Etiqueta: Universidad

  • La reforma de las universidades públicas españolas I

    La universidad es una de las instituciones más antiguas del mundo occidental. Desde hace más de 900 años las universidades han sido parte fundamental en nuestras sociedades. Con cambios, a veces demasiado lentos, que les han permitido mantenerse como organizaciones garantes del saber, la ciencia y el progreso humano. Todavía hoy, inmersos en un mundo en el que todo muta a rápida velocidad, la mera palabra «universidad» nos evoca el concepto de lo universal, de la reflexión reposada, de la búsqueda de la sabiduría y del avance de los pueblos.

    La universidad ha sido el estadio último del aprendizaje durante siglos. Con todos sus problemas, muchas veces derivados del dogmatismo de sus gestores, otras muchas de su falta de medios y no menos por culpa de sus propias estructuras, que han frenado su rumbo más que acelerarlo. Pero ahí siguen, como parte fundamental de nuestras sociedades. Imbuidas aún en una aureola que las sigue haciendo punto de referencia del conocimiento en el imaginario colectivo.

    La idea de qué es lo que debe ser una universidad es tan amplia como aquel que la plantee. Si bien en los últimos años parece haberse integrado en nuestro entorno la visión de que la universidad debe ser sobre todo el espacio en el que se forman buenos profesionales, adaptados a las necesidades que demanda el mercado empresarial, convertido en un único y supuesto espejo de la sociedad. Los argumentos que refuerzan esta visión son autoconcluyentes: solo tiene sentido la formación superior para encajarse con lo que las empresas necesitan. Y hasta ahora parece, según algunos, que las universidades han hecho dejación de esta obligación. Ideas tan fútiles como que la universidad debe ser el espacio máximo de reposada reflexión ante el conocimiento, el entorno en el que las diferentes áreas de la ciencia se desarrollen, la organización que permita avanzar en el desarrollo humano y personal de estudiantes y profesores o una institución que integre y al mismo tiempo se convierta en actor modelador y con capacidad de transformación de los espacios territoriales en los que se asienta, parecen estar hoy trasnochadas.

    BoloniaEl sistema universitario español está compuesto por entidades públicas y privadas. 50 universidades son de titularidad estatal frente a las 37 (en junio de 2015) de titularidad privada. Dentro de las universidades privadas las hay de todo tipo: laicas y religiosas, grandes y pequeñas, con más o menos calidad… Partícipes legítimos de un sector, el de la educación superior, cada vez más liberalizado y en el que cada una de ellas se sitúa como considera conveniente, de acuerdo a las reglas del propio mercado educativo y, obviamente, a su misión, visión o posicionamiento estratégico. Con mayor o menor apoyo de las instituciones públicas, fundamentalmente de las comunidades autónomas, responsables últimas de la educación por cuestiones competenciales, sin olvidar el control que en último caso puede ejercer una institución de carácter nacional como ANECA.

    Por otro lado en España tenemos 50 universidades públicas, constitucionalmente autónomas en su funcionamiento, dependientes financieramente de la administración y también sujetas al relativo control que puede efectuar la citada agencia nacional ANECA. Algunas inmensas en su tamaño y otras realmente pequeñas y con influencia mínima en el plano nacional, pero con obligaciones, al menos sobre el papel, ante los ciudadanos españoles que, en último término, son los que financian su existencia.

    Llevamos varios años hablando de la reforma que necesitan las universidades públicas. Indudablemente en el aspecto financiero, pero también en el de la gestión y gobernanza de estas organizaciones. Y por supuesto en cuestiones relativas al acceso a la función docente, al papel que deben tomar los estudiantes, a la «calidad» o falta de ella, a la estructura de los planes de estudios, mil veces reformados sin salir de la frustración perenne que genera el observar que dicha reforma no se adapta a lo que la universidad debería ofrecer y, tal vez más importante, se pliega a lo que posiblemente no sea.

    En esta nueva etapa que comienzo en INFOCONOCIMIENTO voy a tratar de reflejar cuáles son las necesidades que ha de cubrir la enseñanza superior en España. Desde el punto de vista de las universidades públicas. Universidades que nos pertenecen a todos, que son parte de nuestro acerbo cultual y social y que sin duda son organismos tan complejos que no deberían estar sujetas a opiniones de trazo grueso o veleidades marcadas por la ideología económica dominante, aunque sean realizadas específicamente desde tal o cual comisión de expertos creada para ello (ya se sabe, si quieres que algo no funcione, crea una comisión…)

    La serie de posts que empezaré a publicar a partir de ahora tendrán como objetivo mostrar que otra universidad pública no solo es posible, sino absolutamente necesaria. Y que el cambio ha de afrontarse ya. No podemos seguir escudándonos en la citada autonomía universitaria para evitar exigirlos y llevarlos a cabo. Por motivos obvios: el bien común, la responsabilidad ante la ciudadanía y el mantenimiento de la misión que se supone tiene la universidad. No espero que mis planteamientos sean aceptados. Ni tan siquiera espero que sean tenidos en cuenta. Pero tras tantos años de trabajo en la universidad no los quiero dilatar más…

  • Los currículos y las justificaciones de méritos en la universidad española

    En España hay 83 universidades, entre públicas y privadas. A ellas se suman un sin fin de institutos y centros de investigación. Y por supuesto 11 agencias de acreditación universitaria, 10 que dependen de las comunidades autónomas y una de ámbito estatal: ANECA. Imaginemos que un profesor quiere solicitar una acreditación como profesor en alguna de las figuras ya comentadas profusamente en este blog (Ayudante Doctor, Profesor Contratado Doctor, Profesor de Universidad Privada, Profesor Titular, Catedrático…). El primer paso para ello será elegir con qué agencia intentarlo. ANECA tiene validez en todo el país pero las 10 «Anequillas» pueden ser también una alternativa. Una vez elegida la agencia, el solicitante deberá registrarse en la aplicación informática correspondiente y rellenar un completo curriculum en el que aparezcan todos sus méritos docentes, investigadores y profesionales. ¿Todos? No. Obviamente solo aquellos de los que en su día al solicitante se le ocurrió pedir un papel que certifique haber hecho tal o cual actividad. Si hace 10 años organizaste un congreso y trabajaste más horas que el sol más vale que tengas un documento que lo certifique o aquello no habrá pasado. Lo mismo ocurre con las actividades profesionales. Ay de ti como no pidieras un certificado o como en tu contrato no apareciera el nivel profesional que desempeñaste en la organización. Mejor no ponerlo, puesto que si piensas que con ello vas a compensar los dichosos artículos incluidos en el índice JCR de los que careces, más vale que lo vayas olvidando.

    Una vez que el formato de currículo ha sido rellenado es necesario preparar un dossier en el que todos y cada uno de los méritos aparezcan justificados. Lo que no se pueda justificar con un documento no existe. Lo de menos es si se han adquirido unas capacidades, habilidades o conocimientos sobre cualquier cuestión. Lo importante es el papel con un sello. Esas son las normas, muy enfocadas, según dicen, en la búsqueda de la «Calidad» y en homogeneizar todas las solicitudes. Así pues, con todos los documentos posibles se genera un inmenso dossier que en unas ocasiones se entrega en formato digital y en otras en papel. Hará bien el solicitante en escanear ese documento. Sus cuitas no han comenzado siquiera.

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    Imaginemos ahora que el solicitante consigue lograr la ansiada acreditación. A partir de ese momento podrá presentarse a una plaza en la universidad pública. No insistiré en la dificultad de que estas se convoquen, ni en los sempiternos problemas de endogamia de las universidades españolas, que llevarán a que muy probablemente la plaza esté concedida antes de que salga a concurso. El candidato, para poder presentarse a la plaza, deberá rellenar un nuevo currículo y presentar la consabida justificación de los méritos. ¿Qué tipo de currículo? Uno diferente por cada universidad, con una ordenación distinta de los capítulos que lo conforman. Teniendo en cuenta que todas las universidades públicas juegan con su cacareada «autonomía universitaria» para crear su propio modelo, tenemos 50 tipos de currículo y 50 tipos de justificaciones diferentes. Algo cada vez más seguido también por las universidades privadas, que crean los suyos propios.

    Por supuesto los modelos pueden también variar entre las diferentes figuras de profesorado y lo más seguro tal vez no sea igual el modelo para una plaza de Profesor Asociado que para una de Ayudante Doctor o de Profesor Contratado Doctor. Eso sería poner las cosas muy sencillas y todo el mundo sabe que en la universidad la «Calidad» hoy es un valor que ha de conseguirse por la diferenciación.

    Los expertos en Recursos Humanos aconsejan que un curriculum vitae no supere una página y en ningún caso las dos. Yo tengo media docena de currículos que me han ido pidiendo distintas universidades. El más light tiene 11 páginas, el de la FECYT supera las 30 y el de ANECA se acerca a las 70. Y llevo creados ya cuatro dossieres de justificación de méritos, que oscilan entre las 350 y las 500 páginas, en los que se cuenta prácticamente lo mismo, eso si, ordenado de una forma diferente, para que no haya dudas de lo única y especial que es la organización universitaria en la que se entrega.

    Se habla mucho de la necesaria reforma universitaria. Y se pone el acento en cuestiones como la financiación de las universidades, la gobernanza o la enésima reforma de los planes de estudios. Pero hay disparates de los que no es rentable hablar. Tal vez sea porque los que pretenden hacer reformas en la universidad no son capaces de atisbar ni tan siquiera cómo se accede (o no) a ser profesor en ellas. Y así seguiremos… Rellenando solicitudes, haciendo currículos, creando dossieres…

  • ¿Por qué cuesta tanto ser profesor universitario en España?

    En infinidad de ocasiones me preguntan en mi entorno, mis conocidos, familiares, amigos, alumnos, sobre mis vivencias en la universidad española. En este blog ya he publicado en varias ocasiones mis cuitas en la universidad. Muchas de ellas tienen que ver con la dificultad de acceso a ellas: las acreditaciones, la endogamia, la falta de posibilidades profesionales… Pero hablar de mi visión de la universidad española, de sus problemas y algunos de sus retos, sería casi imposible desarrollarlo en este blog. O al menos debería realizar tantos posts que acabaría por resultar tedioso para todos los que os dejáis caer de vez en cuando por aquí.

    Hace unos días Víctor Cuevas, un profesor al que tengo el placer de conocer desde hace ya bastantes años, contactó conmigo para grabar un podcast sobre la universidad. Durante una larguísima conversación, sin preocuparnos por el tiempo, charlamos sobre la universidad, sobre el acceso a la función docente, sobre la innovación o falta de ella en nuestras universidades públicas. Creo que es la conversación más pausada que he tenido sobre la universidad en mucho tiempo. El episodio del podcast es un poco largo pero desde luego, en este caso, es la mejor forma de saber qué es lo que opino de la situación de la educación superior en nuestro país. Con completa honestidad por parte de Víctor y mía y tratando de tocar todos los palos, sin tener ningún pelo en la lengua ante un tema que puede ser tan arduo como complejo y abrir ampollas.


    Quiero agradecer a Víctor su esfuerzo en la grabación y la edición del podcast. La verdad es que cuando lo he escuchado me ha embargado el pesimismo. Mucho más que cuando releo alguno de mis escritos sobre el tema. Pero tal vez, si empezamos a hablar más de la universidad, de forma crítica y con intención de cambiarla radicalmente, podamos conseguir ese cambio algún día…

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    Ah, además de hablar de la universidad no dejamos de lado comentar nuestras pasiones: por supuesto la radio y mi programa Corsarios del Metal así como mi web Red Hard´n´Heavy estuvo presente al final de nuestra conversación.

     

  • Tras un período de reflexión… Otro reto

    Han sido bastantes meses en los que no he escrito ni una sola coma en este blog. Mi actividad en las redes sociales se ha ceñido fundamentalmente a Twitter, aunque en los últimos tiempos me he convertido también en un usuario bastante activo de LinkedIn. La red profesional me resulta cada vez más atractiva por la cantidad de personas interesantes que uno puede encontrar en ella. Todavía le falta mejorar el «aspecto social» para que al acceder a ella se observe algo más que una mera actualización de los contactos de cada uno. Y es que todavía existe poca interacción entre los participantes, al menos entre los españoles. Pero es una red social en la que me encuentro a gusto y a la que le sigo viendo un largo recorrido.

    En estos meses desde mi vuelta de Bucaramanga he tenido que asumir (con mucho dolor) que la universidad española no tiene espacio para mi. Las universidades públicas suman a sus disparatados sistemas de contratación, viciados por la endogamia y el enchufismo, una crisis presupuestaria sin precedentes. La vía de entrada es, en el mejor de los casos, a través de puestos de Profesor Asociado, que esconden una precarización insultante un puesto de trabajo que debería ser digno: el de profesor universitario. Plazas en las que por sueldos miserables los aspirantes aceptan a pagarse ellos mismos la Seguridad Social (pocos asociados en Facultades de Educación conozco que trabajen para otra empresa, la verdad) y solucionan el problema de la falta de docentes. A eso se le suma la disparatada política de acreditaciones para las figuras de profesorado universitario. La creación de la ANECA y las correspondientes «Anequillas» en las comunidades autónomas y su labor de acreditación para los puestos de profesor universitario solo ha servido para poner un freno más a la carrera de los aspirantes. Da igual que hayas dado 3000 horas de clase, te faltarán JCR´s. Lo de menos es que tengas publicaciones, adolecerás en docencia. Es lo mismo haber acudido a mil congresos, seguro que no eres líder de un grupo de investigación… Y así hasta el infinito. La política de no acreditar a nadie para evitar una inmensa bolsa de aspirantes acreditados para unas plazas que no se van a convocar se ha convertido en un rodillo que hace tirar la toalla antes de intentarlo.

    Durante este tiempo también he intentado acceder a la universidad privada. A fin de cuentas en ella he desarrollado más de 10 años de carrera académica. Pero la crisis también ha llegado a ellas. Sin olvidar que el nepotismo y el amiguismo, duramente sentido en mis propias carnes, igualmente convierte el proceso en una misión imposible.

    En definitiva, tras casi seis meses de búsqueda infructuosa, me veo obligado a pensar que la universidad ha decidido cerrarme las puertas definitivamente. A mi y seguro que a muchos como yo. Es doloroso pensarlo pero inevitable asumirlo. Al menos la universidad tal y como está planteada en estos momentos. Inmersa en una crisis institucional, absorta en sus tradiciones y ajena a los cambios que se han producido en el mundo y que, lejos de haberla hecho más ágil y flexible, la mantienen en un anacronismo en el que lo que sigue primando es el privilegio, el clientelismo y la autoprotección ante todo lo que venga de fuera.

    Uno podría pensar que estos son motivos para alejarse de la universidad definitivamente. Tal vez lo sean. Pero al mismo tiempo es una institución que creo que, con una profunda y completa revolución, que no reforma, debería ser uno de los pilares que hiciera cambiar a nuestro país. En una crisis como la que vivimos, la universidad debe cambiar al igual que lo están haciendo otras instituciones. El cambio no debe ser un mero maquillaje como el que lleva produciéndose desde la etapa de la Transición. Un maquillaje basado en la protección de los derechos adquiridos de una organización que pide mucho y ofrece poco. Un inmovilismo apoyado tanto por las propias instituciones universitarias como por las diferentes fuerzas políticas.

    En este entorno se enmarca el trabajo de mi segunda Tesis Doctoral. En el de la gestión universitaria. En el de indagar acerca de los problemas que la universidad española tiene y buscar vías de solución que rompan radicalmente con lo que hasta ahora se ha hecho. Una Tesis que no necesito hacer pero que deseo con toda mi alma desarrollar. Una Tesis que, al igual que con la primera, no me permitirá trabajar en la universidad, pero que al menos logrará que pueda mostrar desde el punto de vista científico que la decadencia de universidad es algo más que una apreciación subjetiva. Y que soluciones hay. Siendo valientes para ponerlas en marcha.

    En definitiva, a partir de hoy en Infoconocimiento escribiré menos de tecnología y de redes sociales y me centraré en ir publicando reflexiones y contenidos relacionados con la «cuestión universitaria». Dónde me llevará este viaje quimérico es algo imposible de averiguar. Pero desde luego las alforjas están preparadas para afrontarlo…

  • To book or not to book…

    Llevo varias semanas, meses podría decir, obsesionado con el bajo volumen de mis publicaciones científicas, que distan mucho de lo que debería considerarse aceptable para un profesor universitario. De un tiempo a esta parte dedico gran cantidad de tiempo a adecuar mis «papers», artículos de carácter académico, para intentar publicarlos en las llamadas revistas con «factor de impacto«, es decir, aquellas que suelen estar mejor clasificadas y aceptadas por los responsables de la acreditación del profesorado universitario en España. Tanto tiempo que ha llegado el punto de reflexionar y acercar a los que no conozcáis esa parte de la vida de un profesor universitario la situación rayana en el surrealismo de las universidades españolas y las agencias de evaluación de la «calidad».

    España es un país en el que es difícil saber cuantas figuras de profesor universitario existen. Sobre el papel y resumiendo podríamos decir que hay seis:

    • Ayudantes. Profesores que están en el período de realización de su tesis doctoral y que son contratados para, fundamentalmente, investigar y dar algunas clases de apoyo.
    • Profesores Ayudantes Doctores. Profesores con la Tesis Doctoral ya defendida, que aumentan su docencia y las horas investigadoras en los centros universitarios.
    • Profesores Contratados Doctores. Profesores Doctores con una carga docente e investigadora a tiempo completo que todavía no han conseguido convertirse en personal funcionario y por tanto, al igual que las dos figuras anteriores, mantienen un contrato temporal.
    • Profesores Titulares de Universidad. Funcionarios, a tiempo completo y encargados de una asignatura concreta.
    • Catedráticos de Universidad. Funcionarios, a tiempo completo y supuestamente poseedores de las mayores habilidades, conocimientos así como experiencia investigadora, avalada por resultados contrastados
    • Profesores Asociados. Profesores que no tienen por qué ser doctores, pero que son incorporados por las universidades dada su experiencia profesional. De hecho deben estar en activo en el mundo de la empresa y así poder trasladar su conocimiento del día a día.

    Estas vendrían a ser grosso modo las categorías docentes establecidas por la LOU (Ley Orgánica de Universidades). Si bien, a partir de ahí surgen tantas excepciones como podamos imaginar. De hecho, algunas de las más sorprendentes son las que afectan a Andalucía, poseedora de las llamadas «bolsas de sustituciones», a la manera de bolsa de empleo de la cual se nutren (obviamente precarizando los sueldos) ante una necesidad urgente de profesorado.

    Para poder acceder a las plazas de profesor (siempre refiriéndome a la universidad pública) es necesario estar «acreditado». Esto es, que una agencia autonómica o nacional (ANECA), tras evaluar el curriculum del solicitante de una manera en ocasiones criptográfica, otorgue la denominada «acreditación» para que, de esta manera y solo así, el aspirante a profesor pueda presentarse a las posibles plazas que tal vez convoquen las universidades públicas.

    No quiero en este post hablar sobre las plazas que no se ofertan, ni mucho menos sobre los mecanismos que hacen que, generalmente suelan cubrirse con candidatos muy conocidos de los departamentos ofertantes. Eso sería tema para otro artículo, en el que podríamos dedicar largo espacio a la endogamia y falta de mobilidad de la universidad española. Me preocupa en este momento casi más la perversión de la valoración que de la actividad científica se hace. Obviamente publicar un artículo en una revista bien posicionada en el JCR (Journal Citation Report) es un orgullo. Pero ¿a quién sirve realmente esta obsesión por un índice manejado por una empresa privada? Por supuesto, conseguir ser aceptado para que tu artículo aparezca en una revista del «primer cuartil» de «las indexadas» debería demostrar que la labor investigadora tiene su respaldo por la comunidad científica. Pero ¿cómo desentrañar la maraña de dificultades ocultas en la supuesta «revisión por pares» cuando en muchas de ellas se repiten con frecuencia una y otra vez los mismos nombres y las mismas filiaciones?

    No ataco el sistema de revistas científicas, no aquí al menos. Puesto que además de las indexadas y «que cuentan» para organismos como ANECA se está desarrollando cada vez más el sistema de Open Journal, revistas a las que cualquiera puede acceder y leer estos artículos, contando con las mismas características en cuanto a revisión ciega o por pares que las ya asentadas y «premiadas» por el sistema de «citas», muchas citas…

    No, mi decepción se dirige hacia el abandono del libro como herramienta para la transmisión de conocimiento. El libro como elemento permanente y que avale la consecución de logros investigadores, así como la divulgación de los mismos. Y no me refiero exclusivamente a libros tradicionales, en formato papel, sino que incorporo todos los formatos que puedan imaginarse.

    Da igual, en estos momentos los aspirantes a nuevos profesores, aquellos que pugnan por convertirse en Profesores Ayudantes o en Profesores Contratados Doctores, no pueden ni quieren perder un solo segundo en plantearse escribir un libro, puesto que las agencias de acreditación consideran que estos prácticamente no tienen ningún valor. De hecho un «paper» situado en alguna de las revistas «de alto impacto», de esas que jamás nadie comprará, leerá y ni tan siquiera conocerá puntúa más que una decena de libros, independientemente de la editorial con la que estos hayan podido ser publicados.

    Así pues esa es la forma en la que los aspirantes a nuevos profesores desarrollamos nuestra investigación: obsesionados con «colar» una y otra vez el artículo que una vez nos aceptaron en todas aquellas revistas bien clasificadas en los rankings considerados científicamente aceptables para las agencias, obviando cada vez más otro tipo de formas de transmisión de las investigaciones y de hecho, del conocimiento.

    A veces me he quejado amargamente ante mis alumnos por la escasa cantidad de libros que consultan. Por lo poco que escapan del Manual y por lo menos que indagan sobre unas bibliografías que cada vez son más escasas. Pero este sistema disparatado de convertir la ciencia en algo cerrado y elitista lleva a darles la razón.

    En cualquier caso, para qué vamos a leer un libro si todo está en Wikipedia o en el peor de los casos en Google. Y para qué vamos a escribir un libro, pudiendo usar nuestro muro de Facebook. Ah, que eso todavía no puntúa…

  • Colegiales… ¿mayores?

    En los veranos de 1993, ´94 y ´95 tuve la ocasión de vivir en el Colegio Mayor Chaminade. Yo ya había terminado mi carrera pero por cuestiones profesionales acabé pasando allí largas temporadas y descubriendo un tipo de vida estudiantil que había pasado para mí desapercibida. Descubrí que, al menos en el «Chami», el ambiente de tolerancia, libertad y compromiso era impresionante. Pese a que el Patronato era el que regía la vida del Colegio Mayor, en el día a día eran los propios colegiales los que organizaban las actividades, inabarcables, tanto culturales, como estudiantiles o relacionadas con cualquier campo de actividad de lo que podríamos denominar «la cosa del pensar».

    Colegiales que se ayudaban entre sí para afrontar los duros meses de verano estudiando e intentar sacar así las asignaturas que podían haber quedado pendientes. Colegiales que se habían conjurado para hacer jornadas de «Asilo Estudiantil» en la época de las absurdas novatadas que muchos Colegios Mayores obligaban a pasar a los nuevos chavales que no estaban dispuestos a ser torturados impunemente, por el hecho de ser su primer año. Colegiales que hablaban y discutían por todo y de todo, siempre en un entorno de cordialidad y franqueza.

    Fueron años en los que aprendí a amar otra forma de entender la Universidad. Tan necesaria como la que había vivido yo, de casa a mi facultad, perdiéndome por el camino en interminables partidas de billar y cafés inacabables que nublaban los horarios. Años en los que tan sólo una cosa me resultaba incomprensible: que el «Chami» fuera un colegio «solo de chicos». Muchas veces pregunté la razón y siempre me encontré la misma respuesta. «Aquí las chicas entran cuando quieren (doy fe de que así era) pero otra cosa es que vivan con nosotros». Recuerdo, como si lo tuviera delante, a un granujiento y simpático colegial diciéndome, «lo que me faltaba es que mi novia quisiera ahora venirse a vivir conmigo…» No lo entendía, pero suponía que más pronto que tarde las cosas cambiarían, como así fue… en el «Chami»…

    Hoy presuntos estudiantes, vividores en algún Colegio Mayor, no precisamente barato, la han emprendido a insultos y empujones con el Rector de la Universidad Complutense. Su reivindicación, quejarse de que tres Colegios Mayores, que dependen de la Universidad, vayan a dejar de segregar al otro sexo y convertirse en mixtos. Al margen del absurdo argumento, que me devuelve a aquellos años en los que escuchaba tales banales razones boquiabierto, lo más grave es la actuación contra el Rector. Contra la máxima institución universitaria. Demostrando de nuevo el «hooliganismo» que nos invade y que ya no escapa ni al ámbito de la Universidad.

    Hubo una época pasada en la que los estudiantes de las universidades fueron la punta de lanza para que nuestra sociedad avanzase. Eran los depositarios del tiempo para leer, para reflexionar, para pedir cambios. Estaban orgullosos de ello y las sociedades, mucho o poco, cambiaron gracias a ellos. Reivindicaron cosas justas y muchas veces utópicas. Lucharon con la palabra y también en la calle, es cierto. Pero nunca perdieron la dignidad de sentirse Universitarios. Y lo lograron. O no. Es lo de menos.

    Pero hoy estos niñatos que escupen a un Rector porque no quieren perder sus infantiles reglas son, o tontos útiles que hacen el juego a intereses ocultos, o simplemente «sisebutos» malcriados con licencia para, algún día, obtener un título universitario.

    ¿Son estos los universitarios que nos llevarán a avanzar en el primer cuarto del Siglo XXI? Por la salud del país en el que vivo y por el amor que tengo a la Universidad espero que tan sólo sean una triste anécdota, pero observando lo que ocurre de un tiempo a esta parte en las universidades públicas no puedo ser optimista, por más que lo intento…

  • And the winner is…

    D. Fernando Galván, candidato elegido por los votos de 3.478 personas del total de 24.000 posibles votantes en la Universidad de Alcalá…

    Uno se plantea muchas cosas, más allá del resultado y la persona elegida para guiar los destinos de la centenaria Complutense. Y desde luego la primera de ellas tiene que ver con la forma de entender la Democracia de nuestra comunidad universitaria. Especialmente en el ámbito de los estudiantes, los que permanentemente dicen que la Universidad debe darles la voz por tratarse ellos del grupo más numeroso e importante.

    Algo ha de pasar en nuestra sociedad, de la que es reflejo la Universidad (o tal vez sea al contrario), cuando tan solo un 25 % del total de los electores decide participar, al menos con su voto, en la elección de la persona que va a ocupar la máxima responsabilidad académica y de gestión, en una organización, la universitaria, que día a día pierde prestigio.

    Leemos con frecuencia informes de la baja calidad de las universidades españolas y solemos echar la culpa a los presupuestos, a la endogamia, a la vida acomodaticia de muchos. Pero tal vez sea momento de quitar las máscaras y decir alto y claro que ese modelo de elección de sus gestores, en unas entidades que pagamos todos, no tiene sentido.

    La Ley Orgánica de Universidades sancionó un modelo basado en la democracia absoluta con un supuesto sufragio universal. Pero con estos datos (que no son atípicos en las universidades públicas españolas) deberíamos replantear las cosas. O eso, o seguir manteniendo eternamente un mastodóntico enfermo terminal subvencionado y ajeno totalmente a realidades de participación democrática.

    Enhorabuena, Dr. Galván. El 14,50 % de los electores de la Universidad de Alcalá le han convertido en Rector. Mucha suerte…

  • 4 de marzo de 2010, Elecciones en la Universidad de Alcalá

    Mañana es el día. El momento en el que toda la comunidad universitaria de la Universidad de Alcalá acude a las urnas para elegir al Rector que guiará sus pasos los próximos cuatro años.

    Tras una campaña dura, difícil, plagada de problemas y de discusiones, quedan las ideas, los programas, los candidatos y el futuro. Un futuro que debe llevar a la Universidad de Alcalá a convertirse en una de las mejores universidades públicas del mundo.

    Por ello es necesario votar. Masivamente. Acudir a las urnas para participar en plenitud del espíritu de ser universitario. Votar en conciencia, en libertad y con el sueño cercano de hacer una Universidad diferente, cercana, competitiva, simplemente mejor.

    No os quedéis callados. La Universidad de Alcalá necesita vuestro voto…

  • Un post distinto, un hombre diferente

    Infoconocimiento es un espacio de expresión creado hace ya mucho tiempo en el que hablo de aspectos relacionados con la Web Social, con la Universidad y con todo lo que tiene que ver con mis intereses profesionales. Algunas veces me he posicionado claramente ante problemas políticos o sociales, pero creo que nunca había escrito un post de estas características, es decir, mostrando sin ambages mi opción ante una determinada vía política.

    Dentro de unos días se celebran elecciones en la Universidad de Alcalá, mi alma mater, de la cual me siento tan orgulloso como el día lejano de 1992 en que terminé la carrera. Allí me formé, conocí grandes amigos, aprendí que un historiador podía usar un ordenador y comencé mi carrera profesional. El mismo año que terminé mis estudios, cuando apenas habían pasado unos pocos meses, el profesor de Historia Económica, entonces Director del Centro de Estudios Norteaméricamos, José Morilla Critz, me ofreció participar en un proyecto de investigación y en la docencia universitaria. Algo que nunca pensé que sería mi pasión, el camino que acabaría siguiendo mi vida.

    Eran años en los que yo peleaba con Manuel Gala, el viejo Rector que convirtió a la Universidad de Alcalá en una universidad de nuevo. Desde mi puesto de Presidente del Consejo de Estudiantes discutía con D. Manuel (o Manolo, para todos nosotros) sobre los cambios que se acercaban a la Universidad. Eran los momentos en los que aparecía la estructura de créditos, los años en los que los Masters comenzaban a ser acogidos por los centros universitarios y la época en la que algunos profesores como Pepe Morilla nos machacaban de forma inmisericorde con la necesidad de innovar y de internacionalizarnos para conseguir la excelencia. Y era un momento de crisis. Muy parecida a la actual. En la que parecía que hacer las cosas de forma diferente no tenía sentido, sino que el objetivo era tan sólo conseguir nadar y salvar la ropa.

    Años de conversaciones con Pepe Morilla, años que fueron templando mis ideas. Años en los que, entre otras cosas, descubrimos que aquella cosa llamada Internet que nos exigían nuestros alumnos norteamericanos podía ser el futuro. Y conversaciones eternas acerca de lo que Pepe pensaba que debía ser la universidad del futuro. Años en los que aprendí el significado de la palabra lealtad unida a la palabra compromiso. Años que cuando aparecen frente a mí me reflejan exactamente tal como soy hoy.

    Pepe se presentó a Rector hace unos años. Nadie daba un duro por su candidatura y tuvo que lidiar con uno de los peores dramas que una persona puede hacer frente en su vida. Aciagas fechas que, pese a todo, no le arredraron. Siendo consciente de que batallaba contra molinos de viento, optimista y sin dejar de soñar con la renovación de una pequeña universidad pública sumida, nuevamente, en la salida de una crisis. Perdió él y nunca he dejado de pensar que perdió la Universidad de Alcalá. Pero entonces yo no era docente universitario y no me sentía capacitado para poder decir en público que la elección era equivocada.

    Hoy las cosas son distintas. Tras muchos años en la Universidad de Alcalá, Pepe Morilla vuelve a presentarse como candidato a Rector. Como siempre ha hecho las cosas. Sin gritos, llanamente y dispuesto a hablar de todo desde la tolerancia pero sin ceder ante una idea clara: la universidad pública española ha de cambiar. La universidad pública no puede seguir estancada. Es necesario avanzar para adaptarse a los nuevos tiempos. Yo sinceramente creo que Pepe Morilla es la mejor opción. Es la persona que puede devolver a la Universidad de Alcalá a la senda de la que nunca debió alejarse.

    No puedo votar en esas elecciones. Tuve que marcharme de la casa que amaba tras estrellarme una y otra vez contra el inmovilismo de una casta que prefería mirarse su ombligo, ajeno a la realidad. No votaré, pero seguiré el proceso con la misma ilusión que cuando me sentía parte de la organización que hizo de mí lo que hoy soy. Y a cualquier persona que me pregunte le diré, «Mira a Pepe a los ojos, habla un rato con él y seguro que observarás la universidad pública que debería tener nuestro país»…

  • Una reflexión a tener en cuenta

    En estos días en los que los debates sobre el futuro de la Universidad parecen encontrarse en posiciones encarnizadas y poco tolerantes he disfrutado de lo lindo con esta entrevista a Antonio Alvar, compañero y maestro de mis tiempos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH. La reproduzco en su totalidad ya que su postura me parece una de las más claras que he leído desde el mundo de las humanidades en los últimos tiempos:

    La huelga estudiantil y los disturbios se han convertido en marca registrada de la crítica anti-Bolonia, pero también está en la trinchera un grupo de docentes escépticos con la reforma que alza su voz frente a la política de hechos consumados. Antonio Alvar, catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Alcalá, es uno de ellos.

    Pregunta.- ¿En qué argumentos basa su crítica al Proceso de Bolonia?

    Respuesta.- Considero que es necesario reformar la Universidad española, pero creo que el Proceso de Bolonia no es la transformación que necesitaba. Es inoportuna e incide en la reforma de las licenciaturas, cuando lo que urgía reformar es todo lo relacionado con la investigación, los posgrados y con la formación continua. Si lo que se quería era fomentar la movilidad de los estudiantes, hubiera bastado con que los técnicos de los distintos ministerios de Educación establecieran tablas de equivalencias. Pero es que, además, en España hemos optado por un modelo con cuatro años de grado y uno de máster en lugar del 3+2 que han escogido los países de nuestro entorno a los que deberíamos aproximarnos. Por otra parte, se ha olvidado un punto del Proceso de Bolonia sobre la necesidad de incrementar la financiación y no es serio plantear una reforma así a coste cero.

    P.- Se dice que el nuevo sistema garantiza un mayor éxito académico.

    R.-Las experiencias piloto nos dicen que exige muchísima más carga para el profesor, pero los resultados académicos no son sustancialmente mejores. Nos tememos que dentro de unos años tendremos que hacer la reforma de la reforma.

    P.- ¿Está de acuerdo con los estudiantes en que ha faltado debate?

    R.- Ha habido poquísimo debate para ser la reforma más profunda de la Universidad desde el siglo XIX. Se ha impuesto, y se acabó. Desde el principio se dio como un hecho consumado, y puede que no hubiera otra salida, pero se han echado en falta unos parámetros mínimamente racionales y objetivos claros.

    P.- ¿Qué le parece que se haga tanto enfasis en la adquisición de competencias y destrezas para aumentar las salidas de los titulados?

    R.- Eso es un desastre. La obligación de la Universidad no es formar profesionales, porque las profesiones varían con los años, sino gente capacitada para resolver problemas abstractos y con hábito de trabajo intelectual. ¿No será mejor que formemos intelectuales que después puedan hacer un curso en una empresa o en la Universidad para capacitarse para una actividad en tres o seis meses? También se vende ahora que la Universidad debe dar lo que demanda la sociedad, en referencia a lo que demandan los empleadores como si ésa fuera la única sociedad. También hay una demanda no atendida de conocimiento.

    P.- ¿Está de acuerdo en que Bolonia pretende una mercantilización?

    R.- Bolonia debería haber servido para vincular más a la Universidad con la empresa, pero a través de la investigación y la formación continua, no de los grados. Los estudiantes yerran si creen que el contacto de ambas partes es siempre un error.

    P.- Varios referendos de estudiantes han pedido mayoritariamente la paralización de la convergencia. ¿Cree que eso es positivo o posible?

    R.- La actuación de los alumnos ha sido tardía. Si esto hubiera ocurrido hace tres o cuatro años, quizás habríamos podido actuar de otra manera. El problema ha sido que la convergencia ha estado en manos de un Gobierno de izquierdas con el que rectores y sindicatos estudiantiles han sido absolutamente contemporizadores, por razones políticas e ideológicas. Precisamente, las huelgas actuales no están lideradas por los sindicatos de estudiantes tradicionales, sino por otros colectivos independientes que observan y denuncian buena parte de los puntos oscuros que tiene esta reforma.

    P.- ¿Por ejemplo?

    R.- Sobre todo, un excesivo paternalismo que ya se ha aplicado en la secundaria con estrepitoso fracaso. El profesor debe ser el tutor y el papá del alumno. Es ridículo y paternalista.

    Fuente:  El Mundo, 25 de Marzo de 2009. Enlace

    ¿Necesitamos seguir debatiendo, podemos incorporar cambios o ya no hay tiempo para ello?