conexión a Internet hacer público cualquier cosa, cualquier pensamiento, cualquier banalidad o cualquier genialidad. Incrementando el flujo de contenidos hasta volúmenes impensables. Y de nuevo volvieron a surgir críticos y apocalípticos. Andrew Keen atacaba sin piedad los nuevos tiempos en lo que él considera casi intolerable: el triunfo de lo amateur frente a los garantes de la calidad. Y poco después Nicholas Carr nos alertaba a todos de los peligros que la nueva forma de acceder a tanta información tiene. Básicamente, según Carr, Internet y Google nos está volviendo imbéciles. De nuevo la gran amalgama entre inmensos volúmenes de información y, en este caso, poder acceder a ellos, es considerado como algo profundamente nefasto que, lejos de poder hacer mejorar nuestra inteligencia y conocimiento, nos convierte en sujetos torpes y ciudadanos acríticos.

Pero ¿realmente estamos “infoxicados”? Yo personalmente creo que no. Por más que miro a mi alrededor, a compañeros de trabajo, a amigos o a familia, no encuentro esos síntomas terribles que auguran tantos autores. No observo una obsesión por abarcar toda la información que está al alcance de un clic. Ni stress por no conseguirlo. En determinadas circunstancias, como por ejemplo el MOOC en el que estoy participando, puede darse cierta sensación de vértigo ante una avalancha de posibilidades de incorporar la tecnología a la educación. Pero estoy convencido de que esa sensación se desvanece cuando la pantalla se apaga. Accedemos a la información que nos interesa sin mayor problema. Y con la ventaja de que hoy no supone tanto suplicio como hace algunos años, cuando simplemente no estaba a nuestro alcance.

¿Tanta información es garantía de calidad? En absoluto. De la misma forma que se ha incrementado hasta lo insondable el flujo de información, la basura cibernética también se ha reproducido. Pero basura siempre ha habido. Cada vez que pienso en ello recuerdo el episodio del Quijote con la quema de libros de caballería. El problema es que lo que para Cervantes fue una metáfora para algunos, personas y, especialmente empresas, parece ser un objetivo a perseguir.

Hoy Google “piensa” por nosotros y por eso cada día filtra más los contenidos que nos sirve cuando realizamos una búsqueda. La gigantesca red social Facebook decide por su cuenta qué es lo que nos interesa, mostrándonos lo que su algoritmo, siempre cambiante y siempre tan “adaptativo” cree que es lo que necesitamos. Eso sí, convenientemente sazonado de posibilidades comerciales para “llegar a más personas”.

Tenemos ciento y un sistemas para crear filtros. Para leer solo lo que nos interesa. Olvidando que tal vez lo que necesitemos esté fuera de esos filtros. ¿Son cómodos? Sin duda. ¿Útiles? Depende. Del usuario. Y de con qué los esté alimentando. No me considero idiota y creo tener el suficiente sentido común para diferenciar entre la basura y el oro. Y cuando consumo basura quiero poder hacerlo sin que nadie me diga que no debo o, peor aún, decida qué basura puedo o no consumir. En definitiva, podemos usar filtros para acceder a la información. Aplicaciones o programas cambiantes. Dejarnos guiar por aquellos que nos aportan cosas positivas e intentar hacer nosotros lo propio (mediante sistemas que permiten llevar a cabo ese horrible concepto mal traducido de la “curación de contenidos“). Pero si clamamos permanentemente contra el supuesto exceso de información y sus presuntos males estaremos haciéndolo sin darnos cuenta contra nuestra propia libertad de elegir y de crear un criterio cada vez más amplio.

No me gustan los filtros. No me gusta que nadie piense y decida por mí. Quiero poder acceder a toda la información del mundo. Quiero que esté toda disponible. No quiero sentirme como aquel primer día de clase cuando bajé a la biblioteca y descubrí que menos del uno por ciento de las referencias bibliográficas estaban accesibles. Y como profesor no quiero que unos pocos de mis alumnos hagan resúmenes de lo que se habla en clase para pasárselo al resto. Odié a muerte aquellos profesores que exigían “sus apuntes” y generaban el trabajo de unos pocos que copiaban y otros muchos que fotocopiaban. Quiero que mis alumnos tengan a sus pies toda la información. Toda. Que generen sus propias estrategias para acceder a ella. Que decidan qué les es más válido y qué no sirve para nada. Que logren mejorar su sentido crítico que, hoy, sinceramente , es más fácil que cuando la información era poca y en muchos casos sesgada.

Creo que Internet, con todos sus riesgos, con todos sus problemas, con todos sus fallos, es la herramienta que puede hacerlos mejorar como ciudadanos. Por muy inmenso trabajo que esto pueda parecer…

Ene
23

MOOC Educalab. Semana Dos.

Escrito por Fernando Checa

Segunda semana de funcionamiento del MOOC sobre PLE aplicados al Desarrollo Personal Docente y el curso comienza a tomar ya velocidad de crucero. La semana está siendo muy interesante porque además de los cientos de comentarios e interacciones que se van produciendo en los distintos entornos de conversación (la plataforma, Twitter, el grupo de Facebook…), el tema a trabajar ha sido el uso de Twitter. Muchos profesores han comenzado a usar Twitter en estos días y otros muchos le han dado un fuerte empujón a cuentas que, tal vez tenían abiertas hace tiempo, pero que no acababan de incorporar a su día a día.

Twitter es una de las herramientas más sencillas de la Web Social. Si bien su propia sencillez lleva a que a veces sea compleja de entender. ¿Qué hace que millones de personas publiquen breves mensajes de 140 caracteres de forma compulsiva? ¿Qué motiva a que algo que comenzó como una aplicación de mensajería y que pasó a ser casi una broma con la que contar al mundo qué estabas haciendo crezca sin parar? ¿Por qué cada vez más los jóvenes se lanzan de lleno a usar “el pajarito”? Y la pregunta más importante para nuestro curso ¿puede ese entorno ayudarnos como docentes?

Las respuestas a estas preguntas son mucho más complejas de lo que parece y excederían el ámbito de este post. Pero ciertamente Twitter engancha. A los usuarios que sienten la liberación de contar banalidades simplemente como vía de escape, a usuarios que vuelcan en la red del pájaro azul sus descubrimientos, a usuarios que han convertido lo que empezó casi como un chiste en una conversación que rompe con la tradicional dicotomía de la asincronía o la sincronía. Twitter genera un ruido infernal, pero también una vía increíble para descubrir personas e ideas. Para compartir y colaborar. Para sentirse cercano de los que están lejos y también, por desgracia, para encontrar la cara más terrorífica de la Red.

Los docentes pueden encontrar en Twitter tantas posibilidades de aprendizaje, para ellos y para sus alumnos, que resultaría tedioso volver a repetirlas aquí. Pero independientemente de si finalmente acaban usándolo más o menos, es bueno que conozcan una aplicación que ha cambiado la forma de entender Internet. Y esa ha sido la clave de esta semana en el MOOC: conocer otros profesores que tuitean, aprender a manejar las listas para cribar la información, gestionar el flujo de sus mensajes y los de sus colegas entre el inmenso magma de tuits publicados permanentemente.

El producto final de la segunda unidad del curso ha sido analizar la cuenta de un profe o entidad educativa. Y una vez hecho, dar respuesta a la pregunta ¿cómo Twitter puede ayudarnos a generar una red de docentes conectados? Y desde el lunes tanto la plataforma como el hashtag #eduPLEmooc se ha ido plagando de trabajos en esa línea, llevando a que muchos profes se hayan lanzado ya no solo a tuitear sino a descubrir herramientas de análisis y gestión que soportan el trabajo con la plataforma.

En este sentido cabe recordar que Twitter permite que aplicaciones de terceros mejoren su experiencia de uso. Algunas son casi fundamentales, como Hootsuite o TweetDeck, para hacer un mejor filtrado de la información. Otras son muy potentes y útiles desde el punto de vista corporativo, como SocialBro, Twitbinder o Archivist. Y muchísimas solo tienen sentido cuando se trabaja desde el punto de vista de la analítica social y, especialmente, teniendo mucho cuidado con ellas. Hay que recordar que cualquier aplicación en la que nos registramos con nuestra cuenta tiene acceso a nuestros datos, muchas de ellas pueden (y lo hacen) publicar en nuestro nombre o mandar mensajes directos sin nuestro consentimiento y algunas son realmente peligrosas para la gestión de nuestra privacidad.

Tal vez el mundo del Social Media y los miles de artículos publicados sobre la analítica social ha influido demasiado en muchos de nosotros. Puesto que buena parte de los informes publicados en estos días se han enfocado en dar datos y más datos. Olvidando que, por encima del dato puro y duro, lo interesante, especialmente para los efectos del análisis que se solicitaba en el curso, es el estilo de publicación, el tipo de contenidos compartidos, la conversación generada, etc.

Por otro lado el MOOC comienza a vivir los resultados de una gigantesca participación y de los cuellos de botella que pueden producirse cuando un inmenso flujo de visitantes intenta acceder al mismo tiempo a un servicio web. ¿Cuántos usuarios concurrentes permite el MOOC de Educalab? Tal vez muchos, pero sin duda insuficientes a tenor de las caídas permanentes. Que el Ministerio de Educación aparezca como uno de los organizadores debería ser garantía de que la plataforma pueda sostenerse mejor de lo que lo hace. Un MOOC se basa, entre otras muchas cosas, en grandes números. Y para ello hacen falta soluciones tecnológicas muy potentes. De no ser así la frustración de los participantes puede crecer hasta el punto del abandono. Y por ahora la plataforma en la que está construido el MOOC está fallando mucho más de lo aconsejable.

También en el lado de las críticas podríamos poner el propio uso de la plataforma por parte de muchos alumnos. Resulta frustrante encontrar decenas de preguntas sobre el mismo tema cuando la contestación está un poco más abajo y ni tan siquiera ha sido leída. La participación en los entornos virtuales es necesaria, pero en la participación debe estar incluida la lectura de los mensajes del resto de compañeros. No se trata solo de hablar. También de escuchar.

De todas formas, como comentaba la pasada semana, grandes números llevan a grandes errores, pero también a enormes éxitos. A un incremento exponencial de la red de contactos de docentes apasionados por aprender y por compartir sus experiencias. A la riqueza enorme de poder acceder a muchos trabajos de una factura e interés impresionante. A reconocer que la educación, como vemos con los Entornos Personales de Aprendizaje, tiene múltiples espacios en los que puede desarrollarse. Así pues, una semana más, os veo por mi PLE…

Ene
16

MOOC Educalab. Primeras impresiones

Escrito por Fernando Checa

Hace una semana tenía conocimiento de la convocatoria del MOOC sobre Entornos Personales de Aprendizaje de Educalab y desde el primer momento he decidido participar activamente en él. Creo sinceramente que de todas las experiencias formativas se aprende y más cuando la expectación por este curso es tan grande. Más de 7000 profesores interesados en aprender acerca de la mejora de la tecnología en el aula, realizando muchos de ellos una experiencia similar por vez primera.

Desde el inicio estoy disfrutando intentando aportar un poco de ayuda a aquellos compañeros que se están iniciando en el complejo mundo de las tecnologías en el aula. Puede que por eso esté siendo mucho más activo de lo normal. Por eso o, posiblemente, porque echo tanto de menos ser profesor que cualquier excusa es buena para apuntarse a algo que, tras mucho tiempo, me está haciendo sentir en cierta medida como docente.

La experiencia tiene muchos puntos positivos. El curso, estructurado con una serie de unidades que a su vez incorporan la realización de tareas variadas, es un reto para que profes que jamás se habían lanzado a la aventura de hacer cosas en la red se atrevan a hacerlo. Y de que otros muchos que llevan años lidiando con ellas las compartan con sus compañeros y, en la medida de sus posibilidades, ayuden al resto del inmenso grupo. Indagar, colaborar, compartir, son partes fundamentales de cualquier proceso de aprendizaje. No sentirse solo y divertirse en el proceso, también. Y en gran medida el curso está cubriendo estos objetivos.

También podemos (y debemos) ser críticos. Muy aguda me parece la crítica de Jordi Martí, a quien no le falta razón al criticar que este curso es algo así como la reinvención de la rueda y que se muestra especialmente mordaz por la presencia del Ministerio de Educación, algo que iría en contra de la horizontalización pretendida con los entornos de aprendizaje personales.

Por mi parte la mayor crítica no vendría tanto por el planteamiento del curso en sí sino por la forma de entender su dinámica por parte de muchos participantes. Tal vez la información no haya sido clara, pero lo que podría ser un espacio de aprendizaje centrado en conversaciones y no en productos ha sido convertido por muchos alumnos en una mera publicación de los resultados de sus tareas. Cientos de nubes de intereses compartidas en Twitter, un sin fin de perfiles de Docente.me abiertos y republicados en la plataforma de debates del curso y usando el hashtag de Twitter. La plataforma de debates plagada con decenas de mensajes en los que solo participa una persona enlazando el resultado de la actividad realizada…

Parece que lo importante es demostrar que se ha realizado con prontitud la tarea propuesta y que se está preparado para la siguiente. Lo de menos es comentar la del compañero, criticarla, hacer objeciones o felicitarle por su progreso. Obviamente ante una avalancha tan inmensa de alumnos es difícil que todos estén alineados hacia ese objetivo, pero no puedo dejar de pensar que para muchos profesores lo importante sigue siendo el producto individual entregado (cuando no la calificación, sobre la que ya he leído varios mensajes preguntando sobre ella).

Estoy convencido de que la dirección del curso, todos fantásticos profesionales de la educación, están dándole vueltas al día a día del curso para lograr que el sentimiento de comunidad necesario en una acción de estas características se logre. Por mi parte seguiré intentando ayudar a todo aquel que tenga dificultades porque creo que, al margen de la crítica necesaria, la experiencia está resultando apasionante…

Ene
10

Un MOOC imprescindible: Educalab

Escrito por Fernando Checa

Muchas veces soy crítico con los MOOC´s. Como participante en varias experiencias de cursos masivos, tanto en la función de facilitador así como en la de alumno, no siempre he encontrado las ventajas prometidas: aprender en comunidad, avanzar en compañía de otros, disfrutar por el mero hecho de conseguir incrementar el conocimiento.

Creo que el principal problema de los MOOC´s es que la mayoría de los alumnos eligen matricularse en ellos llevados por dos motivos: curiosear a ver qué es eso de lo que todo el mundo habla y obtener algún tipo de título o certificado. Las tasas de abandono son inmensas y los espacios de interacción acaban convirtiéndose en un inmenso erial.

Sin embargo la bondad de los cursos online masivos y gratuitos, cuando están bien planificados, no debería verse afectada por esto. Cuando la temática es interesante pero, especialmente, el interés de los participantes es elevado, el éxito puede estar casi garantizado. Por eso he visto con ilusión el lanzamiento del curso “Entornos Personales de Aprendizaje para el desarrollo de personal docente” de EducaLAB. En primer lugar por la seriedad que supone un curso dirigido por expertos como David Álvarez, Diego García y Clara Cobos. Solo el hecho de contar con ellos como facilitadores ya hace interesante la experiencia. Pero también por su temario, perfectamente balanceado en dos módulos y siete unidades que pasan revista a algunos de los aspectos más interesantes y críticos de la realización de un PLE.

El curso, además de contar con los espacios de interacción clásicos en una plataforma, puede escapar de los corsés de la misma, mediante el uso de otras herramientas. Comenzando por Twitter, verdadero magma de interacciones y capacidad de ayuda entre los participantes. Los hashtags #eduPLEmoc y #MentoresPLE están en ebullición desde hace unos días con decenas de profes (y no profes) dispuestos a aprender y a ayudarse entre si. Incluso la primera de las actividades, la creación de una “nube de intereses” y su publicación en Pinterest se ha convertido en un reto que, además de divertido, permite “cacharrear” con Tagxedo, una herramienta muy interesante para usar en clase.

Ganas de aprender, más de 5000 participantes ahora mismo, generación de una enorme comunidad de personas interesadas en conocer nuevas ideas para poder aplicarlas en su entorno de trabajo y mucha diversión. ¿Qué más se puede pedir? Todo está preparado para hacer de este curso un éxito rotundo. Y todavía está abierta la inscripción. El curso comienza el día 13 de enero. De forma que si te interesa… nos vemos allí!!!!

Dic
14

Tras un período de reflexión… Otro reto

Escrito por Fernando Checa

Han sido bastantes meses en los que no he escrito ni una sola coma en este blog. Mi actividad en las redes sociales se ha ceñido fundamentalmente a Twitter, aunque en los últimos tiempos me he convertido también en un usuario bastante activo de LinkedIn. La red profesional me resulta cada vez más atractiva por la cantidad de personas interesantes que uno puede encontrar en ella. Todavía le falta mejorar el “aspecto social” para que al acceder a ella se observe algo más que una mera actualización de los contactos de cada uno. Y es que todavía existe poca interacción entre los participantes, al menos entre los españoles. Pero es una red social en la que me encuentro a gusto y a la que le sigo viendo un largo recorrido.

En estos meses desde mi vuelta de Bucaramanga he tenido que asumir (con mucho dolor) que la universidad española no tiene espacio para mi. Las universidades públicas suman a sus disparatados sistemas de contratación, viciados por la endogamia y el enchufismo, una crisis presupuestaria sin precedentes. La vía de entrada es, en el mejor de los casos, a través de puestos de Profesor Asociado, que esconden una precarización insultante un puesto de trabajo que debería ser digno: el de profesor universitario. Plazas en las que por sueldos miserables los aspirantes aceptan a pagarse ellos mismos la Seguridad Social (pocos asociados en Facultades de Educación conozco que trabajen para otra empresa, la verdad) y solucionan el problema de la falta de docentes. A eso se le suma la disparatada política de acreditaciones para las figuras de profesorado universitario. La creación de la ANECA y las correspondientes “Anequillas” en las comunidades autónomas y su labor de acreditación para los puestos de profesor universitario solo ha servido para poner un freno más a la carrera de los aspirantes. Da igual que hayas dado 3000 horas de clase, te faltarán JCR´s. Lo de menos es que tengas publicaciones, adolecerás en docencia. Es lo mismo haber acudido a mil congresos, seguro que no eres líder de un grupo de investigación… Y así hasta el infinito. La política de no acreditar a nadie para evitar una inmensa bolsa de aspirantes acreditados para unas plazas que no se van a convocar se ha convertido en un rodillo que hace tirar la toalla antes de intentarlo.

Durante este tiempo también he intentado acceder a la universidad privada. A fin de cuentas en ella he desarrollado más de 10 años de carrera académica. Pero la crisis también ha llegado a ellas. Sin olvidar que el nepotismo y el amiguismo, duramente sentido en mis propias carnes, igualmente convierte el proceso en una misión imposible.

En definitiva, tras casi seis meses de búsqueda infructuosa, me veo obligado a pensar que la universidad ha decidido cerrarme las puertas definitivamente. A mi y seguro que a muchos como yo. Es doloroso pensarlo pero inevitable asumirlo. Al menos la universidad tal y como está planteada en estos momentos. Inmersa en una crisis institucional, absorta en sus tradiciones y ajena a los cambios que se han producido en el mundo y que, lejos de haberla hecho más ágil y flexible, la mantienen en un anacronismo en el que lo que sigue primando es el privilegio, el clientelismo y la autoprotección ante todo lo que venga de fuera.

Uno podría pensar que estos son motivos para alejarse de la universidad definitivamente. Tal vez lo sean. Pero al mismo tiempo es una institución que creo que, con una profunda y completa revolución, que no reforma, debería ser uno de los pilares que hiciera cambiar a nuestro país. En una crisis como la que vivimos, la universidad debe cambiar al igual que lo están haciendo otras instituciones. El cambio no debe ser un mero maquillaje como el que lleva produciéndose desde la etapa de la Transición. Un maquillaje basado en la protección de los derechos adquiridos de una organización que pide mucho y ofrece poco. Un inmovilismo apoyado tanto por las propias instituciones universitarias como por las diferentes fuerzas políticas.

En este entorno se enmarca el trabajo de mi segunda Tesis Doctoral. En el de la gestión universitaria. En el de indagar acerca de los problemas que la universidad española tiene y buscar vías de solución que rompan radicalmente con lo que hasta ahora se ha hecho. Una Tesis que no necesito hacer pero que deseo con toda mi alma desarrollar. Una Tesis que, al igual que con la primera, no me permitirá trabajar en la universidad, pero que al menos logrará que pueda mostrar desde el punto de vista científico que la decadencia de universidad es algo más que una apreciación subjetiva. Y que soluciones hay. Siendo valientes para ponerlas en marcha.

En definitiva, a partir de hoy en Infoconocimiento escribiré menos de tecnología y de redes sociales y me centraré en ir publicando reflexiones y contenidos relacionados con la “cuestión universitaria”. Dónde me llevará este viaje quimérico es algo imposible de averiguar. Pero desde luego las alforjas están preparadas para afrontarlo…

Jul
17

Entrevistado por SchoolMarket

Escrito por Fernando Checa

Desde SchoolMarket, una interesante consultora especializada en Marketing Educativo, se pusieron en contacto conmigo y me invitaron a participar en una entrevista en la que mostrara mis puntos de vista sobre algunos aspectos de marketing aplicados al sector educativo. La reproduzco aquí ya que creo que es un sector que cada vez va a tener más claro que la vía de los social media puede abrir buenas oportunidades y en el que voy a enfocar buena parte de mi futuro profesional como consultor y formador:

- A los políticos se les suele llenar la boca con las inversiones en nuevas tecnologías ¿están los centros educativos españoles realmente “conectados”?

Durante los últimos años se han hecho bastantes avances en el aspecto tecnológico de los centros educativos. Poco a poco se ha ido dotando a los centros de redes de Internet, de espacios en los que los estudiantes puedan trabajar con tecnología e incluso la incorporación de redes wifi, pizarras digitales u ordenadores en el aula han generado bastantes expectativas durante bastante tiempo. De todas formas, al margen de planes más o menos acertados, creo que la encrucijada en estos momentos se encuentra en el campo de los docentes, en primer lugar y en los centros, en segundo.

Sin duda es necesario que las administraciones ayuden con la puesta en marcha de inversiones, pero hace falta que muchos centros educativos afronten una verdadera “reingeniería” de sus procesos docentes. Y eso tiene que ver, no solo con las inversiones en tecnología, sino con las formas de hacer las cosas. Como es normal las inversiones que hay que exigir a las administraciones son un factor muy importante, crítico si queremos. Pero no lo es menos el establecimiento y aceptación de una forma diferente de enseñar y de afrontar el aprendizaje de los alumnos. Y aquí es donde a España todavía le queda mucho camino por recorrer.

- Las redes sociales son un fenómeno social y comunicacional imparable ¿se las está sacando todo el partido desde el mundo de la educación?

Las nuevas herramientas que nos ofrece hoy Internet han roto barreras que hasta hace algunos años serían impensables. El propio concepto del uso de algunas redes sociales permite poner en valor aspectos como el aprendizaje informal, del que llevamos muchos años hablando, pero que casi quedaba reducido al uso de espacios “extra-muros” por un puñado de docentes motivados. Pero hoy mediante el uso de redes sociales todos los actores de la educación se encuentran con herramientas muy poderosas, fáciles de usar, aceptadas por la comunidad y usadas en gran medida y muy económicas, cuando no gratuitas.

Así, desde el cuerpo docente se puede usar aplicaciones como Twitter, Facebook o Edmodo para apoyar el proceso de aprendizaje fuera del aula, enganchando muy bien con el reto de nuestra sociedad de estar capacitados para formarnos a lo largo de toda la vida, no solo el tiempo que estemos realizando una determinada acción formativa o curso, sea reglado o no. Desde estas redes sociales hasta decenas de aplicaciones enfocadas a la educación, profesores y alumnos pueden establecer un entorno de aprendizaje diferente, más ágil y más cercano a la vida real. Con barreras de entrada muy bajas y con curvas de aprendizaje muy suaves.

Pero también debemos considerar la otra parte del sector educativo. La parte que tiene que ver con el mantenimiento de las estructuras del centro, ya sea en organizaciones con o sin ánimo de lucro: la necesidad de mejorar la relación con los públicos de interés, la obligación de afrontar un nuevo entorno de relaciones centro educativo-alumnos-familias, el objetivo irrenunciable de la captación de nuevos alumnos o la búsqueda permanente de la excelencia de la organización, pueden verse ayudados por las nuevas herramientas sociales de la web. Y tal vez sea en esa parte donde todavía las entidades educativas tienen todavía bastante por hacer.

“El hecho de ser ‘nativo digital’ no hace al usuario más formado ni más prudente”

– La educación está compuesta por el triángulo formado por profesores, alumnos y familias, en cuanto al uso de las nuevas tecnologías ¿qué forma tendría el triángulo?

Esta es una pregunta muy compleja, puesto que hay muchos factores que intervienen en ella y lógicamente no es lo mismo un colegio establecido en una zona rural que un centro de altas capacidades en un entorno económicamente favorecido. De todas formas, generalmente tendemos a pensar que los estudiantes son los usuarios intensivos de la tecnología y tras ellos van los profesores y finalmente sus familias. Como digo, esto no tiene por qué ser así. Los alumnos utilizan muchas veces las tecnologías pero sin ser conscientes de las capacidades que las mismas pueden llegar a tener. Para lo bueno y para lo malo. Y es misión de profesores, y de padres, no lo olvidemos, acompañarles en ese descubrimiento.

Por poner un ejemplo, cuando en España Tuenti, una de las redes más populares, y cada vez más usada por gente muy joven, sitúa sus normas de privacidad en determinada edad, es importante que padres y profesores lo conozcan. Y sepan cuál es la razón de ello. El hecho de ser “nativo digital” y conste que odio ese apelativo, no hace al usuario más formado ni más prudente, sólo más ágil e incluso eso podría ser matizable.

– Los centros educativos también están notando la crisis y son conscientes de que ahora tienen que apostar por el marketing ¿Cree que están preparados para hacerlo de un forma eficaz?

Un centro educativo es una organización que debe cumplir, entre otras muchas cosas, con unos objetivos de captación de alumnos. Sea público y privado. Tal vez estos objetivos resultan más acuciantes desde el sector privado, pero no pueden obviarse desde el público. Y menos en estos tiempos de crisis. Suele ser espinoso para muchos profesionales del sector educativo el afrontar que el marketing es tan necesario como la gestión de los recursos humanos o la contabilidad de la organización. Marketing no es crear necesidades, como tantas veces y de forma errónea se plantea. Marketing es el proceso de descubrir precisamente cuáles son las necesidades y como cubrirlas. Actuando desde el espacio de los deseos, pero también desde la atención a los públicos de interés. Y por supuesto apoyando a la parte más comercial del centro. Hace unos años el gran evento de marketing y comercial del sector era la feria AULA. Acudir a ella era casi una obligación, que generaba unos gastos inmensos para los centros que allí ponían un stand. Los que no se lo podían permitir trataban de solucionarlo centrándose en su entorno y en el desarrollo de su material promocional.

”El marketing es para el sector educativo tan necesario como la gestión de los recursos humanos o la contabilidad de la organización”

- ¿Y qué puede aportar internet y las redes sociales al marketing educativo?

Internet cambió el mundo del marketing. Y las redes sociales acabaron por empujar definitivamente los procesos de captación de alumnos a un nuevo nivel. En estos momentos miles de personas están buscando cursos de infinidad de temas en la red. Usando Google, aunque no solo. También preguntando por Twitter, o consultando a sus amigos en Facebook, o rebuscando entre sus contactos en LinkedIn. Y a esta realidad hay que dar respuesta por parte del sector. No es difícil, pero hay que hacerlo. Ya no vivimos en los comienzos de los 2000, en los que incluso no tener una web, o que ésta fuera muy poco profesional, no era problema. Hoy el tener una presencia en la red, que refleje perfectamente el alma de nuestra organización es ya un imperativo estratégico. Para todos los sectores. Y especialmente para el educativo. Eso si, hay que hacerlo siguiendo una estrategia. Preguntándonos previamente qué queremos hacer, por qué, cómo… Aplicando, en definitiva, los criterios que cualquier organización define para su crecimiento. Podemos hacerlo solos o acudiendo a ayuda externa. Pero debemos hacerlo.

– Usted asesora a empresas sobre crisis de reputación en las redes sociales y sobre su posicionamiento en la red ¿Qué aconsejaría a un centro educativo que se encuentre ante una crisis de reputación por una noticia negativa en internet o comentarios negativos en las redes sociales?

Siempre digo a mis clientes que lo más importante es, en primer lugar, escuchar. Curiosamente escuchar es uno de los factores mejor considerados por las personas. Es una actitud que se considera positiva siempre. Pero que a veces se olvida cuando pasamos a pensar como organización. Pero nadie diría que no es uno de los principales valores del ser humano. Bien, en Internet debemos escuchar. Y más hoy, que Internet, con todos sus problemas, se ha hecho más “humano”. La escucha nos permite saber qué se dice de nosotros. Y cuando practicamos la escucha podemos participar en la conversación. Por supuesto en la Red hay mucho ruido. Y es fácil encontrar personas que no estén dispuestas a conversar, sino tan solo a gritar, o peor aún, a insultar. Pero la escucha es la primera clave.

La segunda es la participación en la conversación. Para ello la asertividad es fundamental. No olvidemos que un entorno mediado puede generar fácilmente malos entendidos. Pero también la firmeza, tanto para defender los valores de la organización como, y esto es crítico, asumir los errores y pedir perdón por ellos. Al igual que las personas que escuchan son muy bien valoradas, las personas que saben pedir excusas cuando se equivocan son muy bien consideradas. No permitamos que las organizaciones se deshumanicen en ese aspecto, y muchísimo menos cuando el ámbito de su trabajo es tan sensible como el de la educación. Por supuesto el tema es mucho más complejo, y podríamos hablar de manuales de crisis, o de respuestas ante determinadas contingencias, pero nuevamente recalamos en las dos ideas fuerza: escuchar y conversar. Algo que en las redes sociales, aunque algunos puedan creer que no, es absolutamente posible y necesario.

– Por último, ha tenido ocasión de conocer en primera persona distintos sistemas educativos (Colombia, Malta, Eslovaquia) ¿Cuáles cree que son las principales fortalezas del sistema educativo español?

Tras haber tenido la posibilidad de conocer otros sistemas educativos fuera de España me gustaría ser optimista respecto a nuestro país. Creo que la principal fortaleza es la gran calidad de sus actores. Y en ello incluyo a los profesores y personal de administración de centros educativos así como a miles de estudiantes y padres preocupados por la educación. Nos preocupa la educación. Y mucho. Hablamos de ello permanentemente. Y queremos que sea mejor. No conozco a nadie en España que quiera que la educación no mejore. Y eso es ya, de por sí, una gran fortaleza.

Por otro lado, la diversidad que ofrece nuestro país, el gran salto cualitativo de nuestros docentes y profesionales en las últimas décadas, la mejora paulatina en las infraestructuras, la adaptación, lenta, pero sin pausa, a currículos internacionales en el espacio europeo, es otro de esos puntos que no valoramos en su justa medida, aunque cuando se sale de España, otros países admiran e incluso ponen en práctica.

-¿Y su principal debilidad?

Respecto a la debilidad mayor, creo que esta está en la excesiva politización de un bien común como es la educación. No voy a dudar de que el objetivo de los políticos, sean del signo que sean, es la mejora de la educación. Pero cuando uno observa que pocos profesionales de la educación son los que trabajan en sus políticas no deja de sentirse frustrado. Y esa frustración acaba haciéndose extensible a todo el sector, algo que me parece realmente preocupante.

Por supuesto, en segundo lugar entre las debilidades, aunque igualmente preocupante, situaría nuestras altas tasas de abandono y fracaso escolar. En buena medida producidos por currículos demasiado inflexibles, por problemas en la orientación de los estudiantes, por una escasa adaptación a nuevas formas de enseñanza y aprendizaje, por la ancestral preocupación por el título más que por el aprendizaje o incluso por no haber sabido poner en valor una de las profesiones más bellas y satisfactorias del mundo, la de docente.