El camino más duro: conseguir la acreditación ANECA

Hace casi 25 años, en mayo de 1991, decidí ser profesor de universidad. En aquellos días estudiaba 4º de carrera y mi profesor de la asignatura de Historia Contemporánea me animó a ir por esa vía que entonces no llegué a imaginar que fuera tan difícil. Por entonces yo pensaba que en unos pocos años, tras trabajar de forma precaria en mi universidad y al mismo tiempo hacer el doctorado, sería factible “quedarse” en ella como docente. Me puse manos a la obra y comencé a desarrollar mi trabajo en la Universidad de Alcalá. Durante cuatro años realicé tareas de gestión y me enfrenté a mis primeras clases. Como joven licenciado en historia impartía aquellas asignaturas que menos se valoraban, las que tenían que ver con la “Civilización y Cultura de España” a los alumnos de Estados Unidos que acudían a nuestra universidad. Ellos sufrieron mi bisoñez y mis primeros años docentes y desde la distancia les agradezco que fueran los que me hicieron confirmar mi amor por la docencia.

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Tras cuatro años y sin posibilidad de lograr algo más que un mísero contrato de becario, decidí abandonar. Mediaban los noventa y necesitaba ampliar mis conocimientos y mi formación. Y la mejor manera que encontré fue empezando a trabajar en el sector financiero, en el área de marketing. Aquellos años en los que la web nacía y en los que de forma autodidacta me formé sobre el marketing online y el comercio electrónico me sirvieron para darme cuenta de que lo que realmente me hacía feliz era estar delante de una clase. Desde 1996 hasta 2000 sustituí las clases regladas por cientos de horas de formación a la red de comerciales con la que trabajaba mi empresa y finalmente, en los albores del cambio de milenio, volví a la docencia reglada: era el momento de empezar a enseñar a otros lo que yo había aprendido en la práctica. Decenas de clases en masters de todo tipo se acumulaban cada mes. Entre 2000 y 2002 tuve tantos alumnos en asignaturas como “Marketing Online”, “Modelos de negocio digitales” o “Comercio electrónico” que por fortuna me siento partícipe del cambio que la web acabó produciendo en nuestras vidas.

En 2002 me llegó por fin el momento de regresar a la universidad como profesor. De la mano de Luis Joyanes, decano por entonces de la Facultad de Informática de la Universidad Pontificia de Salamanca, en su campus de Madrid. Él confió en mi y de la noche a la mañana me vi enseñando una infinidad de asignaturas relacionadas con la gestión de las organizaciones. Mis alumnos, estudiantes de último año de Ingeniería Informática me ayudaron a entender mejor que la tecnología debía ser tan solo un medio, no un fin en si mismo. Tanto para las empresas como para la educación y, a día de hoy, sigo en contacto con muchos de ellos, feliz de ver cómo sus carreras se han ido desarrollando bien, independientemente de la época de crisis que nos ha tocado vivir.

2008 me llevó a cambiar de universidad. En este caso, tras la caída en el número de alumnos y la posible disminución de las horas de docencia, la elegida fue la Universidad Europea de Madrid. Con una filosofía diferente al resto de universidades, en la UEM desarrollé tantas horas de docencia como fue posible. A día de hoy todavía me pregunto cómo pude terminar la tesis doctoral con tantas clases. Pero aún así lo hice. Y de nuevo mis alumnos fueron clave para ello, participando en mis investigaciones y con un apoyo incansable. Tanto que cuando yo sentía desfallecer eran ellos los que me apoyaban para que continuara.

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Tras mi doctorado fue momento de realizar un postdoc. Y como lo más interesante era obtener experiencia internacional, este lo realicé entre Malta y Eslovaquia. Sin apenas financiación, viviendo de los ahorros y de cursos de formación continua que iban saliendo, lo más duro fue la vuelta a España. Marcharse de la universidad es cerrar puertas que resulta imposible volver a abrir. Tanto es así que volví a emigrar. En esta ocasión, en 2013, a Colombia, donde logré ganar una plaza de Profesor Titular en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Por cuestiones personales tuve que regresar al poco tiempo, aunque afortunadamente mantengo parte de mi docencia allí como profesor en la modalidad online.

Los últimos años han sido de más y más horas de cursos de formación continua. Y de incorporarme a la Universidad Internacional de La Rioja, a U-Tad, con contratos temporales y a tiempo parcial, y de ser profesor invitado de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Ecuador. Clases y más clases, que apenas me permiten dedicar ratos a investigar, escribir y publicar. Sin duda una parte tan importante como la docencia pero que en mi caso se acaba viendo lastrada por la necesidad de tener que acumular horas y más horas de clase para poder pagar las facturas. De trabajar totalmente gratis para conseguir estar vinculado a un Instituto de Investigación. Y de soñar con poder vivir una vida de profesor universitario “normal”.

Y ahora, tras unas semanas de infinito agobio, por fin he entregado la solicitud de acreditación a ANECA. En España para poder ser profesor en la universidad pública existen varias posibilidades, pero todas ellas pasan por una acreditación que certifique tu valía. Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor y Profesor Titular de Universidad. Certificados que tan solo indican que puedes presentarte a una plaza, en el hipotético caso de que esta salga a concurso (recordemos que según ley actual, por cada 10 profesores que se jubilan solo se puede contratar a uno) y en el aún más hipotético caso de que la plaza no tenga “nombre y apellidos”.

Han sido semanas de reflexión ante una vida completa dedicada a la universidad. Días y noches de arrancarme los pelos por no haber pedido aquel papel que certificara tal o cual curso. Papeles y más papeles que ya son imposibles de conseguir. Jornadas de vértigo ante el inmenso trabajo de preparar dossieres infinitos que muestran tan solo una foto fija de toda una vida académica. Y ahora queda lo más duro, meses de espera rezando para que la resolución sea positiva. Para conseguir ese ansiado documento que diga que lo que he hecho hasta ahora ha sido algo más que perder el tiempo. Siempre he dicho que el lema de mi vida es “Life is a Journey, not a Destination” pero, por una vez, necesito llegar finalmente al destino, aunque este sea tan solo un nuevo comienzo…

Una carrera docente hacia ninguna parte

En 1993 me puse por primera vez delante de una clase. Hacía menos de un año que había terminado mi carrera (Historia) y trabajaba como becario en el otrora Centro de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá. Me propusieron impartir “Civilización y Cultura Española”, una asignatura que básicamente era una historia de España condensada, a alumnos de la Universidad de Bowling Green (Ohio) y ahí empezó mi recorrido como profesor. Entre 1993 y 1996 tuve alumnos de Bowling Green, de Alabama State University y de Florida International University que sufrieron mi bisoñez como docente. Con ellos aprendí que dar clase me gustaba. Pero dado que la situación era cada vez más difícil, que apenas cobraba 50.000 pesetas (300 €) y que todo el mundo me decía que no había futuro en la universidad, en marzo de 1996 abandoné la que había sido mi casa desde que empecé mis estudios universitarios.

A los pocos meses comencé a trabajar en un banco, BBV Finanzia. Mi labor era sencilla: recorrer España de arriba a abajo formando a las empleadas de ZARA en las bondades de su medio de pago. Durante dos años viajé sin parar y tuve centenares de “pruebas piloto” (así llamábamos a las sesiones de formación con toda la plantilla). Me curtí delante de personas que no tenían ningún interés en lo que un tipo de un banco iba a contarles y aprendí muchos recursos para tratar de mantener la atención, al margen de olvidar usar el mínimo papel con notas en el tiempo que duraba la reunión. A partir de 1998, en una de esas promociones “horizontales” que tanto gustan en las grandes empresas (diferentes ocupaciones, mismo sueldo) pasé a formar a la red de comerciales de nuestro banco. No era mi ocupación principal, pero sin duda era la que más disfrutaba.

En 2000, sin poder soportar más el mundo de la banca, decidí montar una empresa de Marketing en Internet. Negocio tuvimos muy poco pero pude empezar a dar formación de Marketing en Internet en muchas de las escuelas de negocio que por aquellos días veían en los Masters en eBusiness la piedra filosofal. IDE-CESEM, TRACOR, IEDE, BAI, fueron algunos de los centros en los que pasé horas y más horas impartiendo cursos.

En 2001 un cliente (realmente el único que habíamos tenido) me tanteó para que me uniera a su empresa como Director de eLearning. Tras la caída de las “punto com” la formación online parecía el negocio del futuro y había que coger buena posición de salida. Acepté, con el compromiso de poder seguir impartiendo cursos en Masters. A finales de aquel año empecé a dar clase online en CEPADE (Universidad Politécnica de Madrid).

En 2002, absolutamente convencido de que lo único que realmente me llenaba era la formación conseguí encontrar trabajo en la Universidad Pontificia de Salamanca (campus de Madrid). En la Facultad de Informática empecé a dar clase de Dirección Comercial y Marketing, Dirección de Operaciones y Control de Gestión. Con el paso de los años se irían sumando las clases de Sistemas de Información y Gestión del Conocimiento así como, en la Facultad de Sociología de la misma universidad, las de Comercio Electrónico y Marketing en Internet. Además continuaba dando clase en IEDE, en algún Master de la Universidad Complutense de Madrid, en CEPADE y en la recién creada Industriales Escuela de Negocios de la Universidad Politécnica de Madrid.

En 2006 empecé a dar clase en la Universidad Europea de Madrid. Impartía las asignaturas de Comercio Electrónico y Gestión del Conocimiento. Durante dos años era rara la semana que no impartía más de 30 horas de clase. Apenas tenía tiempo para saltar de la Europea a la Pontificia y llegar a tiempo a clase (jamás llegué tarde) y de ahí salir pitando a alguna escuela de negocios o a sumergirme en el campus virtual de alguna de las decenas de cursos que, con el eLearning cada vez más asentado, iba aceptando.

Fue en 2008, con la Facultad de Informática de la Pontificia de Salamanca ya casi sin alumnos, cuando decidí centrarme solo en la Europea de Madrid. Además de las asignaturas que ya impartía empecé a dar otras con nombres tan originales como Gestión de Sistemas Sanitarios (básicamente Economía de la Empresa) y otras similares. Básicamente la materia de Dirección de Empresas. Tenía alumnos de Economía, ADE, Derecho, Marketing, Turismo, Industriales, Telecomunicaciones, Ingenieros de Caminos, Arquitectos, Ópticos, Podólogos, Fisioterapeutas… Ya se sabe, universidad enfocada a la empresa y asignaturas transversales…

2010 fue un año difícil, puesto que además de todas las horas de clase supuso mi calvario para defender la Tesis Doctoral. Una Tesis en la que tras años de trabajo enfocado en la innovación educativa, intentaba dar un giro a mi carrera docente. Apostaba por la Tecnología Educativa y por el campo de la Educación. Quemado tras tantas horas de clase supuse que el siguiente paso lógico era realizar un postdoc, período en el que afianzar los conocimientos y trabajo de la Tesis. Y ese postdoc debía hacerse por fuerza fuera de España, para así incorporar la experiencia internacional. En 2011 me incorporé al Euro-Mediterranean University Institute de la Universidad Complutense de Madrid como responsable de su campus de Malta. Lo hice sin cobrar un solo céntimo, sufragándome la estancia con mis ahorros. Y pocos meses después de llegar a Malta conseguí una beca postdoctoral en Eslovaquia, que me mantuvo a caballo de Bratislava y Malta durante un trimestre. Fue año y medio en el que mensualmente regresaba a Madrid para impartir algún curso de formación continua, y en el que tuve la ocasión de formar tanto en Tecnología 2.0 para Formadores como en Social Media a decenas de directivos y cuadros intermedios de empresas de todos los sectores imaginables.

En 2012, tras la promesa de la incorporación a una “nueva” universidad privada regresé a España. Apenas llevaba un mes en nuestro país cuando sospechosamente se me cerraron las puertas de la misma. Sin trabajo, sin expectativas de encontrarlo, probé suerte en Colombia y en febrero de 2013 me incorporaba a la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

Tras unos meses en Colombia, por razones que no vienen al caso, decidí volver a nuestro país. Imaginaba que con más o menos fortuna de mi parte, encontraría algún centro educativo que estuviera interesado en contratarme. Pero pasaron meses y más meses y este centro nunca apareció. Hoy mantengo mis clases en CEPADE, algún curso en BAI e incluso alguna incorporación nueva a la larga colección de sitios donde he impartido clase como ESERP, donde daré un breve curso de seis horas en unas semanas. Sigo impartiendo cursos online, aunque lógicamente no puedo vivir de ello. Se han convertido en un pasatiempo para seguir sintiéndome profesor. Para no enfrentarme a la cruda realidad de que toda esta carrera me ha llevado a ninguna parte.

Todo este largo post es tan solo un ejercicio de autoindulgencia. Me sé de sobra mi vida pero verlo así, escrito como si fuera el largo curriculum de un profesor que no encuentra acomodo en un centro educativo hace que tenga que reflexionar. En algún punto de mi vida debí equivocarme. Tal vez eligiendo una profesión tan bella como ingrata en estos tiempos. Han sido miles de horas de clase, más de 10.000 alumnos, decenas de aulas para, hoy, encontrar que mi carrera no ha llegado a ningún fin. Estoy fuera de la universidad, no puedo vivir de la educación y no hay esperanza ni a medio ni a largo plazo de que esto vaya a cambiar.

Si tu que lees esto estás pensando en ser profesor universitario no te equivoques como yo. Evita moverte jamás de la universidad en la que te has formado. Búscate a un catedrático que tenga poder, que esté bien situado. Y no le dejes en ningún momento. Sé siempre con él positivo y jamás se te ocurra plantear esas zarandajas de la movilidad. Si todavía te falta tiempo para acabar la carrera, recuerda: el Máster y el Doctorado hazlo en el Departamento en el que hayas caído mejor. Apúntate a todos los cursos que puedas, siempre que estén cercanos a tu universidad. Ni se te ocurra plantearte un postdoc. Moverte significará que no podrás volver. No hagas caso cuando te digan que es lo mejor para tu carrera académica. Te mienten. Acepta sin rechistar ni criticar cualquier posibilidad que te ofrezcan, incluso escribir lo que otros firmen. No seas tan zoquete de pensar que tu vas a hacer que cambie la Universidad. Hay cosas que nunca cambian. Hay cosas que nunca cambiarán…

Tras un período de reflexión… Otro reto

Han sido bastantes meses en los que no he escrito ni una sola coma en este blog. Mi actividad en las redes sociales se ha ceñido fundamentalmente a Twitter, aunque en los últimos tiempos me he convertido también en un usuario bastante activo de LinkedIn. La red profesional me resulta cada vez más atractiva por la cantidad de personas interesantes que uno puede encontrar en ella. Todavía le falta mejorar el “aspecto social” para que al acceder a ella se observe algo más que una mera actualización de los contactos de cada uno. Y es que todavía existe poca interacción entre los participantes, al menos entre los españoles. Pero es una red social en la que me encuentro a gusto y a la que le sigo viendo un largo recorrido.

En estos meses desde mi vuelta de Bucaramanga he tenido que asumir (con mucho dolor) que la universidad española no tiene espacio para mi. Las universidades públicas suman a sus disparatados sistemas de contratación, viciados por la endogamia y el enchufismo, una crisis presupuestaria sin precedentes. La vía de entrada es, en el mejor de los casos, a través de puestos de Profesor Asociado, que esconden una precarización insultante un puesto de trabajo que debería ser digno: el de profesor universitario. Plazas en las que por sueldos miserables los aspirantes aceptan a pagarse ellos mismos la Seguridad Social (pocos asociados en Facultades de Educación conozco que trabajen para otra empresa, la verdad) y solucionan el problema de la falta de docentes. A eso se le suma la disparatada política de acreditaciones para las figuras de profesorado universitario. La creación de la ANECA y las correspondientes “Anequillas” en las comunidades autónomas y su labor de acreditación para los puestos de profesor universitario solo ha servido para poner un freno más a la carrera de los aspirantes. Da igual que hayas dado 3000 horas de clase, te faltarán JCR´s. Lo de menos es que tengas publicaciones, adolecerás en docencia. Es lo mismo haber acudido a mil congresos, seguro que no eres líder de un grupo de investigación… Y así hasta el infinito. La política de no acreditar a nadie para evitar una inmensa bolsa de aspirantes acreditados para unas plazas que no se van a convocar se ha convertido en un rodillo que hace tirar la toalla antes de intentarlo.

Durante este tiempo también he intentado acceder a la universidad privada. A fin de cuentas en ella he desarrollado más de 10 años de carrera académica. Pero la crisis también ha llegado a ellas. Sin olvidar que el nepotismo y el amiguismo, duramente sentido en mis propias carnes, igualmente convierte el proceso en una misión imposible.

En definitiva, tras casi seis meses de búsqueda infructuosa, me veo obligado a pensar que la universidad ha decidido cerrarme las puertas definitivamente. A mi y seguro que a muchos como yo. Es doloroso pensarlo pero inevitable asumirlo. Al menos la universidad tal y como está planteada en estos momentos. Inmersa en una crisis institucional, absorta en sus tradiciones y ajena a los cambios que se han producido en el mundo y que, lejos de haberla hecho más ágil y flexible, la mantienen en un anacronismo en el que lo que sigue primando es el privilegio, el clientelismo y la autoprotección ante todo lo que venga de fuera.

Uno podría pensar que estos son motivos para alejarse de la universidad definitivamente. Tal vez lo sean. Pero al mismo tiempo es una institución que creo que, con una profunda y completa revolución, que no reforma, debería ser uno de los pilares que hiciera cambiar a nuestro país. En una crisis como la que vivimos, la universidad debe cambiar al igual que lo están haciendo otras instituciones. El cambio no debe ser un mero maquillaje como el que lleva produciéndose desde la etapa de la Transición. Un maquillaje basado en la protección de los derechos adquiridos de una organización que pide mucho y ofrece poco. Un inmovilismo apoyado tanto por las propias instituciones universitarias como por las diferentes fuerzas políticas.

En este entorno se enmarca el trabajo de mi segunda Tesis Doctoral. En el de la gestión universitaria. En el de indagar acerca de los problemas que la universidad española tiene y buscar vías de solución que rompan radicalmente con lo que hasta ahora se ha hecho. Una Tesis que no necesito hacer pero que deseo con toda mi alma desarrollar. Una Tesis que, al igual que con la primera, no me permitirá trabajar en la universidad, pero que al menos logrará que pueda mostrar desde el punto de vista científico que la decadencia de universidad es algo más que una apreciación subjetiva. Y que soluciones hay. Siendo valientes para ponerlas en marcha.

En definitiva, a partir de hoy en Infoconocimiento escribiré menos de tecnología y de redes sociales y me centraré en ir publicando reflexiones y contenidos relacionados con la “cuestión universitaria”. Dónde me llevará este viaje quimérico es algo imposible de averiguar. Pero desde luego las alforjas están preparadas para afrontarlo…

Comenzando una nueva locura

Metidos ya en 2013, con las fiestas dejadas atrás, los buenos deseos asentados y los retos para el presente año fijados, voy a intentar retomar Infoconocimiento manteniendo una periodicidad más constante que durante los últimos meses. Infoconocimiento comenzó como proyecto personal allá por 2002. En aquel momento iniciaba mis estudios de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. Acababa de matricularme en el Programa de la Sociedad de la Información y el Conocimiento y me pareció una buena idea tener un espacio de expresión en el que ir publicando los avances que iba desarrollando en mi investigación.

Durante todo este tiempo fui publicando contenidos variados. Inicialmente enfocados a la “blogosfera”, que en aquellos días comenzaba a despuntar como una alternativa interesante. De hecho Infoconocimiento no se convirtió en un blog, migrando posts anteriores, hasta 2006, cuando ya todo el mundo empezaba a tener claro que la Web había cambiado y se había hecho mucho más social. Y en estos seis años ha habido posts de lo más eclécticos, incluso en algunas ocasiones con un carácter meramente personal y alejado del objetivo que inicialmente me había planteado.

A partir de 2011 me centré especialmente en Twitter. Sigue siendo mi red social favorita, aunque en los últimos tiempos estoy empezando a cogerle el gusto a Google + y no dejo de visitar diariamente LinkedIn. Pero la verdad es que me daba pena recordar con frecuencia este espacio, esperando entristecido a un dueño que parecía haberle abandonado.

Cuando imparto un curso siempre le dedico mucho tiempo a los blogs. Por encima de otros espacios de expresión en la Web Social creo que los blogs ayudan a las personas y a las organizaciones mucho más que el resto de redes. Requieren un mayor esfuerzo, sin duda, pero también ofrecen satisfacciones enormes. Son esa casa que mimas y en la que da gusto reposar. Por ello no tenía sentido que Infoconocimiento pasara semanas yermo, sin contenido nuevo.

2013 comienza para mi con un reto nuevo: me embarco en la locura de desarrollar una nueva Tesis Doctoral. Hace poco más de dos años defendí la Tesis que me convirtió en Doctor en Informática. En ella me enfoqué en el uso de los blogs y los microblogs como herramienta de enseñanza-aprendizaje. Fue un trabajo que me dejó exhausto, como cualquier Tesis, supongo. Y al mismo tiempo me generó la necesidad de seguir avanzando en la investigación en Educación. Podría hacerlo sin pasar por las penurias que supone cualquier trabajo doctoral, pero algo me decía que tenía que intentarlo, que debía probarme una vez más. Y así lo voy a hacer. Durante todo este año enfocaré mis esfuerzos a indagar en como las TICS´s se pueden incorporar a las universidades. Trabajando desde un punto de vista más global que en mi Tesis. Avanzando para no quedar atrapado en lo “micro” y poder dar un salto a lo “macro”, a intentar sistematizar algo tan complicado como es el uso de la tecnología en educación desde los aspectos más estratégicos y los cambios que deben producirse en la gobernanza de las organizaciones universitarias. Un reto que apenas nace, pero que afronto con la mayor ilusión.

Así pues, a partir de ahora Infoconocimiento volverá a ser un espacio de expresión investigadora. Intentaré ir compartiendo aquí los avances y las frustraciones de mi trabajo como doctorando. Y espero poder aportar en él alguna ayuda a aquellos que, como yo, estéis involucrados en alguna investigación sobre educación. Comienza la locura…

A jugar!

Los niños aprenden jugando. Y un día alguien decide que ya son mayores para seguir con juegos y que la Escuela tiene que convertirse en algo “serio”. Casi de la noche a la mañana el entorno de diversión y esparcimiento es sustituido por currículos que inciden en que el aprendizaje debe estar dentro del aula y el juego mantenerse fuera de ella, en los espacios de asueto. Los niños se convierten en adultos y los juegos se convierten en ese espacio observado desde lejos o, en el mejor de los casos, practicado en momentos específicos que no afecten a la actividad profesional.

Por fortuna nuestra sociedad está cambiando. Lo que algunos consideran como un proceso de inmadurez puede ser entendido por otros como un descubrimiento de nuevas perspectivas vitales acordes a un mundo distinto. Para la vida, la carrera profesional y, por supuesto, para el aprendizaje. Jugar está en nuestros genes. Divertirnos es parte de nuestra experiencia vital. Competir pero disfrutar haciéndolo es algo que durante mucho tiempo se obvió. Hasta la popularización de un horrible término anglosajón: “gamificación“. Horrible como neologismo pero que empieza a crecer y obtener adeptos que descubren que la vida no tiene por qué ser aburrida. Desde el mundo de la empresa y, por fin, desde el aprendizaje. En todas las etapas y todas las edades.

Gamification of Education

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Siempre me he preguntado la razón por la que en la escuela primero y posteriormente en la universidad se olvidaba ese concepto y ahora que puedo retomarlo, aun siendo tachado de oportunista, voy a indagar en él profundamente. Espero poder cambiar con él buena parte de la metodología de mis clases para el próximo curso (siempre que los buenos augurios se confirmen y regrese a las aulas) y deseo que a partir de octubre volver a descubrir el juego en clase sea tan positivo para mi como para mis futuros alumnos…

To book or not to book…

Llevo varias semanas, meses podría decir, obsesionado con el bajo volumen de mis publicaciones científicas, que distan mucho de lo que debería considerarse aceptable para un profesor universitario. De un tiempo a esta parte dedico gran cantidad de tiempo a adecuar mis “papers”, artículos de carácter académico, para intentar publicarlos en las llamadas revistas con “factor de impacto“, es decir, aquellas que suelen estar mejor clasificadas y aceptadas por los responsables de la acreditación del profesorado universitario en España. Tanto tiempo que ha llegado el punto de reflexionar y acercar a los que no conozcáis esa parte de la vida de un profesor universitario la situación rayana en el surrealismo de las universidades españolas y las agencias de evaluación de la “calidad”.

España es un país en el que es difícil saber cuantas figuras de profesor universitario existen. Sobre el papel y resumiendo podríamos decir que hay seis:

  • Ayudantes. Profesores que están en el período de realización de su tesis doctoral y que son contratados para, fundamentalmente, investigar y dar algunas clases de apoyo.
  • Profesores Ayudantes Doctores. Profesores con la Tesis Doctoral ya defendida, que aumentan su docencia y las horas investigadoras en los centros universitarios.
  • Profesores Contratados Doctores. Profesores Doctores con una carga docente e investigadora a tiempo completo que todavía no han conseguido convertirse en personal funcionario y por tanto, al igual que las dos figuras anteriores, mantienen un contrato temporal.
  • Profesores Titulares de Universidad. Funcionarios, a tiempo completo y encargados de una asignatura concreta.
  • Catedráticos de Universidad. Funcionarios, a tiempo completo y supuestamente poseedores de las mayores habilidades, conocimientos así como experiencia investigadora, avalada por resultados contrastados
  • Profesores Asociados. Profesores que no tienen por qué ser doctores, pero que son incorporados por las universidades dada su experiencia profesional. De hecho deben estar en activo en el mundo de la empresa y así poder trasladar su conocimiento del día a día.

Estas vendrían a ser grosso modo las categorías docentes establecidas por la LOU (Ley Orgánica de Universidades). Si bien, a partir de ahí surgen tantas excepciones como podamos imaginar. De hecho, algunas de las más sorprendentes son las que afectan a Andalucía, poseedora de las llamadas “bolsas de sustituciones”, a la manera de bolsa de empleo de la cual se nutren (obviamente precarizando los sueldos) ante una necesidad urgente de profesorado.

Para poder acceder a las plazas de profesor (siempre refiriéndome a la universidad pública) es necesario estar “acreditado”. Esto es, que una agencia autonómica o nacional (ANECA), tras evaluar el curriculum del solicitante de una manera en ocasiones criptográfica, otorgue la denominada “acreditación” para que, de esta manera y solo así, el aspirante a profesor pueda presentarse a las posibles plazas que tal vez convoquen las universidades públicas.

No quiero en este post hablar sobre las plazas que no se ofertan, ni mucho menos sobre los mecanismos que hacen que, generalmente suelan cubrirse con candidatos muy conocidos de los departamentos ofertantes. Eso sería tema para otro artículo, en el que podríamos dedicar largo espacio a la endogamia y falta de mobilidad de la universidad española. Me preocupa en este momento casi más la perversión de la valoración que de la actividad científica se hace. Obviamente publicar un artículo en una revista bien posicionada en el JCR (Journal Citation Report) es un orgullo. Pero ¿a quién sirve realmente esta obsesión por un índice manejado por una empresa privada? Por supuesto, conseguir ser aceptado para que tu artículo aparezca en una revista del “primer cuartil” de “las indexadas” debería demostrar que la labor investigadora tiene su respaldo por la comunidad científica. Pero ¿cómo desentrañar la maraña de dificultades ocultas en la supuesta “revisión por pares” cuando en muchas de ellas se repiten con frecuencia una y otra vez los mismos nombres y las mismas filiaciones?

No ataco el sistema de revistas científicas, no aquí al menos. Puesto que además de las indexadas y “que cuentan” para organismos como ANECA se está desarrollando cada vez más el sistema de Open Journal, revistas a las que cualquiera puede acceder y leer estos artículos, contando con las mismas características en cuanto a revisión ciega o por pares que las ya asentadas y “premiadas” por el sistema de “citas”, muchas citas…

No, mi decepción se dirige hacia el abandono del libro como herramienta para la transmisión de conocimiento. El libro como elemento permanente y que avale la consecución de logros investigadores, así como la divulgación de los mismos. Y no me refiero exclusivamente a libros tradicionales, en formato papel, sino que incorporo todos los formatos que puedan imaginarse.

Da igual, en estos momentos los aspirantes a nuevos profesores, aquellos que pugnan por convertirse en Profesores Ayudantes o en Profesores Contratados Doctores, no pueden ni quieren perder un solo segundo en plantearse escribir un libro, puesto que las agencias de acreditación consideran que estos prácticamente no tienen ningún valor. De hecho un “paper” situado en alguna de las revistas “de alto impacto”, de esas que jamás nadie comprará, leerá y ni tan siquiera conocerá puntúa más que una decena de libros, independientemente de la editorial con la que estos hayan podido ser publicados.

Así pues esa es la forma en la que los aspirantes a nuevos profesores desarrollamos nuestra investigación: obsesionados con “colar” una y otra vez el artículo que una vez nos aceptaron en todas aquellas revistas bien clasificadas en los rankings considerados científicamente aceptables para las agencias, obviando cada vez más otro tipo de formas de transmisión de las investigaciones y de hecho, del conocimiento.

A veces me he quejado amargamente ante mis alumnos por la escasa cantidad de libros que consultan. Por lo poco que escapan del Manual y por lo menos que indagan sobre unas bibliografías que cada vez son más escasas. Pero este sistema disparatado de convertir la ciencia en algo cerrado y elitista lleva a darles la razón.

En cualquier caso, para qué vamos a leer un libro si todo está en Wikipedia o en el peor de los casos en Google. Y para qué vamos a escribir un libro, pudiendo usar nuestro muro de Facebook. Ah, que eso todavía no puntúa…

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