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Yes, we can…
Escrito por Fernando Checa on Junio 28, 2008Me gusta el fútbol, lo reconozco. No lo cambiaría por un concierto de cualquiera de mis bandas de Heavy Metal favoritas, pero disfruto con un buen partido de mis colores. Y nunca he escondido que soy merengón y que mi equipo más allá del Real Madrid es España. España, no la selección, ni el combinado nacional, ni la roja, ni la furia, ni demás inventos eufemísticos para no nombrar el nombre del país en el que nací, el nombre del país que aparece en mi pasaporte, el país del cual parece que hemos sido forzados a arrepentirnos durante tanto tiempo.
Los nacionalismos me parecen estúpidos. Los de toda índole. Ayer Juanjo, un alumno del fantástico grupo con el que cierro el curso lo volvía a decir: “los nacionalismos se acaban viajando… y leyendo…” Y tiene toda la razón. En cualquier caso, fuera de nacionalismos , ver a millones de personas ilusionadas por 11 peloteros, pintándose la cara con los colores rojigualdos y volviendo a portar una bandera que, por fin sirve para unir y no para dividir y que, nos pese o no, es la que nos identifica en el mundo entero, es emocionante.

Y todo gracias a ese mágico e incomprensible fervor que despierta el fútbol. Hace 24 años seguí la Eurocopa de Francia en un bar gallego de Aranda de Duero. Trasegábamos ribeiro como sólo los adolescentes pueden hacerlo mientras disfrutamos olvidando el ridículo que habíamos hecho en el mundial de naranjito. Tras el 12-1 contra Malta casi tocamos el cielo, y si no hubiera sido por la barriga de Arconada, lo habríamos hecho.
En 24 años he visto ganar a los nuestros en todas las disciplinas deportivas. Si, porque los hacemos propios para salvar la frustración de no ser nosotros los que sentimos la gloria. En automovilismo, motociclismo, atletismo, natación, tenis, waterpolo, balonmano, baloncesto, boleibol, hockey o surf. En vela, remo, escalada, ciclismo, judo y boxeo. En casi todas las disciplinas deportivas hemos vivido momentos de victoria, pero en el fútbol… ains…
Y por fin, nos encontramos esperando el momento en que llegue un partido de fútbol. 90 minutos que unirán a millones de almas, internautas y analfabetos digitales, directivos de grandes empresas y amas de casa, infantes y ancianos, en un sólo grito creado marketinianamente sin ser demasiado originales: “Yes, we can”
Pase lo que pase, con la catarsis deseada, o sin ella, dentro de 24 años seguro que recordaremos estos días…

Grande, muy grande!!! Esta eurocopa ha sido mucho más que la unión de un pueblo que lleno de problemas estaba viendo peligrar mucha de las cosas logradas en años anteriores. Ha sido la mejor inversión de marketing de la familia real, del gobierno y de tantas y tantas instituciones que hemos visto como paseaban su imagen en lo distintos palcos de esos campos de futbol. Además estoy convencido que además les ha salido muy economíca esa cantidad de minutos “robados” a los verdaderos protagonistas.
Es momento de tirar de hemeroteca y ver como a todos estos que hoy glorificamos estuvieron apunto de ser lapidados. Ahora ya nadie se acuerda de Raúl o de la bochornosa eliminación en el pasado mundial o de otras tantas polemicas a las que ha perseguido ese equipo desde que tengo uso de razón.
Me sorprende como se ha dejado de hablar de la famosa desacelaración o de ese posible crecimiento negativo que los próximos años viviremos. Incluso se dio relativamente poca importancia a una huelga de transportistas que pudo ser lo que nunca fue.
Pues bien, en estas semanas que ha durado la Eurocopa, todo ha seguido igual: las bolsas desplomandose y batiendo records de perdidas, el petróleo subiendo céntimo a céntimo. La crisis de liderazgo del PP sigue sin estar resuelta y ha sido incluso el momento elegido (estratégicamente) por parte del gobierno para reconocer la “desaceleración”.
Pero, quizas, hoy por hoy, lo que más me sorprende es que en estas semanas si estaba permitido llevar la bandera de tu país sin sufrir el tan típico comentario de……..”eres un facha”. Seguramente esta euforia seguirá durante varios dias, quizás semanas pero la maquina de hacer dinero que tienen las grandes empresas agotarán este tiempo inundándonos con millones de productos de “los campeones”.
En fin, no encuentro una frase mejor para terminar estas línes que una pequeña modificación de una frase mítica de Karl Marx: “El deporte es el opio del pueblo”.
Tienes razón, un partido de fútbol no oculta las dificultades económicas, ni los problemas que tiene nuestro país. Y desde luego, en poco tiempo, las pugnas sobre la bandera, el himno y otros símbolos nacionales volverán al punto en el que siempre están. Puede que ello tenga que ver con nuestro eterno cainismo. Pero es también cierto que hacía falta ese punto de catarsis, de olvidar un poco un día a día cada vez más gris. De tener un objetivo común, aunque sea tan etéreo como el apoyo a 11 tipos que dan patadas a una pelota.
Yo me acuerdo de todos los ridículos y todas las frustraciones desde el fallo de Cardeñosa. 30 años viendo fútbol y sintiéndome tan desilusionado pensé que harían mella en mi. Y de hecho no me importa reconocerlo, no daba un céntimo por España y sigo pensando que Raúl se merecía haber estado allí. Pero como todos bien sabemos, cada uno de nosotros somos un pequeño seleccionador.
En unos días todo volverá a la normalidad. Es decir, volveremos a sacar las facas y la arrogancia del bandolero ante el contrario. Seguiremos intentando indagar una crisis que nadie puede comprender y ante la que se enfrenta todo el mundo. Volveremos a los debates sobre entidades nacionales e idiosincracias provincianas. Hablaremos de política en debates bizantinos de manera encarnizada y contraria a cualquier acuerdo. En definitiva, esto es España. Por eso no necesitamos letra en el himno: cada uno lo canta como le da la gana, y que no le digan lo contrario…
Abrazos
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